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Opinión / 24 de enero de 2014

La izquierda también existe

DES-UNEN. En el espacio integrado por Carrió, Pino Solanas, Cobos y Binner hay más peleas que coincidencias.

El desafío que enfrenta la centro-izquierda moderada, democrática y bienintencionada no se limita a la Argentina. En Europa, donde muchos comparten sus ideas y actitudes, se suponía que el estallido financiero de 2008 serviría para desacreditar tanto al “capitalismo” –hablaban como si a su entender existía un abanico de alternativas a la única modalidad económica disponible fuera de Corea del Norte y Cuba–, que la mayoría buscaría salvación en el socialismo. Se equivocaron. Lejos de inaugurar un nuevo ciclo izquierdista, la crisis fortaleció a la derecha liberal. A pesar de todo lo ocurrido en los años que siguieron a la implosión, los españoles aún prefieren a los conservadores de Mariano Rajoy a los líderes del PSOE. Y en Francia, donde los socialistas de François Hollande sí lograron desplazar a los conservadores de Nicolas Sarkozy, la mayoría parece haber llegado a la conclusión de que fue un error muy grave confiar en un hombre que se había aseverado resuelto a combatir el horror neoliberal negándose a impulsar las temidas reformas estructurales.

En los países avanzados, los militantes de centro-izquierda sienten nostalgia por los días en que todo parecía ir viento en popa. Si luchan por algo, es por defender las “conquistas” que consiguieron sus antecesores cuando tanto la realidad demográfica como la económica eran distintas, pero a esta altura los más inteligentes sabrán que a lo sumo lograrán demorar la llegada de un futuro que les motiva angustia. Son conservadores, en el sentido recto de la palabra.
Aunque a primera vista el panorama que enfrentan sus equivalentes en la Argentina tiene poco en común con el de países mucho más productivos que cuentan con instituciones eficaces, aquí también los izquierdistas se han resistido a acompañar los cambios demográficos y la evolución desconcertante de los modos de producción que está marginando a quienes no poseen los conocimientos apropiados para los tiempos que corren. Desgraciadamente para Binner, Sanz, Solanas, Carrió y compañía, los así perjudicados raramente se sienten atraídos por la izquierda moderada.

Los Kirchner y sus secuaces supieron movilizar el rencor de quienes se sienten abandonados a su suerte por políticos que se ufanan de sus propios sentimientos solidarios. Se las ingeniaron para desarmar a la izquierda robándole propuestas, como la que dio pie a la asignación universal y, lo que les ha sido igualmente útil, su retórica. Al iniciarse la década que ganarían, les resultó fácil a Néstor y Cristina convencer a una franja bastante ancha del progresismo de que, a pesar de sus antecedentes feudales, representaban la nueva cara del socialismo criollo. La noción de que el gobierno de Cristina sea de centro-izquierda sigue repercutiendo en la prensa extranjera, pero parecería que, fronteras adentro, la mayoría la cree penosamente anticuada. ¿Logrará la centro-izquierda aprovechar la oportunidad así brindada? Es poco probable. Antes bien, corre el riesgo de verse perjudicada por el fracaso evidente del fraudulento progresismo kirchnerista.l

El autor es PERIODISTA y analista político, ex director de “The Buenos Aires Herald”.