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Opinión / 5 de mayo de 2015

Macri y un vice de Barba

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Hay una cuenta regresiva que aporta suspenso a esta semana electoral. Se supone que en las próximas horas Macri anunciará quién lo acompañará en la fórmula presidencial. La emboscada electoral que se tendió a sí misma Michetti en Capital parece haberla dejado fuera de la lista de precandidatos a Vice, y con ella a la carta femenina que el marketing electoral recomienda a falta de ideas atractivas. La opción Reutemann, ese eterno muletto de la Patria, se fue a boxes por el presunto desgano de un Lole castigado por molestias de salud crónicas, dejando a la boleta presidencial PRO sin la vital -dicen los millones de politólogos que pueblan la Argentina- pata peronista: no obstante, este axioma peronizante está cada vez más puesto en duda por los ideólogos más audaces del proyecto macrista, liderados obviamente por Jaime Durán Barba. El credo del ecuatoriano es que, más allá de los necesarios acuerdos territoriales con peronistas y radicales del Grupo Amarillo, no es comunicando “vieja política” como el Macrismo tendrá chances de triunfar en las urnas. Y por eso un peronista típico o incluso un radical como Sanz entusiasma poco a los acólitos de Sai Barba: ellos argumentan que Sanz le suma más a la alianza PRO peleando la interna tal como sucedió con el rentable culebrón de Gaby vs. Horacio, y que la precandidatura de Sanz en las PASO está afianzando su liderazgo y arrastre hacia adentro del radicalismo.

Por eso el preferido de Barba y compañía no es mujer ni expresa el raid aliancista del PRO  en campaña. Es un hombre del Macrismo, casi tan joven como Massa pero con una barba que da medio maduro y medio “hipster”, a tono con la juventud amarilla. Su actual cargo es clave para el matiz que están buscando en un vice de Mauricio: presidente del Banco Ciudad, Rogelio Frigerio ya sugiere desde su cepa desarrollista una moderación en la política económica que -según alertan los “focus groups”- le falta al candidato presidencial PRO. La imagen de Macri es muy buena como ejecutor, pero ante un escenario de fin de ciclo económico, hasta el electorado amigo teme que la solución PRO sea un ajuste demasiado áspero. Para mitigar ese miedo, el nieto del Frigerio histórico podría arrimar una garantía de gradualismo en el saneamiento de las cuentas públicas y sensatez en el reparto del esfuerzo financiero. De paso, su ungimiento ordenaría el discurso económico de campaña, acallando a ciertos economistas del PRO que lanzan, queriendo o sin querer, augurios que pocos argentinos desean escuchar. Es como cuando la Alianza hacía campaña a fines de los 90: el modelo convertible estaba agotado, pero para ganar votos no se podía sincerar el fin del “uno a uno”.

La opción Frigerio ha detonado otra puja interna fuerte tras la pulseada porteña: no son pocos los que opinan que el presidente del Ciudad achica el espectro de la oferta electoral, siendo un macrista puro y cuyo nivel de conocimiento no supera el 40% en Capital, y ni hablar en el resto del país. Pero la doctrina Barba indica que, precisamente recordando el fallido ejemplo de la Alianza (y del kirchnerismo en su fase transversal), lo que primero conviene que exprese un vice no es el esquema de acuerdos de la coalición de gobierno, sino todo lo contrario: la solidez del núcleo duro del Poder Ejecutivo. Confianza y sintonía doctrinaria, enriquecidas con matices equilibrantes. Suena interesante, audaz y claro. Tan limpio como un salto al vacío.

*Editor Ejecutivo de NOTICIAS.

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