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Política, Sitios Externos / 30 de marzo de 2015

Macri o Michetti: ¿quién es más mujer?

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El desgaste de la relación entre los gobiernos democráticos y sus electores desde fines de los años 90 en buena parte del planeta trajo algunas novedades de emergencia al menú del marketing político. Entre los más probados trucos de los gurúes de imagen de campaña para esquivar el bajón de la llamada “vieja política”, se destacan: la incorporación de candidatos más jóvenes en las listas, la convocatoria de figuras mediáticas sin experiencia política, la inclusión étnica que permita ampliar la paleta de colores de piel de los presidenciables (con la promesa tácita de erradicar la discriminación socioeconómica de millones de votantes), y la jerarquización del viejo “cupo femenino” al nivel de cargos de máxima relevancia en el Estado. En la zona Mercosur, el empoderamiento de figuras femeninas en la contienda electoral llegó a un punto tal que hoy la región tiene la mayor densidad de presidentes mujeres del mundo, con el aditivo de que en todos los casos se trata de señoras que transitan su segundo mandato.

Los modelos de gestión de Dilma Rousseff en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, y Cristina Fernández en la Argentina no son iguales en logros ni en estilo, aunque sí comparten un mismo fracaso: la corrupción. Porque si hay una deuda que supuestamente la “nueva política” venía a saldar era la de la creciente falta de transparencia de los gobiernos precedentes. Lamentablemente, en los tres casos, las presidentas defraudaron. Dilma con el interminable escándalo de las cuentas de Petrobras, entre otros robos comprobados de altísimos funcionarios del PT y sus socios. Cristina con sus declaraciones juradas inverosímiles, y sus familiares y socios enredados en escenarios llenos de empresarios con olor a testaferro. Y ahora Bachelet, entrampada en una avivada indecorosa de su propio hijo, que aprovechó su influencia familiar para sus negocios personales.

Se suponía que las mujeres en el poder iban a imponer una cultura institucional diferente, que al menos emprolijaría las viejas mañas de la política. Parece que fallaron, o peor, que ni siquiera se lo propusieron en serio. Era puro maquillaje, para usar una metáfora de machismo decepcionado.

Esto no implica que las mujeres deban dar un paso atrás en sus merecidos avances, solo porque algunas de ellas hayan tropezado igual que lo hacen desde hace siglos sus pares masculinos. No. Pero sí pone en duda la eficacia futura de la carta femenina para prometer limpieza garantizada.

Otra mujer en plena exposición electoral, Gabriela Michetti, acaba de esbozar una teoría al respecto en una entrevista con Alejandro Fantino. La precandidata a jefa de gobierno explicó que quizá el malentendido está en creer que la mujer de por sí ejerce el poder de modo diferente. Ella propone más bien observar cuánto del lado femenino (de hombres o mujeres, como enseña el psicoanálisis) pone en juego una persona en la cima del poder. Ella cree que Cristina pone poco modo femenino y más masculino, a diferencia -según ella- de Mauricio Macri, quien cada vez más estaría liberando su management femenino para tomar decisiones. Interesante: al menos Gabriela lograba convencernos de eso hasta la semana pasada. Pero con el reciente dedazo de Mauricio a favor del “aparato” PRO representado por Horacio Rodríguez Larreta en la interna porteña, los lamentos públicos de Gabriela parecen mostrarla despechada y ya no tan convencida de la “femineidad” política de su jefe y amigo. ¿Cosas de mujeres?

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