Economía / 15 de octubre de 2015

Más de 10 millones de argentinos no cubren la canasta básica

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El ministerio de Economía respondió con nuevas evasivas a las intimaciones de la Justicia que le había reclamado información clara sobre el índice de pobreza. La argumentación es que no elabora más el indicador por ingresos y que, en cambio, publica diversos insumos que servirían para que cada investigador, economista o legislador construyan su propio índice. Tras la intervención del Indec en el 2007, se adulteraron varias mediciones para subestimar el costo de la Canasta Básica Total (nivel de pobreza) y de la Canasta Básica Alimentaria (nivel de indigencia). Desde que el actual equipo de Axel Kicillof sustituyó el IPC GBA (Índice de Precios al Consumidor) por la nueva medición nacional IPCNu, la serie oficial de pobreza e indigencia por ingresos fue discontinuada ya definitivamente. Para intentar una estimación, Ecolatina trabajó con el enfoque tradicional de ingresos que el Indec utilizó hasta el 2013, pero valorizando correctamente los umbrales de cada canasta. Cruzando los datos de ingresos familiares que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec con el valor de las canastas que surgen de nuestros relevamientos de precios, pudimos calcular la incidencia de la pobreza y la indigencia. El resultado muestra que en el primer semestre del 2015 los indicadores socioeconómicos mejoraron respecto al 2014, pero la pobreza igual afecta al 24,5% de la población y la indigencia al 8%. Es decir: 10,3 millones de personas no lograron cubrir la Canasta Básica Total y 3,4 millones la Canasta Básica Alimentaria.
El retroceso. Luego de la traumática salida de la Convertibilidad, cerca del 50% de la población no lograba superar la línea de pobreza. A partir de ese pico, y de la mano del crecimiento de la actividad económica, el nivel bajó rápidamente a menos del 30% a fines del 2006. Luego, la mejora fue más gradual (y con altibajos) hasta frenarse en el 2011. Pero los índices bajaron a 21,4% y 6,9% recién durante el primer semestre del 2013, en buena medida debido al congelamiento de precios, sobre todo de los alimentos. Pero las políticas que mejoraron el frente social no pudieron sostenerse. De hecho, el tipo de cambio oficial y las tarifas mostraron un fuerte salto a principios del 2014: la inflación se aceleró y empeoraron todos los indicadores.
La situación mejoró durante la primera mitad del 2015 y en lo que va del año, la inflación se desaceleró significativamente producto del congelamiento tarifario, el mayor atraso cambiario y un contexto internacional deflacionario, tanto por la caída en el precio de los commodities como por las devaluaciones de nuestros principales socios comerciales.