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Política / 3 de diciembre de 2015

Cómo será Macrilandia, las claves del nuevo gobierno

Las primeras medidas que tomará el presidente electo. Los secretos de una transición tensa. Los chispazos con Sanz y Durán Barba.

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El martes 24 de noviembre al mediodía, unas horas antes de visitar a Cristina Fernández en la Quinta de Olivos, el presidente electo Mauricio Macri se reunió con el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. Fue una reunión privada en la que hablaron de la transición más importante y la que desvela por estas horas al líder de Cambiemos: la de los números. Macri está interesado en saber cuál es la herencia que le dejará el kirchnerismo en todas las áreas y cuánto es lo que el Estado tiene que recaudar cuando él esté al frente de la Casa Rosada. La buena sintonía de esa reunión –tomaron café y se dieron un apretón de manos– contrastó con el frío trato que esa misma tarde recibió de la Presidenta en Olivos. “No valió la pena”, se despachó Macri.
Más allá de la molestia que el líder PRO dejó entrever tras la reunión, lo cierto es que la transición ya está en marcha. Muchos de los ministros nombrados por Macri ya entraron en contacto con los cristinistas y repasan las carpetas y expedientes para saber cuál es la herencia que recibirán. Pero el traspaso formal del mando no es lo único que desvela a los macristas. Hoy, en el seno de Cambiemos, preparan a contrarreloj las estrategias para los primeros días en el poder y para intentar garantizar la gobernabilidad, un fantasma que acecha a todas las administraciones no peronistas que llegaron al poder. Saben que deberán pasar diciembre con la mayor tranquilidad posible y que tendrán que armar un plan de contingencia para controlar la explosiva provincia de Buenos Aires ya bajo el mando de María Eugenia Vidal. En el PRO hay temor a los enemigos externos, como el PJ y el kirchnerismo, pero también a los internos. A la salida de Ernesto Sanz y cierto enojo del radicalismo con el reparto de cargos se le suma el enfriamiento de la relación entre Macri y su asesor estrella, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien se sintió destratado por el presidente electo y por algunos sectores del PRO. A días de asumir, empiezan a aparecer los primeros escollos para Cambiemos.
Contención. Gran parte del esfuerzo inicial estará puesto en la provincia de Buenos Aires. El plan que prepara Cambiemos busca generar una avalancha de obras en la provincia para intentar cambiarle la cara y mostrar gestión. “El éxito del gobierno de Vidal va a marcar el éxito del de Mauricio”, explican en el PRO. “Los primeros dos años van a estar las 24 horas en obra”, exageran los funcionarios macristas. Creen que motorizar la provincia, que cuenta con un atraso importante en infraestructura, será una de la maneras de mostrar actividad.
Vidal hace cuentas y espera que Macri le envíe más de 30.000 millones de pesos en concepto de devolución de coparticipación. También se entusiasma con inversiones directas para obras. El BID podría desembolsar fondos para cloacas y hasta existiría la posibilidad de que inversores holandeses inviertan fondos para controlar las inundaciones. ¿Guiño de Máxima Zorreguieta? En el PRO no lo confirman, pero circuló un rumor de que la reina holandesa habría alentado a un grupo de empresas para que inviertan en el país.
Pero las obras no son la única obsesión del plan Cambiemos. La seguridad será uno de los puntos centrales en los primeros días tras la asunción de Macri. El flamante ministro de Seguridad en la provincia, Cristian Ritondo, desde hace días suele andar con una carpeta bajo el brazo con el rótulo Operativo Sol y a todos los que se cruza les dice que es su única obsesión. “Hay que pasar el verano”, bromean en el PRO.
El control de los tres gobiernos más importantes –la Nación, la Ciudad y la Provincia– le da cierta tranquilidad a Macri porque se pueden aceitar las relaciones y agilizar las obras. Tiene pensado que algunos ministros nacionales se comporten como grandes coordinadores de las tres áreas. Guillermo Dietrich, de Transporte, es uno de los ejemplos.
Pero a la vez, tener que conformar los tres gobiernos le genera inquietud al flamante presidente. A sus asesores les dijo que siente que por primera vez no tendrá el control total de sus ministros y secretarios. Mientras gobernó la Ciudad, con un equipo chico y de confianza, tenía una relación habitual y cercana con sus funcionarios. Hoy necesita para llenar las tres gestiones 10.000 cuadros políticos: 1.000 para la Ciudad, 4.000 para la provincia y 5.000 para la Nación. No es una tarea sencilla llenar todos esos casilleros, pero los aliados en Cambiemos están dispuestos a aportar cuadros. El radicalismo se quedó con cuatro trofeos: el Ministerio de Defensa para Julio Martínez, el de Agricultura para Ricardo Buryaile, el de Comunicaciones para Oscar Aguad y el Plan Belgrano para José Cano.
