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Televisión / 8 de enero de 2018

Alias Grace, cuando cuentan las mujeres

Serie. Guión: Sarah Polley, basado en la novela de Margaret Atwood. Con Sarah Gadon, Edward Holcroft y Anna Paquin. Dirección: Mary Harron. Netflix.

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★★★★1/2 A lo mejor quien lee estas líneas está enterado de que la escritora canadiense Margaret Atwood (78) visitó hace poco Buenos Aires y participó de charlas en la Biblioteca Nacional. La autora ha sumado muchos seguidores desde que la adaptación de su novela “El cuento de la criada” (The handmaide’s tale), realizada por la plataforma Hulu, ganó varios premios Emmy. Sin pérdida de tiempo, la competidora Netflix y la televisión pública canadiense pusieron en marcha la versión de otra de sus novelas, “Alias Grace”, publicada en 1996.

Es probable entonces que a través del hilo Atwood, con profundo o apenas superficial conocimiento literario, el espectador arribe a esta serie. Tal vez, no fue ese el camino sino sólo el dato caído del cielo por el murmullo serial de los devoradores. O ni siquiera y es un título entre tantos otros que vemos pasar cuando revolvemos la caja de novedades de Netflix: en este caso, si se disfrutó por igual de “Outlander” y de “Big little lies”, de la historia y de la intriga tejida en torno a las mujeres, hay que detenerse en “Alias Grace”. Bueno, en cualquier caso, valen la pena estos seis capítulos que atrapan desde la primera imagen.

Grace Marks era adolescente cuando llegó, alrededor de 1840, desde Irlanda a Canadá junto con sus hermanos menores y un padre alcohólico y abusador. La madre, enferma y castigada, había muerto en el barco. Como podría pintarlo el contemporáneo Charles Dickens, la vulnerabilidad de pobres, mujeres y niños era total. Ningún lugar donde protegerse de los grandes y poderosos. El único refugio ante tanta desolación eran las máscaras para resguardarse de la crueldad, de la falta de derechos, de la opresión. “Alias Grace” es la historia de esa estrategia de supervivencia en un entorno de depredadores patriarcales.

La novela se basó en un hecho real que los periódicos de la época cubrieron con morboso entusiasmo: la sirvienta Marks pasó años en prisión y en el manicomio (se llamaban así, ¿no?), acusada del asesinato del patrón y el ama de llaves, delito que no pudo probarse. En la ficción, es Grace quien nos cuenta su historia pero lo hace de manera múltiple, bifurcada en el relato al psicólogo, en la confesión judicial, en sus monólogos interiores. Ella aprendió a decir lo que otros querían escuchar y detrás de la sobreadaptación forzosa es donde debemos encontrarla.

Parir la voz femenina, entre el griterío de las imposiciones, es el cuento de Grace. No es casual que le dieran forma, además de la autora de la novela, otras mujeres: la guionista (y actriz Sarah Polley); la directora Mary Harron; y las magníficas actrices Sarah Gadon como la protagonista, Rebecca Liddiard como Mary Whitney, la única amiga de Grace, y Anna Paquin (aquella nena de “La lección de piano”) como el ama de llaves asesinada: todas víctimas de un Nazgûl que todavía espera que le corten la cabeza.