Opinión / 3 de mayo de 2016

Todos presos: la receta PRO contra la inflación

La carrera desenfrenada del Gobierno por convencer a los argentinos de que el ajuste lo pagará Cristina & Asociados. La ayudita de los jueces y el rating amigo.

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Ahora se entiende mejor la mañosa gambeta de Cristina para no entregarle la banda presidencial a Macri. Ella tenía más claro que nadie la dificilísima prueba que debería pasar su sucesor (cualquiera que fuese) para afirmarse en el timón de un barco escorado y lleno de agujeros. No habría manera -calculó ella- de gobernar durante un primer año de durísimo ajuste de cuentas sin echarle toda la culpa posible a la herencia recibida. Y en lenguaje masivo, las responsabilidades del pasado no pueden expresarse en sofisticados y aburridos modelos econométricos: hay que hablar de corrupción, de afano, de chorros. A lo Lanata, si no, no se entiende o no se quiere entender, que en política y en comunicación es casi lo mismo. Por eso, era inviable para el cristinismo la transición institucional de buenos modales con que soñaban millones de argentinos, incluso el macrismo Seis-Siete-Osho (acá va una idea de título para la grilla de Canal 7). Cristina debía ser -con justicia, quizá, pero ese no era el punto- la gran ladrona y por lo tanto culpable de la hambruna generalizada del 2016. Así están tratando de formatear los medios enamorados de Cambiemos el panorama de ajuste presuntamente gradual que anuncia el Gobierno a ritmo de ametralladora. Todo el dinero que falta en los bolsillos de “la Gente” debería aparecer en los pozos que los fiscales cavan en la Patagonia: este es por ahora el único relato que el nuevo oficialismo ha encontrado por ahora para calmar -intentar calmar- a las fieras. Se ha escrito y declamado hasta el hartazgo el rol manipulador de los “medios hegemónicos” durante la última década, pero la bibliografía que todavía falta por producir es la de los tribunales como generadores de contenido para el mercado del entretenimiento político de masas. Comodoro TV, o algo por el estilo.
La cuestión en una economía parada con 7% de inflación mensual es, como enseña la hisotira reciente argentina, la gobernabilidad. Y la pata peronista que logró seducir Macri en sus primeros tests legislativos empieza a caminar por su cuenta, tratando quizá de despegarse de la furia social que amaga con ganar la calle cada vez que los sindicalistas o el kirchnerismo arman alguna manifestación. Más allá del ego tóxico de la ex presidenta, su gesto de no entregar la banda fue su manera de marcarle a Macri que no alcanzaba con ganar en las urnas la sucesión: inmediatamente después de la luna de miel, había que ganar la carrera del colapso socioeconómico. Recién entonces, el ganador de la elección podría proclamarse presidente viable y confirmado. Mientras tanto, la Justicia vertiginosamente devenida anti K se apura a condenar a la que durante tantos años absolvió. Y el macrismo trata de ganar tiempo para juntar los dólares que requiere una mínima reactivación económica que evite que el barco, escorado y agujereado por la irresponsable administración kirchnerista, zozobre en el caos institucional. Si ambas carreras coordinan sus metas -con CFK neutralizada judicialmente y la economía resucitada-, entonces comenzará lo que podremos llamar un nuevo Modelo MM. Pero si no, la transición entrará en el modo crisis, y todo será posible, más allá de los pronósticos y las buenas prácticas republicanas. Para eso se prepara hoy el peronismo, por las dudas, reproduciéndose a los gritos en la bolsa de gatos que es hoy el Parlamento.

*Editor Ejecutivo de NOTICIAS.

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