Política / 14 de septiembre de 2015

Los doce años de bullying K a Scioli

La candidatura del gobernador bonaerense fue un sapo difícil de tragar para el kirchnerismo. Maltratos, acusaciones y pasado menemista.

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Hace muy poco tiempo, en un país no tan lejano, Daniel Scioli estaba a galaxias de ser el candidato del oficialismo. No sólo eso: al gobernador de Buenos Aires no se lo sacaba mucho a pasear, y cuando se lo hacía, era para marcar las diferencias que tenía el ex motonauta con los que, supuestamente, encarnaban el proyecto. A continuación, un repaso de las más espectaculares humillaciones que soportó antes de que Cristina lo eligiera como su sucesor.
Menos de tres meses duró la buena relación entre Kirchner y su vicepresidente. En agosto del 2003, cuando el debate por la Ley de Obediencia Debida y de Punto Final estaba en un punto álgido, Scioli se cortó solo para asegurar que la medida “no iba a tener efectos jurídicos”.
La reprimenda fue feroz. “Es central lo de los derechos humanos. Cualquier idea que lo minimice significa una diferencia profunda”, dijo el entonces oficialista Alberto Fernández. Aunque hubo varias declaraciones fuertes, la más polémica decisión fue la del presidente, que cortó cualquier vínculo directo con su vice y le cerró (literalmente) las puertas del despacho. Además, expulsó a tres hombres de Scioli, altos cargos de la Secretaría de Turismo y Deportes.
Tres años después debería soportar, pero esta vez frente a frente, los embates de la actual mandataria. “Me enteré por los diarios que hay una conspiración mía para echar a senadores”, dijo la entonces senadora Fernández a Scioli, que comandaba la sesión. Montada en furia, la primera dama lo acusó de orquestar una operación de prensa en su contra y rememoró su pasado en el menemismo. “He sido minoría absoluta, seguro usted lo recuerda, estaba en la otra mayoría”, le espetó en un video que todavía está en internet. Página 12 fue muy claro: “La relación de Scioli con Cristina anda de mal en peor”.
En el 2010, la humillación tendría alcance nacional, y sería repetida por todos los medios del oficialismo. “No tenga miedo, gobernador Scioli, diga quién le ata las manos”, dijo Kirchner durante un acto en La Boca, ridiculizando públicamente al actual candidato del FPV, que lo miraba a pasos de distancia. El reto llegó luego de que el esposo de Carolina Píparo, la mujer que perdió a su bebe después de una salidera bancaria, asegurara que el gobernador le había confesado tener las “manos atadas”.
“Tengo aspiraciones presidenciales”, dijo Scioli en el 2012 y provocó un escándalo inmediato. Martín Sabbatella aseguró que su postulación era “un plan del establishment”, Aníbal Fernández entendió que era “obsceno” hablar de candidaturas y su vicegobernador, Gabriel Mariotto, declaró que “no estaba de acuerdo”.
Meses antes de ese sincericidio, parte del kirchnerismo había mostrado su disconformidad por el partido de fútbol que disputó el equipo de Scioli contra el de Macri. “Daniel está fuera de tiempo”, sentenció Mariotto, a la vez que Juan Cabandié aseguró que “prefería jugar con compañeros”. El más picante fue el piquetero Luis D’Elia: “Entre ellos existe una fuerte comunidad ideológica, son liberales y noventistas”.
Otro momento espectacular se dio poco después de las inundaciones del 2013 en La Plata. En un acto en Lomas de Zamora, Cristina se salió del protocolo para arrojar fuertes críticas que, aunque no tenían nombre, parecían dirigidas al gobernador, sentado a su derecha. “Me llama la atención que haya dirigentes a los que los grandes medios jamás tocan. Es más fácil quedar bien con todos y tener un millón de amigos”, lanzó la Presidenta.
Para demostrar que la idea de Scioli como el sucesor fue un sapo difícil de tragar no hace falta remontarse tanto. Este mismo año, en enero, el oficialismo se encolerizó cuando el gobernador asistió al Espacio Clarín de Mar del Plata. Como si fuera poco, durante esa visita apareció Fátima Florez, la imitadora de Cristina, y se divirtió junto a él frente a las cámaras de TV. ¿La respuesta? “Dime con quién andas y diré quién eres”, lanzó el entonces jefe de Gabinete Jorge Capitanich, al que se sumó Florencio Randazzo, que declaró que Scioli era el candidato del Grupo. Julián Domínguez remató: “No se puede estar bien con Dios y con el Diablo”.

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