Opinión / 12 de octubre de 2017

Periodismo y democracia: La mentira miente, la verdad no

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La era de la PostVerdad atraviesa la profesión periodística.

Si la verdad no existe, el periodismo tampoco, por lo que debo pensar rápido para rescatar mi trabajo de profesor de periodismo.

El debate choca tres planetas: internet, los populismos y la disonancia cognitiva, que sería la tendencia a seleccionar noticias y opiniones que ratifican nuestras creencias; esto último se explica en el intento de evitar “un ataque al valor del yo”, diría el profesor Wolfgang Donsbach.

Pero como el grado de verdad se parece al grado de salud de la vida pública, existen instituciones para promoverla; entre ellas, la comunidad de periodistas profesionales.

Si el periodista no cree en la diferencia entre lo veraz y lo falso, ejerce la mala praxis. Defenderá el Yo de su audiencia, pero su servicio es un fraude.

Trump y otros nos recuerdan que el periodismo tiene que calificar la calidad de la información de la fuente, por más importante que sea.

Además, la opinión de periodista no está liberada de controles de calidad. La profesión no da licencia para opinión fácil. Si su opinión no es fundada y es falaz, contamina el debate.

Juan Jacobo Rousseau protestó contra la innovación llamada prensa; en el siglo 20 la radio y la televisión produjeron la misma reacción. “Too many voices!”, dijeron algunos. Toda democratización de voces trae, en un primer momento al menos, este debate. Después la verdad triunfa.

* Profesor de Periodismo y Democracia de la Universidad Austral.
Su último libro es Guerras Mediáticas.