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Música / 19 de junio de 2017

Los 100 años de un grande

Cinco pianistas talentosos y diferentes homenajearon al Cuchi Leguizamón en un año que lo tendrá como protagonista.

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★★★★ Gustavo “Cuchi” Leguizamón era salteño, abogado, pianista y un compositor genial. Su obra, solo o en una dupla inigualable con el poeta Manuel J. Castilla, trascendió el folklore y, así, sus zambas, chacareras y huaynos se renuevan en versiones de músicos y cantantes de lo más variados. El próximo 29 de septiembre hubiera cumplido 100 años este enorme artista que falleció en 2000. Serán muchos los homenajes de ahora a diciembre, y esta vez, se trató de cinco pianistas de distintos géneros.

El resultado de esta combinación fue muy bueno. Marco Sanguinetti, ligado al jazz y al rock en su cotidianidad, tuvo una mirada post-romántica y debussiana para “La pomeña”, “Cartas de amor que se queman” y “La arenosa”. Alejandro Manzoni, un multifacético que pasó por el jazz, el tango y el nativismo, fue más clásico: marcó los ritmos y las melodías y sus improvisaciones y aportes llegaron sobre todo por el lado de la armonía. Hernán Jacinto, pianista de jazz, se atrevió también con la forma e hizo un aporte excelente para la “Zamba del mar”, la “Chacarera del expediente” y “Balderrama”.

Pablo Fraguela, músico de larga trayectoria en el tango y el folklore, hizo “cantar” al homenajeado en sus versiones libres pero muy respetuosas de las formas y el ritmo, en “Si llega a ser tucumana”, “Chacarera del zorro” y la muy conocida “Zamba de Lozano”.

Finalmente, Hernán Ríos, ex integrante y fundador de El Terceto y con mucho jazz y otras músicas en sus espaldas, fue quizá el más original: hizo la “Zamba del carnaval”, “De estar estando” y la “Canción de cuna para el vino”, y en cada caso eligió un modo muy diferente de abordaje, jugando con las formas, los ritmos, las armonías y explotando las posibilidades que brinda la música del Cuchi. El cierre fue para una improvisación colectiva de “Balderrama”.