Personajes / 8 de febrero de 2018

Miguel Ángel Solá: “Ojalá hubiera sabido cuidar mi cuerpo”

Estrenó el film “El último traje” y sigue con la obra “Doble o nada”. Dolores, miedos, entrega y por qué se considera un tipo denso.

Fotos: Marcelo Escayola.

Con tono pausado y aplomado, Miguel Ángel Solá dice que el actor nació de lo más primitivo, de salir de la caverna para aventurarse a la caza y a la búsqueda del sustento. De esa exploración y de volver a entrar para contar a los otros que afuera acechan la vida y la muerte, pero que la misma vida es la muerte y la muerte es posibilidad de vida, si se transforma en cuero para abrigo o en comida. “El actor nace de la urgencia de contar una experiencia para que el que está en la caverna pueda salir armado de otras nuevas”. Él tiene una relación ancestral con la actuación –es la sexta generación de actores de su familia– y, una y otra vez, volvió a la caverna a relatar sus luchas contra los mamuts de la vida.

Repite que ya no tiene las mismas fuerzas, que sus 67 años le pasan factura. Pero, de jueves a domingo, se mide con su mujer, Paula Cancio, en “Doble o nada” (teatro La comedia) y acaba de estrenar “El último traje”, película de Pablo Solarz. Allí interpreta a Abraham, un polaco judío de 88 años que se embarca en la osadía de ir desde Ezeiza hasta Polonia, aunque la enfermedad en una de sus piernas prometa boicotearle cada paso. “Este ha sido el personaje más difícil de mi vida. Tiene menos fuerzas que yo, y yo ya no tengo todas las fuerzas suficientes como para sostenerlo gozándolo a pleno. Pero te muestra que, aunque te digan que en cinco minutos te vas a morir, todavía no estás muerto. Se tira sin paracaídas, confiando en que algo va a suceder. Y sucede lo mejor, que la vida se le puebla de angelitos que lo ayudan a llegar donde quiere”.
Noticias: Es un cuento esperanzador.
Miguel Ángel Solá: Sí, es un cuento para niños porque él es un niño. Va adelante, con ese cuerpo doblegado por el dolor, por las tristezas y los rencores. Comienza su vida con un despojo absoluto (producido por el Holocausto), pero cuando tenés 18, escapaste al horror y volviste a sentir las fuerzas y te lanzaste a vivir en otro lugar, aunque te cambie el cielo y te roben la Osa Mayor, existe un futuro. Abraham se lanza a la aventura, a su edad, sin que exista un futuro y él lo fabrica, animándose.
Noticias: A usted le han cambiado el cielo, un poco a la fuerza.
Solá: Sí, pero no es lo mismo que los criminales logren su objetivo a que no lo logren. Cambié el cielo, encontré con que podía seguir viviendo y tuve más hijas. Abraham vuelve a creer cuando un médico polaco católico pelea para salvarle la vida. Esta historia cuenta el desafío de que el polaco se abrace con el polaco, un exorcismo a esa distancia, ese abismo que quedó abierto por el dolor.

Noticias: ¿Cuáles tuvo que exorcizar usted, qué dolores amasó?
Solá: Todos. No comprendo por qué la vida es así y quiero que sea de otra manera y te frustra mucho. Tenés que responder con actos creativos a cada frustración. No comprendo la maldad, la mala fe, los engaños.
Noticias: No siempre se sintió reconocido. Ha dicho que se volvió un actor innecesario y que lucha por seguir siendo un actor necesario.
Solá: Sé que soy un actor necesario, ¡el problema lo tienen los otros! Si no me llaman para trabajar, no voy a buscar el porqué. Pero cuando avanza la edad, se te crean más miedos. No me importó lo que pensaran o quisieran los demás de mí. Hasta un momento, elegí todo lo que hacía. Ahora puedo elegir sólo ciertas cosas. A nadie le gusta no ser quién fue para los demás.
Noticias: ¿Qué miedos tiene ahora que no tenía antes?
Solá: (Hace silencio). ¿Qué edad tenés? Ya vas a entender…
Vuelve a su Abraham y a la metáfora de la película: huir hacia el futuro, llevando el pasado encima, para deshacerse del pasado. “Es un viaje a sí mismo. Le tocó irse a un lugar sin resolver el horror que le quedaba adentro, esas imágenes tortuosas. Cuando uno habla de las cosas, habla del suceso: “Pobre, lo atropelló el coche”… No, esas centésimas de segundo en las que se pasa de un horror a otro, eso se lleva adentro”.

