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Política, Sitios Externos / 15 de abril de 2015

Sara Garfunkel vs. Sandra Arroyo Salgado

Sandra Arroyo Salgado y Alberto Nisman se fueron a vivir juntos a fines de 1994. Tuvieron a sus hijas en el ‘99 y en el 2007. Se separaron a mediados de 2011. Nunca tomaron la decisión de casarse. Razones: una madre, la de él, reactiva a la incorporación de una “goie” a una familia judía; y luego las frecuentes peleas, siempre al límite de lo soportable.

En esa falta de sociedad conyugal se explica que Sandra se haya presentado en el juicio sucesorio de Alberto Nisman solo como responsable de sus hijas menores y no como heredera.

La sola existencia de las chicas quitó de la línea sucesoria a Sara Garfunkel, la madre del fiscal muerto en tan sacudidoras circunstancias. Pero, de algún modo, la única señora de Nisman de esta historia si figuraría como heredera. Lo acreditan las tres cajas de seguridad y la cuenta bancaria en el exterior conjuntas. Está en aprietos judiciales por eso.

Producto de aquellas mismas diferencias religiosas y discusiones frecuentes en la casa de su hijo, Doña Sara jamás incorporó a Sandra como una nueva legítima. El trato era cordial, pero no cariñoso. Las influencias de ambas sobre el ánimo de Nisman eran consideradas por ellas mutuamente perjudiciales para él.

Las diferencias estallaron de la peor manera tras la muerte del fiscal. Hoy, mientras Arroyo Salgado parece reclamar lo que les correspondería a sus hijas por aquellos ahorros e inversiones fuera del país y de todo registro, Sara Garfunkel y su hija Sandra Nisman están sospechadas como partícipes de eventuales maniobras de lavado de dinero proveniente, tal vez, de las cajas clandestinas del Estado.

Es de suponer que Arroyo Salgado conocía a la perfección la existencia de ese circuito con origen en la SIDE, siempre y cuando la infinidad de fuentes judiciales y políticas que lo dan por hecho no mientan a coro. De existir, ella misma podría haber formado parte al igual que su ex. La Justicia deberá echar luz.

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