Sociedad / 14 de abril de 2014

Indio Solari: récord y mala organización en Gualeguaychú

El Indio Solari batió el récord de convocatoria en Gualeguaychú, a pesar de los problemas de organización.

“El barro se hace cruel, nos viene a sepultar”, reza Beemedobleve, uno de los temas que estrenó Carlos Alberto “El Indio” Solari, frase que identificó a los más de 170.000 fanáticos que peregrinaron a Gualeguaychú a ver al Fisgón Ciego, seudónimo que él mismo utilizó para firmar su último disco.

La planificación falló. Desde los puntos de ingreso a la ciudad a la disposición de lugares para dejar los autos fueron pésimos, eso sin mencionar la tan mencionada inconsistencia del suelo del Hipódromo donde se dieron cita los asistentes a esta primera misa del 2014.

El Indio Solari batió el récord de convocatoria en Gualeguaychú 2

La mística ricotera también habla de eso, del ensuciarse, saltar, hacer pogo y disfrutar intensamente de ese mensaje críptico sin importar de lo que los demás digan. Simplemente establecer un vínculo etéreo con el impresionante artista que motivó el viaje, pero esta vez el desgaste que había ocasionado todas las horas previas no permitió que el disfrute sea tan sublime como prometía la previa.

El lodazal, símil a un campo de batalla, en el que se celebró el recital más convocante de la historia de los espectáculos pagos de la historia argentina, terminó cobrando un protagonismo que hasta causó fracturas en la familia ricotera.

Este estigmatizado grupo de fanáticos que viaja a dónde sea y como pueda a ver cada presentación de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, encabezados por el otrora líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, no fueron tan bien recibidos por la ciudad del carnaval.

Las puertas de la ciudad estuvieron cerradas hasta que se cumplieron las 8 de la mañana del sábado, el mismo día del recital, y cuando se abrieron todo fue para mal. Los micros ingresaron bien y se distribuyeron por toda la ciudad, mientras que los autos fueron obligados a seguir hasta la siguiente ciudad para tomar el acceso norte, una idea brillante.

Los fanáticos debieron cruzar la totalidad de la ciudad caminando, con todo lo que eso implica, hasta el lugar dónde estaban los micros que ingresaron por el sector sur y desde allí otro largo trecho más hasta el Hipódromo, un verdadero caos que fue solventado con la ilusión de lo que prometía ser un recital épico.

Está claro que en los papeles todo valía la pena si la recompensa era ver juntos en un escenario al Indio, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti y Sergio Dawi por primera vez desde la separación de Patricio Rey (sólo faltaba Skay Beilinson para completar el cuarteto) y de cierta manera lo fue, aunque no para todo el mundo.

El ingreso dónde a prácticamente nadie se le pidió que muestre la entrada contribuyó a que comience el malestar entre los que el sentimiento y la pasión no le bastaban para decir presentes. Sensación que aumentó cuando notaron que ingresar al predio era semejante a pisar arena movediza y probablemente ellos hayan sido gran porcentaje de los muchos que decidieron irse antes de que el show termine.

A quienes realmente viven cada recital del Indio Solari como una religión probablemente no les haya importado ni que el sonido haya tenido notables imperfecciones, que la afinación no haya estado ni cerca de ser perfecta, o volver mojados y totalmente embarrados, pero no fueron todos.

Para el final esperado, con el tema que todos querían, interpretados por todos menos Skay, ya no estaban en el Hipódromo todos los que entraron, pero aun así fue la misma fiesta de siempre, pero con los pantalones más sucios que nunca, algo que está claro que no molestó a ninguno de los que llegaron a participar.

Tanto sea para los micros más lejanos como para los autos, que en la caminata previa parecían haber quedado a 8 kilómetros, resultaron estar a solo unas pocas cuadras del lugar, sólo que para el ingreso se bloqueó el acceso más lógico para amontonar a la gente.

(Texto de Julián D. Busso, periodista y fanático, presente en el recital)

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