Opinión / 30 de mayo de 2014

Francisco vive en un mundo que le es ajeno

Francisco. ilustración de Pablo Temes.

Ser Papa tiene sus ventajas. El Santo Padre vive rodeado de aplaudidores que celebran la sabiduría supernatural de todo cuanto dice. El fervor que sienten es contagioso. Gritan los titulares: ¡El Papa está a favor de la paz! ¡La cree “urgente! ¡Condena el terrorismo con firmeza! Con entusiasmo conmovedor, en la Argentina por lo menos los fieles toman tales palabras por evidencia de que Francisco es un auténtico líder mundial que pronto convencerá a los belicosos de otras latitudes que ha llegado la hora de batir las espadas en rejas de arado y las lanzas en podaderas para que no haya más guerras. El sueño de Isaías así resumido es muy atractivo pero, según la Biblia, que a veces es más realista que los bienintencionados dirigentes religiosos actuales, tendremos que esperar hasta “la parte final de los días” antes de que la paz reine en toda la Tierra.