Política / 1 de febrero de 2018

Quién es Darío Lizzano, el socio tapado del nuevo poder

Es el representante argentino del fondo PointState. Participó de la compra de Caputo SA y de parques eólicos a la familia Macri.

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Con Macri. Lizzano, el primero desde la izquierda, en la inauguración del parque eólico Rawson, el 2 de enero.

De pronto los dueños pasaron a llamarse de otra manera. En el último año, empresas que formaron parte del círculo presidencial cambiaron de manos. IECSA, la constructora de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri, fue vendida al empresario energético Marcelo Mindlin. Luego, un parque eólico que pertenecía a una sociedad integrada por el Grupo Socma, cuyos accionistas son los hermanos, hijos y sobrinos del Presidente, fueron vendidos a una empresa llamada Genneia. Y por último, el 19 de enero de este año, la Constructora Caputo, fundada hace más de 80 años, fue vendida a la desarrolladora TGLT.

En estos tres casos hay un denominador común: Darío Lizzano, un argentino radicado en Nueva York, experto en mercado de capitales que trabaja para el fondo de inversión PointState Capital, uno de los mayores inversores en Argentina desde la llegada del macrismo. Hasta el 2015, Lizzano era un hombre desconocido para el empresariado argentino, pero detrás de él está un fondo de inversión con miles de millones de dólares dispuesto a comprarse todo.

Billetera

A fines del 2014, Lizzano convenció a Zachary Schreiber, el dueño de PointState Capital, para que pusiera un ojo en Argentina. Por eso decidieron crear un fondo para invertir, primero en bonos soberanos, durante el kirchnerismo, y luego más fuerte en empresas. Luego de pasar la gorra por los inversores, lograron juntar alrededor de 1.000 millones de dólares para traer a Argentina. Una de las primeras inversiones fue comprar el 13% de la desarrolladora TGLT, de Federico Weil. Esta oportunidad surgió cuando uno de los socios brasileños buscaba retirarse. Hoy Lizzano ocupa el sillón de vicepresidente de la empresa y junto a Weil, el presidente de esa compañía, comandaron las tratativas para comprar la constructora Caputo, la empresa familiar de Nicolás Caputo, el “hermano de la vida” del presidente Macri. ¿Es posible que la familia Caputo se desprenda de una empresa que atravesó tres generaciones? Desde el entorno de Nicolás Caputo afirmaron que hay dos explicaciones: por un lado sostienen que resulta imposible hacer negocios con el Estado debido a que ante cualquier licitación que ganasen, de inmediato quedarían envueltos en la polémica por la cercanía con Macri. La segunda explicación es que con el dinero de la venta, “Nicky” invertirá en el rubro energético, muy rentable desde la llegada del macrismo.

La compra de la constructora Caputo generó revuelo en el mercado. Días antes de comunicarse la operación, la cotización de la acción de TGLT escaló entre alrededor de 25% en 5 días, dos puntos menos de lo que rinde una Lebac (27%) en un año. Luego, con la noticia ya difundida, la acción trepó otro 38% más en 4 días. Es decir que quienes compraron antes de concretada la operación, ganaron más de 63% en 10 días. Envidiable.

Patagonia. Lizzano, en la inauguración del parque eólico Rawson en Chubut. Ese día estuvo junto al presidente Macri.

NOTICIAS habló con Federico Weil, presidente de TGLT y comprador de Caputo.

Noticias: ¿Hubo inversores con información privilegiada?
Federico Weil: No hubo y no se detectaron filtraciones.

Noticias: ¿Cómo se gestó la compra de Caputo por parte de TGLT?
Weil: TGLT decidió como estrategia hace más de tres años integrarse verticalmente, replicando las mejores prácticas de desarrolladoras latinoamericanas. A la firma Caputo la conocí como proveedor desde hace más de 7 años. Con ellos hemos construido la torre Astor Palermo en forma muy exitosa.

Noticias: ¿Por qué no se informó que se estaba en proceso de compra? ¿Se debería haber informado?
Weil: Nunca hubo un proceso, ni una negociación, ni una carta de intención, ni nada. Solamente una tratativa habitual para este tipo de transacciones que desembocó en una oferta y una aceptación y comunicación al mercado.

Este último punto es uno de los que más preocupa a cualquier empresario que cotiza en bolsa, debido a que todas las operaciones deben ser transparentes e informadas para que los inversores tengan las mismas oportunidades a la hora de elegir dónde poner su dinero. Contar con información privilegiada está penado.