Uno de los principales negociadores del radicalismo fue el histórico operador del partido Enrique “Coti” Nosiglia. El “Coti” fue uno de los impulsores de Cambiemos y en las últimas semanas se reunió varias veces con Macri. El miércoles 25 de noviembre, estuvo en la casa del líder PRO en la reunión que organizó para terminar de definir el gabinete. Salió por la puerta principal a las 12 del mediodía sin que nadie lo reconociera.
El radicalismo fue también el responsable del primer chispazo dentro de Cambiemos. La renuncia de Ernesto Sanz a la política y al Ministerio de Justicia generó una sensación de fragilidad en el nuevo frente. ¿Qué le pasó de verdad a Sanz? En el PRO aseguran que el radical les había dicho diez días atrás que se retiraba de la política y que decidieron no hacerlo público hasta después de las elecciones para no dañar a Cambiemos. Sanz dijo que se bajaba por cuestiones personales y para proteger a su familia, a la que había descuidado por la política. Pero lo cierto es que el radical es un viejo cuadro político que buscó ser presidente, que estuvo en el Senado y varios cargos partidarios. ¿Su familia antes lo aguantaba y ahora no?
Hay más puntos que no cierran. Días antes de anunciar su retiro, Sanz le había contado a un grupo de interlocutores cuál era el plan que tenía para la Justicia y que incluía una limpieza de los nombramientos a dedo de los K. ¿Qué pasó en el medio? Algunos dirigentes radicales especulan con que Sanz se corrió porque sospechaba que su partido no iba a tener una fuerte gravitación en el nuevo Gobierno. Y porque creía que Macri iba a empezar a pactar con el PJ para garantizar la gobernabilidad. Más allá de las especulaciones, la salida del todavía presidente de la UCR fue un dolor de cabeza para Macri.
Hay otro inconveniente que puso nerviosos a los dirigentes PRO e incluye al asesor estrella Jaime Durán Barba. El ecuatoriano se fue después de las elecciones a los Estados Unidos, molesto con algunos desplantes del macrismo. Lo cierto es que sus declaraciones antes del ballottage, que incluyeron críticas al Papa y una postura abierta sobre el aborto, cayeron mal en el PRO que tuvo que salir a distanciarse. Desde hace un tiempo, sobre todo en el último tramo de la campaña, Durán Barba empezó a ser tenido menos en cuenta por Macri, que decidió escuchar al sector más político de su entorno. Tampoco fue destacado la noche en que se celebró la victoria electoral en el búnker de Costa Salguero. El ascenso total y la influencia del jefe de Gabinete, Marcos Peña, hizo que su lugar se achicara. Esa distancia no le cayó del todo bien al ecuatoriano.
El desembarco. Cristina todavía le tiene preparadas algunas sorpresas a Macri. El resultado de la primera reunión que mantuvieron en Olivos le terminó de dejar en claro al presidente electo que CFK no se moverá ni un milímetro de su estilo: será fiel a sí misma hasta el último día. Macri había pensado que la reunión protocolar sería más fructífera. Llevaba una lista de temas que incluía el pedido para que la Presidenta convenciera a Alejandro Vanoli, Alejandra Gils Carbó y Martín Sabbatella de que dieran un paso al costado. Ni siquiera se lo pudo plantear. Cristina está dispuesta a mantener su porción de poder hasta el último día para poder sostenerse como un ícono opositor después del 10 de diciembre. Aunque al principio se quedará en el Sur, ya tiene su departamento del barrio porteño Recoleta listo para ocuparlo. En las horas finales su preocupación es no perder la agenda. Planea un raid de anuncios, discursos e inauguraciones para opacar todo lo que pueda a Macri y Cambiemos. Y organizó una reunión con el bloque K de diputados y senadores para marcarles los lineamientos a seguir después de que ella no esté. En el Senado el cristinismo, respresentado por los diputados camporistas, planea hacerse fuerte y convertirse en una fuerza crítica y feroz contra Cambiemos. Saben que el PRO no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras y buscarán trabar la mayor cantidad posible de leyes. Para Cambiemos será un desafío la negociación en el Congreso. El diputado PRO y viejo operador del PJ Emilio Monzó se quedaría con la presidencia de Diputados y desde allí planea convertirse en el principal negociador con los otros bloques. En el macrismo esperan poder negociar, sobre todo, con el bloque del Frente Renovador de Sergio Massa. Esos votos serán clave para la batería de leyes económicas que planea lanzar Macri en los primeros días.
