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Opinión / 26 de enero de 2018

¿Por qué ignoramos a los poetas?

La muerte del gran Nicanor Parra plantea la pregunta: por qué en la Argentina los autores de poesía son secretos, desconocidos por el gran público.

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Hoy entierran, en Chile, al poeta Nicanor Parra. Tenía 103 años y sus huesos descansarán en el pueblo de Las Cruces, junto al mar, donde vivió los últimos años de su vida. Su gente lo llora, el mundo lo despide.

Si la literatura puede leer la realidad con una certeza de la que discursos más racionales carecen, la poesía es una lanza infalible a los convicciones más viscerales. Bendecidos los pueblos que escuchan y festejan a sus poetas. Chile es uno de esos pueblos. Y la larga lista de sus escritores de poesía famosos (Neruda, Huidobro, Gonzalo Rojas, Zurita, Lihn y cientos más) es también consecuencia de la influencia que tienen entre su gente.

Argentina no tiene ni esa cualidad ni esa suerte. La poesía entre nosotros es potente pero secreta. Nuestros poetas mayores se han ido sin hacer ruido, en cortejos solitarios, sin titulares en los diarios ni bendiciones de funcionarios o presidentes. ¿Qué pasaría entre nosotros si llegara alguna vez el tiempo de una poesía popular, que cantara para todos?

Para pensarlo, unos versos irreverentes y directos de Nicanor:

“Actuamos como ratas
en circunstancias de que somos dioses
bastaría con abrir un poco las alas
y pareceríamos seres humanos
pero preferimos andar a la rastra
(…)

Al parecer no tenemos remedio
fuimos engendrados y paridos por tigres
pero nos comportamos como gatos”

(Total Cero en “Tres poemas”).