Costumbres / 10 de febrero de 2018

Córdoba cool: no hay bocinas, ni smog, ni mucha gente

La movida nocturna pasa por contar las estrellas y escuchar los grillos. Paraísos que siguen la consigna del menos es más.

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El mapa cordobés esconde destinos zen donde el desafío es andar cada paso sintiendo el cuerpo y la respiración (a veces agitada por las pendientes del camino) y descubriendo el pulso de los senderos naturales. En el Valle de Traslasierra, por ejemplo, San Javier tiene un lema prometedor: “Todavía existe un lugar así”. Ese edén se arma de carruajes, burros, una centena de especies de aves que oficia de orquesta estable, arroyos que bajan desde la sierra, un bosque autóctono, caminos de tierra y casonas del siglo pasado, artistas, artesanos y maestros en terapias alternativas. Al pie del imponente Cerro Champaquí, el más alto de la provincia, los locales juran que tiene el tercer microclima más beneficioso del mundo. Además es un polo vitivinícola y gastronómico con tres bodegas y hospedajes de alto nivel. Uno de ellos es “Estancia de la cruz”, ambientada por el reconocido Eugenio Zanetti. El ganador del Oscar dice que la gran virtud de San Javier es su extrema sencillez, “lo más difícil de conservar en estos momentos en el universo”. Ese mismo mérito se cultiva en otros pueblos, como en Las Rabonas, a 30 km hacia el norte, donde Ludovica Squirru forjó su lugar en el mundo. Igual Axel, quien levantó una casa ecológica, que se abastece de energía solar y recupera las aguas grises en un humedal para regar la huerta. Tanto Ludovica como el cantante, son habitués de Nono, localidad vecina a 10 km. “Lo que diferencia a Nono es que se resguarda el perfil cultural. Aquí en vez de teatros o boliches, hay encuentros de escultores, pintores o tejedores, que comparten su quehacer con los visitantes”, explica Fernanda Terrera, de esa municipalidad. Por iniciativa de un grupo de vecinos y poetas de Traslasierra, en Nono ya instalaron 50 murales que combinan imágenes con poesía.

El pueblo nació en 1717, junto con el tendido del ferrocarril. Su arquitectura conserva el estilo inglés. A pocos kilómetros, están otros dos destinos mágicos: Las Rabonas y Nono.

Calamuchita

Villa General Belgrano tiene todos los elementos de una postal centroeuropea: arquitectura que la asemeja a una aldea alpina, gastronomía con influencia alemana (pionera en cerveza artesanal, ahora en auge en todo el país) y fiestas, como el Willkommen, la bienvenida al turista, o el Oktoberfest, que se replica en el verano. El paisaje serrano está garantizado, porque la villa se levanta entre las Sierras Chicas y las Sierras Grandes. “El pueblo tiene sus normativas de construcción, tanto en altura como en estilo y metros cuadrados. Cuidamos mucho que el crecimiento no nos tape la vista de la naturaleza ni altere la calma”, explica el Secretario de Turismo Pablo Sgubini.

Hacia el oeste, después de andar 39 km serpenteantes y en altura, aparece La Cumbrecita. “La gente viene a buscar tranquilidad y contacto directo y real con la naturaleza. Nuestro evento más importante es La Cumbrecita misma. Este no es un lugar de paso”, dice Janina Quinteros, Directora de Turismo de esa localidad. Para preservar la mística, hay una restricción vehicular de circulación dentro del pueblo que obliga a dejar el auto en un playón a la entrada o, a quienes se ven aquí un halo particular y nosotros les damos más magia”, reconoce Quinteros.

Es el último pueblo del Valle de Calamuchita y el primero peatonal en el país. Fue declarado “Reserva natural de uso múltiple”.

Valle de Punilla

En el complejo de cabañas que Vanina Bilous y Damián de Santo instalaron en Villa Giardino, “Umbral del sol”, el eslogan es “con todas las estrellas del cielo”. Hay poesía pero también convicción. “Para categorizarnos como 5 estrellas, en la Secretaría de Turismo nos exigían condiciones que eran justamente lo que no queríamos para nuestro espacio. Entonces, dijimos: “No tenemos 5 estrellas, sino todas las del cielo””, explica la mujer del actor. Uno de los requisitos era que contaran con un play house donde se sirviera el desayuno, algo opuesto al concepto de no horario que enarbolan, por el que cada quien se despierta a la hora que le place y puede desayunar en la intimidad de la cabaña. “La naturaleza te da una belleza infinita y también te pone grandes desafíos, porque de repente una tormenta te vuela un techo. Pero decidimos acompañarla e invertir para cubrir también los baches en infraestructura. A nosotros Giardino nos eligió, vinimos con la amenaza de perder nuestro primer embarazo y mi hijo ya cumplió 16 años. Acá encontramos una señal de vida”, dice y reconoce que, cuando arrancaron el emprendimiento, Giardino casi no existía en el mapa (aunque para entonces Georgina Barbarossa ya tenía su casa de veraneo). “El boca a boca funcionó”, afirma Bilous.

San Marcos Sierras es otro lugar bohemio y entrañable de Punilla. Allí se hace especial hincapié en la protección de la naturaleza y el principio multicultural. En esas tierras vivieron los comechingones, que después fueron desplazados por los conquistadores y, en 1806, el marqués de Sobremonte le devolvió a esa comunidad indígena los terrenos usurpados. Hay un código de convivencia tácito: saludar con una sonrisa a quienes se cruce por la calle y darle prioridad a quien anda a pie, a caballo o en bici. En 2018, lo más simple y obvio puede ser todo un descubrimiento.