Editorial, Sitios Externos / 7 de marzo de 2015

Inundados e ignorados

La Presidenta no tiene la culpa. La oposición, tampoco. La prensa oficial, menos, al igual que la prensa opositora. Y los poderes Legislativo y Judicial no pueden hacer milagros. Obvio. Es una catástrofe ambiental, la furia de la naturaleza, como poetizan algunos titulares. ¿Pero de qué puede servirle este frío y lógico descargo a los miles y miles de damnificados por esta tragedia?

Las cifras son demasiado elocuentes. Ya son más de cuatro mil los evacuados en las 6 provincias afectadas: Córdoba y Santa Fe –el núcleo del desastre–, San Luis, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán. Los muertos ya superaron la docena. Sólo en Córdoba, las pérdidas causadas por las inundaciones se estiman en mil millones de pesos, según calculó el gobierno provincial. Y de esa pérdida, apenas la mitad podría ser recuperada a través de un crédito específico del tesoro nacional. La magnitud del drama puede resumirse en una ecuación pluvial: durante el último mes, ya llovió todo lo que estaba pronosticado para la primera mitad del 2015. Por eso, el gobernador José Manuel De la Sota salió a aclarar que se vive “la peor catástrofe climática de los últimos 50 años”.

Y siempre que la sociedad se encuentra ante una crisis humanitaria excepcional, surge lo peor y lo mejor de quienes la integran. Entre lo mejor están las reacciones solidarias. Entre lo peor, los robos y saqueos de casas y comercios.

Pero lo que definitivamente no está presente es la atención prioritaria y de emergencia nacional tanto de las autoridades como de los actores que conforman la opinión pública. Se entiende: hay un fiscal muerto, una campaña presidencial enrarecida y un modelo económico deshilachado. La atención está en otro lado, lamentablemente. Por eso no es tan “cómodo” vivir en un país así.