Política / 24 de abril de 2015

Miguel del Sel siempre será un Midachi

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No debe haber entretenimiento más fácil que descalificar a Miguel Del Sel. Es machista, es racista, es cargoso, tiene grabado a fuego el perfil del chanta, su comicidad no tiene la unanimidad de Olmedo ni el arte de Buster Keaton y cuando habla de política parece que hablara de cualquier cosa menos de política.

Con ese currículum no tiene nada que envidiarle a Mauricio Macri, cuya identidad ideológica también bebió de la misma fuente que Del Sel: la de la tragedia del menemismo en su variante de comedia.

Para darle a Del Sel el derecho a la defensa que se merece como cualquiera, hay que decir que no es el único candidato que entra a la política como si lo hiciera a un mundo donde muchos creen que sobreviven mejor si no argumentan, si no se dejan identificar ideológicamente y si sólo se reducen a armar una obrita de teatro un poco fascista, un poco sentimental, para llegar al fondo más bestial del  electorado.

Lo que hace más espectacular a Del Sel es que nunca deja de ser un Midachi. Lo que tiene para ofrecer es teatro de revistas, picaresca, chistes gruesos. Lo único que hizo es trasladar el escenario donde actuó toda la vida a un espacio más abierto, y reforzar con el cara a cara la operación de “sinceridad”. Así le va bien, ¿para qué cambiar?

Mientras algunos políticos “clásicos”, formados más o menos en la política, aspiran a hacerse pasar por personas cándidas a las que sólo les interesa surfear el clamor enardecido de cierta gente, dejando de lado lo que les corresponde aportar como estadistas, otros –los recién llegados del deporte o la farándula– hablan como Churchill. Del Sel, en cambio, fue, es y será siempre un Midachi, aún cuando le toque gobernar Santa Fe.

*Escritor y autor de “Grasa”.

En NOTICIAS de esta semana “El fenómeno Del Sel | PELIGROS DEL PAÍS BERRETA”. Puede un cómico soez desactivar la bomba de tiempo rosarina?

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