Personajes / 21 de diciembre de 2017

Gonzalo Erize: “No es fácil deber favores en este país”

Le salvó la vida a un nene en Asia y desde entonces la ayuda es su propósito. Sueña que Francella, Darín o Araceli González lo apadrinen.

Era un chico como cualquier otro. Había terminado su carrera universitaria y su próximo destino era Australia, donde se iría a trabajar, ahorrar y viajar. Era uno de los argentinos que cada año, tras terminar sus estudios y antes de enfocarse en serio en hacer carrera, eligen tomarse un tiempo para conocer el mundo. O tal vez no. Tal vez ese chico que a los 5 años se quedaba a limpiar a la par de la empleada doméstica en su colegio de Lincoln porque no quería verla fregar pisos sola, podría haber dado el indicio de que no, Gonzalo Erize no tenía las mismas inquietudes que todos. Pero esta diferencia quedó sobre todo clara cuando, de viaje por el sudeste asiático, se cruzó en Laos con un chiquito con la panza hinchada en proporciones descomunales, y decidió tomar el caso en sus manos. A partir de entonces empezó una cruzada que le cambiaría la vida y lo convertiría en inspiración para muchos otros.

Noticias: ¿Qué edad tenía cuando se cruzó con Saun?
Gonzalo Erize: 27 años. Había estado viviendo dos en Australia, y el siguiente paso era este viaje por el sudeste asiático. Empecé en Tailandia, donde contraté un curso de kung fu en un pueblito del norte. Éramos un finlandés, un italiano, el dueño del lugar, el profesor y el cocinero. Y la segunda noche que estábamos ahí, al cocinero le dio un paro cardíaco, y el italiano le hizo RCP y le salvó la vida. Eso fue un cachetazo para mí, cómo en el medio de la nada alguien hizo una diferencia para salvarle la vida a otro. Al tiempo seguí viajando con el italiano, cruzamos la frontera con Laos y nos metimos en la jungla, donde no iba ni un turista. Y al día siguiente me crucé a Saun, sentado al costado de una cancha de fútbol, con la panza hinchada como un globo. Y supe que si no hacía algo por él, se iba a morir pronto.

Noticias: ¿Por qué se sintió responsable?
Erize: Es que no podía pasar por el costado. Era un chico de 11 años, con un claro problema de salud. Así que le dije al italiano que me quedaba, y fui a hablar con la familia de Saun, para decirles mediante señas que quería llevarlo a un hospital en la capital de Laos, a casi 500 kilómetros. La madre se puso a llorar y emprendimos viaje juntos. Pero pasó 10 días internado y no sabían qué tenía, así que decidí ir a buscar un hospital en Bangkok, Tailandia.

Noticias: ¿Cuando lo encontró estaba ya en riesgo de vida?
Erize: Sí. Había vivido 11 años defecando solo el 30% de lo que debería. Tenía el colon un poco separado del ano. Y sufría muchísimo. El tratamiento fue largo y doloroso, con drenajes de estómago todos los días, dos veces por día.

Noticias: ¿Cuándo empezó a juntar fondos para esta iniciativa?
Erize: En ese momento armé una plataforma de crowdfunding [N. de la R.: financiamiento colectivo]. Los primeros que me ayudaron fueron mis amigos y mi familia, pero pronto muchos más se sumaron, y fue una locura de respuestas. Con el dinero que sobró pudimos ayudar también a una refugiada de Pakistán que estaba internada, cuyo papá no podía solventarle su operación.

Noticias: ¿Tuvo momentos en que quiso dejar todo y volverse?
Erize: Sí, muchas veces pensé en irme. Pero nunca fui una persona idealista, sino de acción. Así que ante el obstáculo, reacciono. Y por ese chico lo dejé todo: mi plata, mi tiempo, mis vacaciones. Volví a Australia con US$150. Después de Saun seguí viajando, viví en Filipinas y en Vietnam en orfanatos. En Filipinas incluso rescatamos a una niña de la trata de personas, una chiquita que había sido vendida por su madre y abusada durante dos años, que tenía los ojos salidos para afuera y el cráneo en punta. E hice lo mismo que con Saun, me la llevé a la capital en busca de una solución. Juntamos dinero y lo hicimos posible después de una odisea. Filipinas me cambió mucho también, porque terminé trabajando en una fundación de una señora que rescató a más de 500 niños. Viví ahí un año, olvidándome de los vicios, del dinero, de todo.

