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Costumbres / 2 de enero de 2018

Alimentación equilibrada: “Light” no es igual a “sano”

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Si es verde, es bueno. Parafraseando al slogan, ese podría ser el axioma respecto de los productos light según el marketing. Sin mirar mucho las etiquetas, son tantísimos los que suelen elegir los productos de envoltorio de este color frente a las versiones clásicas. Enfrentados a las dos opciones en la misma góndola, priorizan uno sobre otro, sintiendo de inmediato que han hecho una buena elección para su salud y cuerpo. Mala noticia: esto no siempre es así.
Cuestión de marketing. “Diet”, “light”, “0%”, todos términos que, de encontrarse escritos en un paquete de comida, suelen impulsar la compra. Y de regirse por su sentido más estricto, esa decisión estaría muy bien. Pero el marketing, esa disciplina que busca captar y fidelizar a los clientes en pos de la venta, no siempre se despliega también en busca de la satisfacción de estos.

En rigor, “light” es una palabra utilizada para “establecer que un producto se redujo un mínimo del 25% de su valor energético o contenido de carbohidratos, azúcares, grasas totales, grasas saturadas, colesterol o sodio con respecto al producto original”, ilustra Camila Gitard, nutricionista. Es decir, que el producto no siempre es bajo en calorías, y que el concepto podría lograrse a costa de un desbalance: “Si por ejemplo se logra disminuir grasas de un producto a expensas de aumentar azúcares o sodio, es beneficioso por un lado, pero perjudicial por otro”, agrega Gitard.

Así, ella y tantos otros nutricionistas se cansan de recibir pacientes que se quejan de no bajar un gramo a pesar de consumir todo “light”. “Es como si el término abriera la barrera para que consuman todo lo que quieran de ese producto sin culpa. Prefiero hablar de productos más o menos saludables”, apunta.

Mundo fit El interés de qué contiene aquello que comemos podría trazarse hacia los ‘80. “La idea de lo light es una tendencia que empezó alrededor de esa década, primero reemplazando a lo ‘diet’ como concepto pero sin demasiadas especificaciones respecto de las versiones regulares”, apuntan Mariela Mociulsky y Ximena Díaz Alarcón, de la consultora Trendsity. Hacia los ‘90, en tanto, comenzó a detallarse en los envases la cantidad de calorías de cada producto. Hoy esta información ha evolucionado a algo mucho más específico, describiendo también cantidad y tipo de grasas, preservantes, colorantes y tipo de endulzante no calórico. Sin embargo, no son mayoría los que le prestan atención.

Y así llegó también la movida “fit”. Un nuevo término en inglés que promueve la ingesta de alimentos saludables y nutritivos, y que sobre todo busca demostrar que comer sano no implica comer aburrido. “Lo fit amplió el discurso y la visibilidad respecto del cuidado de la salud, promoviendo la vida activa más allá de lo calórico. Además, su difusión en las redes sociales dio una mayor visibilidad y amplitud del target consumidor de productos”, agregan desde Trendsity. Aunque claro, si está en las redes, hay polémica. “Si bien esta movida ayuda a concientizar sobre la importancia de realizar actividad física e incorporar hábitos alimentarios saludables, es importante saber de dónde viene la información. Como todos comemos, todos sienten que pueden opinar, pero muchas veces se publican conceptos erróneos o conductas extremas”, sintetiza Gitard.

Entonces, ¿qué deberíamos mirar en un producto? “Debemos chequear si la información está dada cada 100g o por porción (y a qué se refiere con porción). También debe estar en %VD, que expresa cómo los nutrientes presentes en esa porción contribuyen a la dieta diaria, basado en una ingesta de 2.000 calorías por día”, detalla la nutricionista. Y otra cosa fundamental: el orden en el que estén presentados los ingredientes va de mayor a menor en cantidad. Al comprar, entonces, hay que mirar mucho más que el color.