Opinión, Política / 22 de octubre de 2017

Elecciones 2017: ya nada será igual

Por Edi Zunino | Los desafíos centrales del Gobierno a partir de mañana: empezar la campaña 2019 o atender los problemas reales del país.

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El presidente de la Nación Mauricio Macri vota en la Escuela N° 16 de la Ciudad de Buenos Aires. 22.10.2017 Foto Maxi Failla

Pueden cambiar los vientos. Las modas. Y hasta los fanatismos presuntamente dominantes. Pueden cambiar las expectativas, los deseos circunstanciales y hasta los consensos. Pueden cambiar las sumas y las restas, corregirse las correlaciones de fuerza y hasta las alianzas gobernantes. Pero las sociedades no cambian en dos años, aunque a partir de mañana ya nada será igual.

Acaban de cerrarse las urnas. Si antes de la medianoche de las PASO, el Gobierno celebró como un triunfo rotundo lo que acabaría siendo un empate técnico, seguramente terminaremos la jornada con un macrismo exultante y una oposición en crisis. Ojalá el Presidente, la Gobernadora y el resto de las figuras determinantes de la conducción política oficial, lean con mesura los resultados. Habrá derrotados, pero ningún vencedor contundente.

La física del poder indica que el fin de esta elección marca el inicio de la que vendrá en dos años por la conducción del Estado nacional y las provincias. Macri enfrenta una gran disyuntiva: ser un nuevo Néstor, obsesionado por conquistar una posición hegemónica; o entender que al país, desde diciembre de 1983, le falta un proyecto democrático y productivo de largo plazo. Se lo ve, últimamente, muy entusiasmado en repetir el error personalista de sus antecesores y “refundar” la Argentina. Frente a ese dilema, los líderes suelen confundir los intereses colectivos con la efectividad del artefacto electoralista que los sustenta, en un sistema donde se vota cada dos años.

Por ahora, el éxito de Cambiemos ha dependido más de lo que niega ser y de la división del peronismo que de sus propios propósitos, difusos entre una especie dee populismo cool y una versión del liberalismo con cierto contenido popular. Si entendiera que no correr solo implica una oportunidad y no una debilidad intrínseca, tal vez esté comenzando algo verdaderamente novedoso.

Las señales previas a la elección -marcadas por la polarización deliberada y extrema, hasta la exageración de tener dos muertos como banderas antagónicas- indicaban que Macri apostará desde mañana a reunificar bajo su mando a la mayor cantidad de peronistas posible. Nada de eso en sí mismo permitiría entrever tiempos tranquilos.

A partir de mañana ya nada será igual. Pero el cambio es otra cosa. Seguimos amarrados a los coletazos del 2001. La sociedad es la misma. Empobrecida. Embrutecida por el exitismo y el electoralismo descalificante de la dirigencia. Enferma de corto plazo y espejitos de colores. Hay salida. Queda en el reencuentro. Entronizaciones -reales o ficticias- ya tuvimos bastantes.