Política / 25 de abril de 2017

El método de Macri para descansar mes y medio por año

Delega como nunca, cuida su salud, viaja y práctica varios deportes. Ordenado, sistemático, matutino y rutinario, pero lejos de ser vago.

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Macri y su descanso en familia.

Mauricio Macri es un objeto de estudio difícil para el análisis político tradicional. Tiene un liderazgo extraño, lejano, distante. Delega con facilidad y actúa casi siempre a través de intermediarios.
No le gustan los cabildeos (roscas en buen romance), evita la actividad nocturna relacionada con su profesión y se muestra desapasionado por el poder y sus símbolos.

Cualquier político ansía llegar a presidente e instalarse en la residencia de Olivos. Una vez adentro quieren abroquelarse, eternizarse en esas paredes… Mauricio, en cambio, parece sentirse encerrado en sus muros. Al menos en este primer año y medio de mandato. Su rutina no tolera un solo fin de semana en la residencia. Es más, la mayoría de las veces acorta la actividad de los viernes para huir ese mismo día hacia Los Abrojos, la quinta familiar de toda la vida en Los Polvorines.

Sus tiempos de relax también alteran el ánimo de quienes quieren desentrañar el misterio de la cabeza presidencial desde la lógica de sus predecesores en el cargo. Tenis, paddle, bridge, golf y fútbol (dos veces por semana con dos equipos ad hoc, los miércoles en Oivos con funcionarios y políticos y los domingos en Los Abrojos con amigos y ex jugadores) son parte de la actividad semanal que la Dirección de Protocolo y Ceremonial debe tener en cuenta para armar la agenda presidencial.

Sin contar los breaks, escapes o mini recreos que se tomó Mauricio en este tiempo. Unos 34 días durante el 2016 y 22 en los cuatro meses que pasaron del 2017. Villa La Angostura, la estancia de Lewis con el lago privatizado en el Sur, Tandil, Chapadmalal, Córdoba y San Martín de los Andes fueron los destinos elegidos. Todos estrictamente nacionales. Un total de 56 días hasta hoy que indican que, a este ritmo, para diciembre del 2019 Macri habrá invertido en vacaciones seis de los 48 meses que tiene el mandato que le dieron las urnas.

Lejos de lo que sus detractores quieran mostrar, y a pesar de las estadísticas, Macri no es un presidente vago. Al contrario, invierte muchísimas horas en su trabajo pero es ordenado, sistemático, matutino y rutinario.

Para la política tradicional eso es sinónimo de falta de pasión. Por eso en los últimos días se ha instalado dentro del llamado círculo rojo una tesis descabellada pero fundada justamente en este estilo presidencial frío y distante.

Teniendo en cuenta las decisiones por venir y los desafíos a vencer, y sabiendo que ahora es el propio Miguel Ángel Broda y no esta humilde columnista semanal el que dice que no hay plan A ni plan B en materia económica y que esto es insostenible a largo plazo, hay que plantearse: ¿Macri es un líder que marcará toda una época y que durará al menos dos períodos constitucionales, o es un presidente de transición?

La pregunta está abierta y obviamente sólo la historia por venir nos dará la respuesta.

La biblioteca se inclina hacia un lado. Pero Macri corre con ventaja. Ese mismo círculo rojo lo ninguneó antes de llegar o, mejor dicho, no lo vio venir.

¿Por qué no podría volver a equivocarse?

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