Cine, Sitios Externos / 23 de febrero de 2015

Las cosas en su lugar

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Birdman ganó el Oscar. Era posible: la película de Alejandro González Iñárritu y Boyhood partieron siempre como favoritas y el triunfo del mexicano no fue una sorpresa demasiado grande. El problema con el Oscar es pensar que gana la mejor película o, mejor dicho, que un film debe ser bueno porque gana el Oscar (o cualquier premio). Nunca es así, y con el Oscar, menos: se trata de un galardón de la industria de Hollywood, donde los más de 6.000 miembros de la Academia eligen cada uno según sus propias razones. Como dijo una vez Juan José Campanella, es -al menos el de Mejor película- el más democrático de los premios.

Pero las razones para votar no siempre son estéticas: hay quien vota por simpatía, por antipatía, por razones ideológicas, por conveniencias económicas y -claro y también- por gusto artístico. Como sucede en una democracia, ni más ni menos. En Noticias, le puse a Birdman media estrella. No es la primera “media estrella” que sale (ver la última Transformers, por ejemplo). Al mismo tiempo, El último Elvis -película dirigida por Armando Bo Jr., a su vez coescrita con Nicolás Giaccobone, ambos ganadores del Oscar anoche por el guión de Birdman- tuvo cuatro estrellas. Si me lo preguntan, diré que el guión de Birdman es mejor que la película y que el film yerra el tono, utiliza un artilugio técnico (el falso plano secuencia) que es una gran hazaña tecnológica sin que tenga relación con la trama del film (si se filmara de modo “normal” sería lo mismo para la historia) y que hay notorios desfases entre actores perfectos -Michael Keaton, Emma Stone- y trabajos groseros -Edward Norton y Naomi Watts. Puedo decir todas estas cosas pero -también- es lo de menos: el crítico de cine es ni más ni menos alguien que propone una mirada sobre un film no para que sea aceptada como palabra santa sino para que sea discutida. En todo caso, es su prerrogativa que se discuta lo que piensa con la misma honestidad con la que lo piensa.

Algo más. Me molesta el peso de que muchos otorguen a lograr un “Oscar argentino”. Relatos salvajes (cuatro estrellas en Noticias) es una muy buena película que podía ganar o perder. Tengo para mí que Ida es tan buena como Relatos… y que la mejor de las cinco era Timbuktú, del genio mauritano Abderrahmane Sissako. El film de Szifrón perdió pero no es un partido de fútbol que no se puede volver a jugar: la película existe, podemos verla y reverla cuanto querramos. Lo mismo para las tres grandes películas con más nominaciones: El gran hotel Budapest, Francotirador y Boyhood, todas con cuatro estrellas y media en Noticias (y todas muy diferentes entre sí, de paso).

Simétricamente -y como “no crítico”-, me alegra mucho que Bo y Giaccobone, creadores de un film que me agrada mucho, se ganen un Oscar. Reducir un premio a un triunfo nacional(ista) es algo que los críticos -al menos los argentinos- fuimos enseñados a pasar por alto. Uno de los mejores críticos argentinos escribió “Idolatrar un adefesio por que es autóctono, dormir por la patria, agradecer el tedio cuando es de elaboración nacional, me parece un absurdo”. El crítico se llamaba Jorge Luis Borges y la cita corresponde a la crítica de La Fuga, film argentino de Luis Saslavsky. Ninguna película vale más o menos por la crítica que se escriba de ella, ni los críticos decidimos la taquilla. En Noticias no va a leer nunca la frase “no vaya”: mi credo es que vea incluso las películas que no me gustan, porque si no ¿qué discusión es posible?