La gobernabilidad también es una preocupación. Macri sabe que el fantasma de una crisis que lastime a su gobierno lo sobrevuela. La historia argentina reciente es cruel con los gobiernos que no tuvieron un sello peronista. Por eso, empieza a construir una red de contención para el PJ y los gremios, dos factores de poder que tiene poder para dañar.
Con los gobernadores del PJ ya empezó a tender puentes. El salteño Juan Manuel Urtubey le hizo llegar un mensaje: “Tenés que ayudarnos a dar vuelta la página kirchnerista dentro del PJ”. El encargado de contener a los gobernadores será el futuro ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quien tiene excelentes relaciones con dirigentes del PJ y la UCR. Macri les hizo saber que busca tener buen vínculo con todos y que no será discrecional ni feroz como la Presidenta.
Más allá de las buenas intenciones de Cambiemos, hoy el peronismo vive su propio reacomodamiento. ¿Quién se quedará con el poder dentro del partido? Hay varias vertientes que están en puja. Por un lado, la Presidenta y el propio Scioli, que tras el ajustado resultado electoral pareció recobrar cierto aire dentro del PJ. Casi la mitad del país lo eligió a él y su idea de continuidad.
Los gobernadores también quieren dar batalla. Además de Urtubey se anotan el misionero Maurice Closs, el titular de la Anses Diego Bossio y hasta la camada de nuevos intendentes K como “Juanchi” Zabaleta de Hurlingham y Martín Insaurralde de Lomas de Zamora. Este sector no ve con buenos ojos que Cristina se quiera quedar con el partido.
También se suma a la carrera Sergio Massa, aliado al cordobés José Manuel de la Sota. El problema es que Massa todavía despierta odios en algunos sectores del PJ.
En el macrismo siguen con atención la interna del PJ para saber qué tipo de oposición tendrán. Aún no saben a quién tendrán enfrente después del 10 de diciembre. “Tenemos que esperar hasta marzo para ver cómo nos acomodamos nosotros y cómo se acomodan ellos”, dicen en el PRO.
Con los gremios también tendrán que acordar. Macri ya tendió lazos con el camionero Hugo Moyano y el ruralista Gerardo “Momo” Venegas. El domingo 22, el “Momo” estuvo arriba del escenario del búnker de Cambiemos en Costa Salguero en medio de los festejos.
Hasta el hiperoficialista Antonio Caló ya le mandó saludos a Macri. Los gremialistas le hicieron llegar un mensaje claro al nuevo presidente. Quieren garantizar los puestos de trabajo. A cambio estarían dispuestos a ser “racionales” en las discusiones paritarias del año que viene. El mensaje también tuvo una advertencia: si hay despidos, van a salir a las calles.
Acción. Apenas asuma, Macri tiene una lista de medidas urgentes para mostrarse activo. Lanzará la emergencia en seguridad, creará una agencia para el combate del narcotráfico, buscará derogar el Memorándum con Irán, modificará el impuesto a las Ganancias y buscará llevar a cero las retenciones al maíz y al trigo, entre otras medidas.
También tratará de diferenciarse del estilo K con algunos gestos: ya anunció que dará conferencias de prensa y planea acercarse nuevamente al mundo. Quiere recuperar la relación con Chile, profundizar la amistad con Brasil y expulsar a Venezuela del Mercosur.
En Cambiemos saben que hay muchas expectativas puestas sobre el nuevo Gobierno, en parte por las promesas que hicieron durante la campaña. ¿Podrán instaurar la pobreza cero? ¿Serán implacables con la corrupción? ¿Darán vía libre a la Justicia para que investigue a los funcionarios kirchneristas? ¿Podrán controlar la inflación y tener un solo tipo de cambio en el corto plazo? ¿Lograrán mejorar las estadísticas y generar un clima de confianza? ¿Llegarán las inversiones que tanto prometieron? “Pusimos la vara muy alta y ahora tenemos que cumplir”, dicen en el PRO con algo de preocupación. ¿Podrán?

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