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Opinión / 21 de junio de 2015

Un Cámpora al revés

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Ningún motivo de alegría representa la felicidad completa. Es cierto que Daniel Osvaldo Scioli se entusiasma con la idea de llegar a ser el próximo Presidente de la Nación sin necesidad de ballottage. Pero también lo es que hubiese preferido una circunstancia distinta. Cosas del pragmatismo: una vez más, alcanzar el deseo se impuso como opción a las maneras de lograrlo.
La coyuntura nacional, con el peronismo dividido como dato esencial, le impedía hasta hace apenas semanas imaginar siquiera un escenario tan acorde con sus ganas, derrumbe de Sergio Massa y fórmula cerrada con Zannini by Cristina mediante.
Ni hablar de hace unos meses, cuando en medio del huracán Nisman pensó que todas sus chances se habían ido por la rejilla del baño del fiscal.
Así que para sus ambiciones pasará a ser un dato acaso secundario (todavía) el inquietante papel de “Cámpora al revés” que se le abre por delante. Y cuando digo al revés, digo al revés:
1) Aunque se hace, CFK no es Perón ni está proscripta.
2) Aunque la empantanada oposición lo diga, en la Argentina no hay una dictadura.
3) Aunque algún joven K fuera de sí pueda soñar con eso, Scioli (de ganar en octubre, claro) no dejaría el mando a los 45 días para llamar a nuevas elecciones.
Sí se puede especular a priori con que Scioli (tras las activas paces con Zannini y tal vez heredando pingüinos puros al frente del Ejército, la SIDE, la Procuración, la ANSES, la AFIP, el Congreso y por qué no el Ministerio de Economía) asumirá con el rancho rodeado.
Mientras se reponen del Efecto Randazzo (que los dejó sin darse el gusto de confrontar fuerte en una interna con el ex motonauta), los movedizos “camporistas” de estos tiempos bregaban casillero a casillero por ocupar la mayor cantidad de espacios en las listas legislativas nacionales, provinciales y municipales. Dará gusto verlos en campaña llenando de elogios al “compañero presidente” del que dijeron cualquier cosa hasta el martes 16, cuando tras el cónclave de Olivos se anunció la fórmula. Sin embargo, habrá que ver sobre todo quién es el verdadero Scioli, si es que gana primero y se destapa después.
El Cámpora original nada tenía que ver con la “izquierda” peronista hasta que la JP lo entronizó en ese flanco y le copó la parada. Era un dentista de San Andrés de Giles, de chalequito y corbata. En los contoneos básicos de la doctrina podrían parecerse bastante. Claro que quizás Scioli los eche de la Plaza en un revés de la historia.

* JEFE de redacción de NOTICIAS.