Mundo, Opinión, Sitios Externos / 24 de junio de 2014

La ofensiva islamista cobra fuerza

Historia repetida. Irak, nuevamente envuelto en violencia.

Los militares occidentales no les gusta que nadie se entere de las atrocidades cometidas por sus hombres. Cuando ocurren, las atribuyen a individuos determinados, de tal modo informándonos que los altos mandos también están tan comprometidos con los derechos humanos como cualquier civil biempensante.

Pero los guerreros santos del islam son distintos. Para ellos, como para los nazis, el horror es un arma muy eficaz que están más que dispuestos a usar para desmoralizar a sus enemigos. Así, pues, luego de tomar Mosul, la segunda ciudad de Irak, y, mientras tanto, apropiarse de casi quinientos millones de dólares, los islamistas se vanagloriaron de haber asesinado en sangre fría a 1.700 miembros de las fuerzas de seguridad que habían capturado y, para que no quedaran dudas en cuanto a su crueldad, difundieron por internet fotos y videos de la matanza.

En Irak mismo, la táctica funcionó por un rato, ya que decenas de miles de soldados al servicio del gobierno del chiíta Nuri al Maliki huyeron aterrorizados de Mosul y otras localidades, pero en Estados Unidos y Europa, la reacción inicial fue de incredulidad. Es tan fuerte el deseo de los políticos y comentaristas occidentales más influyentes de minimizar el peligro planteado por los yihadistas que preferían suponer que solo se trataba de una maniobra propagandística. Tanta ecuanimidad puede entenderse: de tomarse en serio la amenaza de la guerra santa, tendrían que prepararse anímicamente para enfrentarla en sus propios países, ya que muchos combatientes llevan pasaportes norteamericanos o europeos.