Política / 6 de diciembre de 2013

Saqueos y acuartelamiento

Cordobazo anárquico

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Martes 3. Postales del descalabro cordobés de la última semana. La inacción de la policía alentó los saqueos.

Durante un día y medio, Córdoba fue una ciudad sin policías, sin ley, sin ese “afecto social” que permite superar la vida salvaje. Hubo un muerto, 200 heridos, mil locales destruidos, unos 400 millones de pesos en pérdidas y un melancólico clima de indefensión. Es que Córdoba, la segunda ciudad del país, tiene una bien ganada fama de anticipar hechos que luego se repiten a nivel nacional. Ocurrió, por ejemplo, con la Reforma Universitaria de 1918 y con el golpe que derrocó al presidente Juan Perón, en 1955, que comenzó allí bajo el lema “¡Cristo vence!”.

Más acá en el tiempo, Córdoba fue el gran laboratorio donde se mezclaron las fuerzas, los valores y las ideologías que detonaron la tragedia de los setenta, como explico en mi último libro “¡Viva la sangre!”, que está ambientado en esa ciudad seductora entre agosto y octubre de 1975, meses antes del golpe del 24 de marzo de 1976.

En primer lugar, fue la sede del “Cordobazo”, una revuelta popular que comenzó el 29 de mayo de 1969 y también duró 36 horas; los obreros organizados en sindicatos autónomos tanto del peronismo como de la CGT, aliados con los universitarios, derrotaron a la policía y tomaron el control hasta que intervino el Ejército.

Aquel “Cordobazo” hirió de muerte a la dictadura del general Juan Carlos Onganía y convirtió a esa ciudad en la capital simbólica de todos quienes soñaban con la revolución socialista. Tanto era así que Córdoba se convirtió en la meca interna de los grupos guerrilleros, Montoneros y el ERP. Sus cúpulas nacionales, encabezadas por Firmenich y Santucho, vivieron allí durante meses porque querían estar cerca de la clase obrera local, que giraba alrededor de la industria automotriz, la más pujante de su tiempo.

La política tiene su dinamismo: Córdoba también anticipó la reacción de quienes se sentían amenazados por aquel clima de época; de los contrarrevolucionarios, para utilizar un lenguaje de la época. El primer “grupo de tareas” nació, precisamente, allí, en octubre de 1975, cuando fue fundado el llamado Comando Libertadores de América, que tenía hasta un campo de reunión de detenidos y dependía del jefe de la guarnición local del Ejército, que ya era encabezada por el general Luciano Benjamín Menéndez.

Gobernaba el peronismo, la presidenta era Isabel Perón, y los militares se encaminaban al golpe de Estado, favorecidos por la violencia política y el terror que provocaba entre los ciudadanos. A nivel nacional, hubo 1.065 muertos por razones políticas durante 1975; pertenecían a la izquierda, el centro y la derecha. Córdoba era un infierno de sangre: en los seis meses previos al golpe, 69 personas fueron detenidas o secuestradas y aún permanecen desaparecidas.

Los saqueos indiscriminados de esta semana reflejan una Córdoba diferente. Es, por un lado, uno de los centros más dinámicos de la Argentina rica del complejo sojero, pero ahora aparece una cara distinta, amarga: ciudadanos que protagonizan una violencia capilar en busca de comida pero también de artículos suntuarios; correlato, tal vez, de la opulencia de unos y la corrupción de otros. Una “Córdoba anárquica” que, como en el pasado, amenaza con otro contagio a nivel nacional.