Solá carga con cicatrices de sobreviviente. La que se le generó cuando se fue de la Argentina amenazado de muerte, la de la rotura del manguito rotador del hombro derecho que le diagnosticaron tras años de intensos dolores, la lesión medular que le provocó una ola en las Islas Canarias y que le liquidó buena parte de sus conexiones nerviosas y lo dejó a un paso de no volver a caminar, la de un accidente doméstico que se llevó medio lado de su cara con huesos y dientes y por la que le dieron 150 puntos por dentro y por fuera de la boca y lo obligó a reaprender a hablar porque no lograba manejar su lengua, la que lo empujó al abismo emocional cuando se separó de Blanca Oteyza y se acorazó revistiendo las paredes de su casa con los dibujos infantiles de sus hijas.
Noticias: ¿Cuán presente tiene esos dolores?
Solá: Están porque siguen pasando cosas, la vida no es sólo lo que te pasó. Pero no hago un paralelo conmigo, Abraham tiene su propia identidad.
Noticias: Y le presta su cuerpo y sus emociones.
Solá: Entrego mi vida a un ser que no conozco y no sé si me va a tratar bien.
Noticias: ¿Lo han tratado mal los personajes?
Solá: No, el único que me persiguió un tiempo, porque no había sabido resolver una escena, fue el Hombre Elefante. Tenía una escena pendiente con él que nunca pude hacer.
Noticias: ¿De qué forma lo perseguía?
Solá: Aparecía por las noches, en sueños, en la calle, en la cabeza. De repente me encontraba repitiendo el texto y tratando de mejorarlo, cuando hacía tres meses que había dejado el personaje. Lo entendía pero había algo que no estaba unido entre la idea y la emoción.

Noticias: ¿Cuán corporal es? Parece que mucho.
Solá: El cuerpo responde a la mente y el corazón, es uno mismo. Ojalá hubiera sabido cuidar mi cuerpo, no lo hice. Hubiese tenido dolores más livianos a los que sufro trabajando. Pero la magia de cómo es un ser que se encarna en un escenario no se puede explicar.
Noticias: ¿La siente corporalmente?
Solá: Si no lo sentís en el cuerpo, no existe, y como espectador no lo creés. Hay días en que la comodidad me dice que lo empiece a resolver, y lo hago, después pago por eso. La conciencia no está vacía, te hace así (golpea la mesa) y te pregunta qué hiciste hoy.
Noticias: Recostarse en los laureles no es lo suyo.
Solá: No, no soy de acomodarme en la incomodidad, si me acomodo para dormir, duermo en la almohada que elijo.
Cada noche antes de cerrar los ojos, mira dormir a su mujer, se queda atento para ver si su hija Adriana (4) se despierta por una pesadilla y les manda a sus hijas María (21) y Cayetana (17), quienes viven en España, los besos y ángeles que necesiten. “Cuando ves dormir a un ser que amás, lo observás en su descanso, está despojado, confiando. Lo mirás y tenés la sensación de cuánto amor sentís por ese ser, sin su intervención”.
Noticias: ¿Hay diferencias entre el padre que fue con sus hijas mayores y el que es con la última?
Solá: Sí, tengo menos energía, menos capacidad, me cuesta levantarme y afrontar todo el día. A eso sumale el desorden de una familia de artistas. Y hay que seguir limpiando la casa, lavando la ropa, cocinando; mi mujer y yo a la par. Ella tiene 33 años y hace el mismo esfuerzo pero gasta menos energía, aunque quizás hay que sumarle las energías que invierte en aguantar a un tipo de 67 años que a veces se cae a pedazos porque está cansado.
Noticias: ¿Por qué se califica como una persona densa?
Solá: No soy un simpático de mierda, no puedo hacerte reír porque no tengo esa capacidad, no tengo ese don y no soy un embaucador. Entonces soy como soy.
Noticias: Lo genuino es su fortaleza.
Solá: Y mi debilidad, porque estoy expuesto… Imagínate que soy una mierdita en el universo y que las cosas que digo no les caen bien a paquidermos del universo, entonces…

Noticias: ¿Eso le divierte?
Solá: No. Tengo la memoria intacta y la uso para la vida, no para trabajar. En la vida soy absolutamente memorioso (arquea las cejas y mira serio).
Noticias: Mirtha Legrand dice: “No soy rencorosa, pero soy memoriosa”.
Solá: No me alegra que me compares porque no tengo ese tipo de memoria, no la acomodo. No me cae bien hablar mal de ninguna persona, pero alguien tiene que hacer la tarea limpia. Conozco gente que ha hecho daño a muchos, a este país y al mundo, por qué me voy a olvidar. Esos seres tienen que estar presentes para que la gente sepa de quién se habla, después son todos buenos cuando se mueren.
Noticias: Dice cosas provocadoras, como que llegó a la conclusión de que en el peronismo son tantos que se matan entre sí.
Solá: No es una invención mía, eso lo escribió un tipo peronista que hace una definición alegre y feliz de lo que es ser peronista pero, en esa definición, no mete a López Rega, ni a la triple A, se olvida…
Noticias: Ahí está la memoria selectiva.
Solá: La memoria acomodaticia. Entonces, en un lugar donde cabe todo, por qué no somos sinceros, le cambiamos el nombre al país…
Noticias: ¿Cómo le pondríamos?
Solá: Peroniana. Estoy hablando de algo que no quiero hablar.
Noticias: ¿Por qué?
Solá: Porque no quiero hablar del peronismo.
Noticias: Ganó muchos premios en su carrera, ¿siguen siendo importantes?
Solá: Son caricias, pero no me dan más trabajo. Después, quién puede sentirse mejor que alguien. Uno puede decir que da lo mejor en su trabajo, pero toda la gente honesta da lo mejor de sí. La gente retorcida, no, finge. Y actuar no es fingir, es convertir ficciones en verdad.
Noticias: La vida, el éxito y el premio siguen siendo un misterio.
Solá: No somos seres acabados. No sólo es existencialismo sino una forma de concebir que la verdad de cada uno está en movimiento todo el tiempo. Como el teatro, como la mañana y la noche.

 

 

Valeria García Testa

@valgarciatesta