Noticias: ¿Fue grande el choque cultural al regresar a Argentina?
Erize: En realidad, volví varias veces y me volví a ir. Y acá creamos una organización, futura fundación, que rescata niños en extrema vulnerabilidad o con enfermedades. Empecé a generar toda una red de contactos en el exterior con hospitales y figuras importantes, para salvar la vida de chicos y también de personas grandes; hemos sacado familias enteras de la calle.

Noticias: ¿Quiénes más se sumaron a la fundación?
Erize: Somos cinco. Un equipo que coordina recursos. Son gente que me llamó y se quería sumar a lo que hacía, personas que no conocía y se sumaron al proyecto. Y lo que hacemos es eso: coordinar recursos para que las cosas pasen. La organización se llama Saun, y somos acción pura.

Noticias: Suele dar charlas motivaciones, ¿nacieron a partir de querer incentivar esto?
Erize: Esa es una pata que cada vez noto más importante. Pero mis charlas son enfocadas a lo que pasa, no voy a vender nada. Cuento lo que está pasando y cómo le podemos cambiar la vida a otros.

Noticias: ¿Y qué le dice al que quiere ayudar pero no sabe cómo empezar?
Erize: Tenemos una red de contacto de 70 profesionales. Estudiamos cada caso, a ver si es aceptable o no, y una vez que se acepta, la persona charla con nuestro equipo de psicólogos, que le explica cómo va a ser el proceso de cambio. Luego se lo empodera con las cosas que necesite. La idea es que estés donde estés en el mundo, si querés cambiarle la vida a alguien, lo puedas hacer. El programa se llama “Encontrá tu uno y cambiale la vida”.

Noticias: ¿Y qué requiere la organización hoy?
Erize: Cada caso tiene su plataforma de crowdfunding particular, y el donante dona a la causa, puede seguirlo y ver cómo su dinero ayuda. Lo que estamos buscando ahora es que las compañías puedan financiar nuestro equipo coordinador de recursos, que se financie la estructura de la organización. Hay alguien que ha hecho posibles muchos casos, Alejandro Röemmers. Fue el que hizo posible que Saun viniera a Argentina este año. Siempre me atiende el teléfono y está al pie del cañón. Pero necesitamos poder solventar la organización, hoy vivimos con $8000 por mes y con la ayuda de nuestras familias.

Noticias: ¿En qué baja a tierra este peso?
Erize: Mucho deporte. Estoy en un grupo de corredores, Palermo Adventure Team, que de hecho ha ayudado mucho en las causas. ¡Ni siquiera me cobran! También intento distenderme y divertirme. Dolores, mi novia, me inventa programas por todos lados. Nos conocimos en Australia y después de tres años nos reencontramos en Argentina. Ella es la que me está ayudando a que siga con esto.

Noticias: Hay varios Erize conocidos entre empresarios y políticos, incluso el ex marido de María Julia Alsogaray o la filántropa Jeannette Arata de Erize. ¿De qué rama de la familia viene?
Erize: Somos algo de Jeannete… No de María Julia, o espero que no. Quien más me enorgullece es mi tío Enrique Erize, que luego de un episodio tomó las riendas de la familia cuando hizo falta. Mi familia siempre fue de estar cuando alguien lo requería. Mi papá es el presidente del Lincoln Rugby Club, y siempre se la jugó por sus hijos. Nunca me dijo que no. Y mamá es un avión, es de las que arremeten contra cualquier obstáculo y se llevan el mundo por delante. Siempre me dijo que siguiera mi intuición y mi corazón.

Noticias: ¿Y lo han ayudado a contactarse también? Fundaciones hay muchas, pero a veces es cuestión de tocar la puerta correcta, y los buenos contactos ayudan.
Erize: Sí, es cierto. Pero deber favores en este país es difícil. Y estamos limpios de eso. Aunque es cierto que hay algunas celebrities que pueden hacer que los casos funcionen y lleguen más lejos, y por eso estamos buscando embajadores. Me gustaría mucho que Guillermo Francella, Ricardo Darín o Araceli González pudieran serlo.

Noticias: Casi podría decirse que Saun le cambió más la vida a usted que al revés…
Erize: (suspira) Saun me cambió la vida por completo. Y me encantaría ver más historias de personas que se la jueguen por otros. Estoy dispuesto a dar mi vida por esto. Lo dije hace cuatro años y no me la creía del todo, pero hoy miro para atrás, veo el impacto que hemos logrado en tantos casos, y entiendo que se puede. Nadie tiene la obligación de ayudar a nadie, ¡pero miren lo que pasa cuando lo hacemos!