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Costumbres / 5 de enero de 2018

Food Styling: cómo fotografiar un plato

En la era de Instagram y el furor gourmet, todos nos convertimos en fotógrafos de lo que comemos. Claves de una experta para hacerlo muy bien.

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De chicos nos repitieron una y otra vez que con la comida no se juega. Sin embargo, Marcela Lovegrove puede llegar a pasar hasta seis horas manipulando un plato de arroz. Buscando el brillo perfecto, acomodando la servilleta, apilando uno a uno los granos para que caigan de modo magistralmente tentador. Es que desde hace más de 35 años, es pionera en el arte del “food styling”, esa disciplina que cuando ella comenzó no tenía ni siquiera nombre, y hoy, gracias a Instagram y el furor por la gastronomía, parece ser terreno conocido para todos.

Profesional y amateur

Pero terreno conocido no iguala a dominado. Lo cierto es que el food styling, ese arte de preparar alimentos haciéndolos lucir lo más apetecibles que se pueda para una cámara, es toda una disciplina. “El food styling abarca desde hacer una foto de unas milanesas con puré a una de un grupo de quesos sobre una tabla. Y, en lo profesional, se encarga de concebir la idea, encontrar los ingredientes más perfectos, elegir aquellos que combinen y contrasten, hacer las compras y organizar la producción”, describe Lovegrove. Muy utilizado para campañas publicitarias, programas de TV y hasta cine, el suyo es un rubro silencioso, pero que puede cautivarnos al punto de querer correr al supermercado a comprar los condimentos para cocinar ese pollo dorado y reluciente que acabamos de ver en la luneta del colectivo. “Es el arte de la foto”, sintetiza la especialista.

En tiempos de “foodies”, no hay cuenta de Instagram que se precie sin alguna foto cenital de un plato tentador. En rigor, a muchos de los que están haciendo su propio food styling, les falta un largo camino por recorrer. Para eso, precisamente, suelen asistir a los talleres que brinda Marcela. “Llegan blogueros, emprendedores, fotógrafos, encargados de marketing, directores de arte, diseñadores y amateurs absolutos”, ilustra, al tiempo que resalta que ha aumentado la necesidad general de saber cómo fotografiar bien un plato. “Instagram está lleno de fotos de platos, por lo que se ha vuelto más exigente la mirada. Para hacer mejores fotos se necesita técnica y una cabeza distinta”, apunta.

Marcela Lovegrove lleva más de 35 años haciendo food styling. Últimamente vio crecer la demanda de sus talleres.

Manos a la obra

¿Cómo asegurarse entonces de que la imagen que se está tomando es buena? Hay algunos consejos prácticos a seguir. En principio, no existe una foto exitosa sin buena luz. La ideal es la natural, que debe aprovecharse del mejor modo posible, buscando el ángulo y encuadre más favorecedores. Así, lo primero a hacer es sentarse lo más cerca de la ventana posible.

Luego, deberíamos aprovechar el tiempo antes de que llegue el plato pedido, porque la comida se seca con el aire a medida que se enfría, y va perdiendo brillo, humedad y gracia, por lo que nuestro trabajo debe ser rápido. “Pensá si lo vas a mirar de costado, si vas a poner el teléfono arriba o desde abajo.

Considerá lo que hayas pedido: un volcán de chocolate requerirá ponerte de frente, en tanto una pizza pide una toma cenital”, ejemplifica la profesional.

Lo vital es la búsqueda de gracia y tentación, aunque también de un cierto estilo propio. “Pocas veces la fotografía gastronómica ha pasado por momentos tan libres y creativos. Soy de la época análoga en la que todo tenía que estar perfecto, y hoy hay una suerte de bella imperfección que da más permisos”, analiza Lovegrove. Con los tips correctos aplicados, entonces, será cuestión de buscar la propia mirada y disparar. Quizás se esté en el camino para poder convertirse en el próximo influencer gourmet.