Opinión / 20 de agosto de 2014

Panqueque quemado (“un tal Zunino” le responde al escritor Ricardo Piglia)

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El escritor Ricardo Piglia hizo circular por las redes sociales y el andamiaje mediático kirchnerista (Télam, Página/12, Víctor Hugo Morales, blogs) una escueta y entretenida esquela con ánimos de carta abierta en la que cuestiona su aparición en la última tapa de NOTICIAS: “La hora de los panqueques”. En ella señala:

1. Que nunca ha sido kirchnerista y, por lo tanto, tampoco ha dejado de serlo. Pero que, ahora que lo enchufamos ahí, reivindica más que nunca las políticas de Néstor y Cristina Kirchner.
2. Que lo llamé dos veces a la casa y, como no me atendió el teléfono, acaso por eso decidí pasarlo al bando anti K.
3. Que ya sabemos que casi todos los periodistas mienten.

Además de un gran narrador de policiales e intelectual profundo, considero a Ricardo Piglia un kirchnerista light. Nadie logró sostener un programa en La TV Pública sin ser K. Su aparición en la nota cuya tapa Piglia tildó de falaz consistió en revivir un episodio del verano pasado: al bajarse de la delegación elegida a dedo por el Gobierno para participar del Salón del Libro en París, tomó distancia de las manipulaciones oficiales señalando que “el debate argentino actual convierte a la cultura en parte del enfrentamiento político, por no decir electoral, sin tener en cuenta sus particularidades”. Nadie rechaza lo que antes aceptó sin panquequear, aunque sea un poquito.

Nunca llamé a Piglia. Ni me hacía falta para ese texto, ya que me alcanzaba con lo que él mismo había escrito sobre aquel evento parisino. Los dos llamados que menciona se los hicieron de la sección Cultura (sin invocar mi nombre, porque no venía al caso) cuatro semanas atrás, cuando se trató, precisamente, el tema de las “listas negras” en el armado de dichas delegaciones de escritores a las ferias internacionales, como la citada y la próxima de Guadalajara. Desconozco las razones de su confusión. Y no me ofendió para nada que se refiera a mí como “un tal Zunino”, señalética que me identifica en general.

En cuanto a que casi todos los periodistas mentimos (argumento pingüino por excelencia), preferiría no meterme en una escabrosa discusión deontológica con quien, en 2005, la Corte Suprema de Justicia halló coculpable de haber manipulado en su favor el Premio Planeta 1997 de novela para su obra “Plata quemada”. Tampoco usaré la lógica pigliana para llegar a la conclusión de que “casi todos los escritores son unos oportunistas gustosos de sentarse donde calienta el sol”. Sería injusto, irrespetuoso y temerario.

Por suerte coincidimos en lo fundamental. Los dos preferimos los clásicos panqueques con dulce de leche. Los quemados al rhum van p’atrás.

* Jefe de Redacción de NOTICIAS.

Autor del libro “Periodistas en el barro”.