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Política, Sitios Externos / 6 de junio de 2014

El dilema de qué hacer con Boudou

La paranoia del vice y por qué se peleó con sus abogados. La defensa de CFK. El fantasma María Julia. ¿Entrega a su socio?

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El vicepresidente cree que seguirá siéndolo después de presentarse a la indagatoria del juez Ariel Lijo. Va a ir con un escrito bajo el brazo y ya anticipó que solo va a contestar algunas preguntas. Pero su defensa descuenta el procesamiento. La estrategia a futuro es embarrar la cancha con nulidades y apelaciones para ir a los tribunales superiores y estirar los plazos procesales.

Amado Boudou se “agrandó” en las últimas horas a partir de su relación con Cristina Fernández: “Está intacta. Hablo permanentemente con ella. Es mi mejor defensa…” En su entorno hacen trascender una frivolidad propia del personaje: CFK, tal el vínculo cariñoso que la une a su vice, le habría recomendado salvar las apariencias de su relación con Agustina Kämpfer, al menos hasta el final del mandato. Y que, aunque estén separados, simulen una convivencia, como antes.

Pero el vice es el único que sabe toda la verdad y, tal vez por eso mismo o por cinismo, es capaz de apiadarse de su condición de presunta “víctima”. Amado Boudou sabe que la cárcel es un destino jurídicamente improbable en el corto plazo, pero políticamente posible en el mediano. La Justicia sigue al poder y el poder emite señales de agotamiento. Su pesadilla recurrente es la de terminar pareciéndose a María Julia Alsogaray, el lastre que soltó el menemismo durante su propio fin de ciclo. La libertad de la ex funcionaria era el precio más bajo que se podía pagar por la impunidad general. ¿Pagaría ahora solo él todos los pecados de la década? Al fin y al cabo, el negocio de comprar la fábrica de billetes Ciccone no se le había ocurrido al vice.

Tampoco habría sido un aportante económico directo. Con cierta malicia, hizo trascender su extrañeza porque el juez Lijo excluyó de la “ruta del dinero”, para levantar la quiebra de la imprenta, a otros empresarios del propio riñón kirchnerista como Ernesto Gutiérrez –ex presidente de Aeropuertos 2000–, David Martínez –del fondo Fintech y socio de Clarín en Cablevisión–, Raúl Moneta –ex titular de radios oficialistas– y hasta el banquero Jorge Brito. Recién después de ellos, aparecieron expuestos Jorge Vanderbroele y José María Núñez Carmona, los que finalmente terminaron involucrándolo.

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NOTICIAS ya anticipó en enero que una de las estrategias judiciales que evaluaba el vice era incluso “entregar” a su socio y amigo Núñez Carmona, y declarar en la Justicia que el negocio de Ciccone se hizo a espaldas suyas. Fue la iniciativa de uno de sus abogados, Eduardo Durañona. El propio Boudou lo insinuó en su última aparición en “678”: dijo que era difícil “mantener la amistad” tantos años y que, en su momento, “Núñez Carmona deberá dar explicaciones en la Justicia”. El abogado de ambos, Diego Pirota, le preguntó al vice por esas declaraciones: “Después hablamos de ese tema, algo hay que hacer”, lo preocupó Boudou. No era un dato menor: “Si ven que dejamos de defender a Núñez Carmona, quiere decir que esa es la estrategia”, advirtieron enigmáticamente los abogados ante la eventual futura incompatibilidad de las defensas.

La trama. Para Boudou, la convocatoria de Lijo a prestar declaración indagatoria fue poco menos que una sentencia: “El juez ya me procesó, esto es prejuzgamiento de acá a la China”, explotó con Cristina Fernández el domingo 1 en una comunicación telefónica. “Por empezar, no podés ir a declarar en estas condiciones –se solidarizó inmediatamente ella–, porque vas a llegar a la indagatoria con el procesamiento ya puesto y un pedido de juicio político en trámite. En ese punto, te vas a tener que ir del gobierno y perderías toda credibilidad. Ahora, si aceptás la indagatoria tal cual está, vas a terminar preso”. Había que presentar batalla hasta el final. La Presidenta se pintó la cara y estimuló a Boudou para que la imitara.

El martes 3, Cristina blanquea la situación en Casa de Gobierno y asume la jefatura política de la defensa de Boudou. Lo hace delante del secretario legal Carlos Zannini –partidario hasta entonces de que el vicepresidente se tomara una licencia–, y de Jorge Capitanich –para dar fe de que se trataba de un “acto de gobierno” y no de un simple gesto de apoyo personal de los funcionarios presentes–. La orden presidencial se hizo explícita: ir por la cabeza del juez. “Es una causa armada y tus abogados son muy ingenuos para lidiar con la ‘corpo’ judicial”, cuestionó la Presidenta. “¡Que demuestren que hay prejuzgamiento, fallas procesales y no se garantiza el debido proceso por las filtraciones del juez a los medios!”.

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