Salud / 18 de enero de 2018

Cuerpos acalorados: Qué daños le producen al organismo y cómo actuar en una crisis

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El cambio climático promete extender los veranos y hacerlos más y más calurosos en varios lugares del planeta. Justamente el 2017 fue el año más caluroso en la historia de la Ciudad de Buenos Aires y, según el Servicio Nacional de Meteorología, este 2018 no será muy distinto. “Todo el mapa de registro del país está en rojo porque estamos reconociendo temperaturas por encima del promedio”, explica Ignacio López Amorín, meteorólogo y difusor del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Las observaciones meteorológicas sistematizadas comenzaron en 1906 y el record en Buenos Aires tuvo lugar un 18 de Diciembre de 1995 cuando el termómetro marcó 40,5 °C. A nivel país, al Este de Salta, en el departamento de Rivadavia, se marcó una temperatura que hace historia hasta el día de hoy como record en Sudamérica: 48, 5°C. En términos generales, las altas temperaturas afectan principalmente en la zona Centro-Noreste de Argentina dado que en el resto del país las temperaturas mínimas no son lo suficientemente elevadas.

Ola de calor

Es declarada como tal cuando en Buenos Aires se superan, durante tres días seguidos, temperaturas que van de una mínima de 25 grados a una máxima de 36 grados. Es entonces cuando se activa el Sistema de Alerta Temprana por Olas de Calor y Salud (SAT-OCS) que es la forma que tiene el SMN de advertir a la población acerca de situaciones meteorológicas extremas y sus posibles efectos en la salud y mortalidad. Hay cuatro niveles:

• Verde: Mínimo estado de vigilancia durante el verano. Sin peligro sobre la salud de la población.
• Amarillo: Las olas de calor pueden ser peligrosas, especialmente para los grupos de riesgo, bebés y niños pequeños, personas mayores de 65 años o aquellas con enfermedades crónicas -hipertensión arterial, obesidad y/o diabetes. Se alcanza cuando se superan los umbrales de las temperaturas máximas y mínimas en una ciudad.
• Naranja: Las olas de calor pueden ser muy peligrosas, especialmente para los grupos de riesgo. Se declara cuando la ola de calor continúa en el tiempo y aumenta así el exceso de calor.
• Rojo: Casos excepcionales de olas de calor. Pueden afectar a todas las personas saludables, y no sólo a los grupos de riesgo.
Organismo en riesgo. Lo que sucede en el cuerpo con el calor se puede comparar con el funcionamiento de un auto ya que los motores de combustión interna deben trabajar a una temperatura específica para lograr el mejor rendimiento. Si al manejar en el automóvil se enciende la luz de temperatura, está indicando que hay un sobrecalentamiento del motor. Al apagar el vehículo y dejarlo enfriar, es factible volver a conducirlo, pero si la persona continúa andando el coche se detiene.

Cuando una persona está ante una exposición al sol o permanece en lugares sin ventilación o aire acondicionado aumenta el termómetro corporal. Las temperaturas extremas causan estrés en el organismo, cuyo funcionamiento óptimo es entre los 36 y 37,5º C. “Nuestro cuerpo está en constante combustión para que esa temperatura corporal se mantenga estable porque de lo contrario, los tejidos, las células y las proteínas se dañarían”, detalla Miguel Sangiovanni, médico clínico, Mg. en Hipertensión Arterial y Mecánica Vascular.
La piel cumple un rol fundamental para activar los mecanismos de auto refrigeración durante un día de mucho calor porque, de acuerdo con Patricia Della Giovanna, médica especialista y docente en dermatología, es la barrera que controla los intercambios con el exterior. “La termorregulación es fundamental para conservar el calor mediante la vasoconstricción y su propia estructura anatómica aislante (especialmente la grasa hipodérmica) enfría por vasodilatación y evaporación del sudor”.

Al evaporarse el líquido de la superficie de la piel, refresca el cuerpo pero para que esto ocurra depende del gradiente de presión de vapor de agua entre el organismo y el aire. “El cuerpo a través de la piel desprende agua y sales para nivelar la temperatura interna y si esto además debe hacerlo con calor alrededor y humedad como sucede en Buenos Aires, el estrés en nuestro organismo se duplica”, explica Della Giovanna. Entre más caliente y más húmedo, más sudor se expele, y esto incrementa el riesgo de deshidratación.
“En condiciones extremas de calor, se pierden hasta 10 litros por día –puntualiza la especialista-. Hay 3 tipos de estímulos en la producción de sudor y el térmico es el más importante. Se observa en todo el cuerpo, en especial en el pecho, espalda y axilas, frente y cuero cabelludo. Lo regula un centro hipotalámico, que funciona como un verdadero termostato.”

Una de las consecuencias al activarse la vasodilatación como parte del sistema de termorregulación es la estimulación de los nociceptores o receptores del dolor, que favorecen la aparición de dolores de cabeza especialmente en personas con predisposición, explica María Isabel Rúa, miembro del grupo de trabajo de Cefaleas de la Sociedad Neurológica Argentina.

Cuando el sistema colapsa. Si la exposición a las altas temperaturas es prolongada puede ocasionar también que las personas sufran un golpe de calor o insolación y tengan que visitar el hospital más cercano. Por ejemplo, cuando una persona deja de transpirar, en muy poco tiempo puede pasar del agotamiento por calor al golpe de calor y es lo que puede ocurrirle a bebés y niños. Los menores de un año corren mayor riesgo, porque su cuerpo tiene menor capacidad para regular su temperatura. Los mayores de 65 años también son grupos etarios sensibles, debido a que con el aumento de la edad se reduce la sensación de calor, y eso puede provocar que los adultos mayores no perciban las altas temperaturas, a lo que se suma el hecho de que también disminuye la percepción de sed.

Transpirar demasiado poco (anhidrosis), puede poner en riesgo la vida porque el cuerpo puede sobrecalentarse. Entre las causas de anhidrosis se incluyen la deshidratación, las quemaduras y trastornos de la piel.

Otros factores que colapsan el sistema de termorregulación son el ejercicio excesivo y la condición física. Las personas enfermas o con sobrepeso tienen, al igual que los niños y los ancianos, un riesgo mayor.

Las altas temperaturas pueden provocar cuadros de confusión, dado que la hipertermia causa que el impulso nervioso se propague con mayor dificultad. También se desencadenan sensaciones de fatiga e insomnio: como el hipotálamo regula los ciclos de sueño y de vigilia, se guía por estímulos extremos, como la luz, la temperatura, que indican al cerebro cuándo debe inducirse el sueño. El calor excesivo altera esta regulación normal del dormir.

El intento de desprenderse del calor excesivo puede provocar en el organismo una disfunción del sistema nervioso central que se manifiesta en forma de calambres por falta de agua y sales, agotamiento, colapso circulatorio, daños musculares y pérdida de la conciencia. En resumen, daño muscular y circulatorio, al que se le pueden sumar cambios en el estado de ánimo de las personas, debido a que el calor extremo se vive como una situación estresante, que puede generar cambios bruscos de humor.

Con respecto a las mascotas, tanto perros como gatos son mucho más sensibles al calor excesivo que los humanos por lo que es fundamental que dispongan de líquidos. En cuanto al pelaje hay que tener en cuenta que junto con la piel son parte de su aislamiento natural del frío y el calor, y un corte de pelo muy extremo lo deja sin protección contra los rayos solares.