Otro negocio cerca del poder en el que puso el ojo Lizzano fue la energía renovable. Compró el 43% de Genneia, una empresa que tiene en sociedad con el banquero Jorge Brito y el empresario mexicano David Martínez, gran socio del Grupo Clarín tras la fusión con Telecom. En octubre del año pasado compró un parque eólico que pertenecía a una sociedad que integraba el grupo Socma, de la familia Macri. Lizzano participó de la negociación con los accionistas del parque eólico “Loma Blanca IV”, que antes de eso pertenecía a la española Isolux Corsán. Luego de varias tratativas, decidió comprarlo en alrededor de 40 millones de dólares. Allegados a Socma y a la empresa Genneia afirmaron que “cuando Isolux Corsán tomó la decisión de vender sus activos en la Argentina, intentamos ser compradores del mismo, pero Sideli (empresa que integra Socma) nos precedió.

Luego, Sideli puso en venta todos sus activos eólicos y Genneia pudo finalmente concretar la adquisición de este parque ya operativo, que tiene un contrato hasta 2028”. En Socma la explicación para desprenderse de “Loma Blanca IV” es la misma que la de la familia Caputo. “Con Macri como presidente es imposible hacer negocios con el Estado. Todo quedaría bajo sospecha”.

La diferencia de precio estaba bajo la lupa. Sideli había comprado “Loma Blanca IV” a 25 millones de dólares y lo vendieron a 40 millones. Una diferencia de 15 millones de dólares. Este precio respondería a dos factores: por un lado el grupo vendedor consideró que Genneia podía conseguir financiamiento a muy buena tasa de interés en el mercado estadounidense, y en el mundo de los negocios ese tipo de ventajas se tiene en cuenta a la hora de cotizar; y por otro lado, “la deuda financiera del activo se fue reduciendo considerablemente, lo que explica que el precio de las acciones entre un momento y otro haya aumentado”, justificaron. Otra vez Lizzano se quedaba con una empresa del entorno de Macri.

La constante inversión de Point-State en empresas “macristas” generó sospechas sobre los capitales que podrían estar detrás de Lizzano. ¿Son fondos vinculados a Macri? Desde PointState Capital lo desmienten. “El presidente Macri y su familia no son accionistas en ningún fondo de PointState ni en sus afiliadas”, afirmaron a NOTICIAS.

Poder

Lizzano no sólo se acercó a las compañías que rozan al Presidente. El fondo PointState también se metió en lo más profundo del poder económico y corporativo de Argentina. En diciembre del 2015, compró en Wall Street acciones de Pampa Energía, equivalentes al 6,49% de la compañía. Hoy ya ostentan el 9% por un equivalente a 311 millones de dólares. Para ese entonces, Marcelo Mindlin, el dueño de Pampa, ya se perfilaba como uno de los grandes ganadores del nuevo país que comenzaría a trazarse desde la administración Macri. En marzo del 2017, Mindlin se quedó con IECSA, la constructora de Ángelo Calcaterra, el primo del Presidente, quien también vendió con el mismo argumento que Caputo y el grupo Socma: “Con Macri presidente, no podemos trabajar”.

Mindlin le dio grandes alegrías a PointState. Para diciembre del 2015, la acción de Pampa en Estados Unidos costaba 22 dólares. Hoy ronda los 70 dólares. Es decir que el fondo representado por Darío Lizzano ya contabiliza una rentabilidad de 240% en apenas dos años y en dólares. La empresa Duke Energy, una de las compañías energéticas más grandes de Estados Unidos, en el mismo período de tiempo tuvo apenas una rentabilidad del 15%. Incomparable.

PointState lleva invertido cerca de 3.600 millones de dólares en Argentina. “Se está comprando todo”, afirman en la City porteña. Incluso a otros inversores les recuerda a Juan Navarro, dueño del Exxel Group, cuando en la década del ‘90 compró el Grupo Yabrán y otras empresas.

Entre las compañías donde invirtió el fondo que representa Lizzano están la cementera Loma Negra; la petrolera YPF; las energéticas Transportadora de Gas del Sur y Edenor; los bancos Galicia, Supervielle y Macro; la agropecuaria Adecco Agro; la compañía de logística Plaza Logística y los hoteles Sheraton y Park Tower.
Una de las noticias económicas del año podría darse en marzo cuando la banca Morgan Stanley Capital Investments devuelva a Argentina la categoría de “mercado emergente” (hoy el país está un escalón más abajo, como “mercado fronterizo”). Esa calificación permitirá que fondos de inversión que no se animan a invertir en Argentina desembarquen de inmediato. Pero hay uno que ya picó en punta y muy cerca del poder: PointState Capital, de la mano de Darío Lizzano.

La lluvia de inversiones aún no llegó. Pero una llovizna ya cayó sobre las empresas del clan Macri y en negocios donde estar cerca del poder siempre es bueno.