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Política / 19 de marzo de 2018

Campaña emoji: Gobierno y oposición hablan el lenguaje de internet

Los usan para desacartonar sus mensajes políticos y llegar al electorado joven. Cambiemos fue pionero. Ahora se suman el Frente Renovador y el kirchnerismo.

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Un enchufe y un dedo índice al cielo cuentan que aumentó la luz. A su lado, el emoji de un hombre tapándose la cara muestra preocupación. La composición es seria y política. Pertenece al Frente Renovador, aunque también podría ser del kirchnerismo. Como en el resto del mundo, los partidos argentinos estudian cómo aprovechar esas caritas que parecen infantiles, pero se convirtieron en el lenguaje más popular de internet.

Consultores políticos y analistas de empresas internacionales coinciden en que los emojis llegaron para quedarse. Y para transformar la comunicación. El primer informe sobre el uso de emojis en Twitter contó 6 mil millones en los últimos dos años, sólo en esa plataforma. El estudio, de la consultora BrandWatch, determinó que circulan entre 7 y 9 millones por día, y asegura que su análisis aporta valiosa información para llegar a consumidores y votantes. 

“Lo usamos para simplificar el lenguaje y adaptarlo al consumo de los jóvenes. Tratamos todo el tiempo de buscar la forma de llegar a más gente y presentar los temas políticos de forma más amena”, explican a NOTICIAS desde el equipo de redes de Unidad Ciudadana. El primer antecedente es de mediados del 2017, cuando los jubilados, obreros y maestros que Cristina Kirchner subió a los escenarios en la campaña legislativa tuvieron su versión emoji en la web.


Los políticos jóvenes ya los piden. Y los consultores los aconsejan. Pero desalientan el uso indiscriminado. “El mensaje debe reflejar lo que cada uno es. Si a una persona grande le ponés muchos emojis y no combina, es ridícula”, dice el consultor José Fernández-Ardáiz, que asesora a partidos en varios países de América latina. Dice que el emoji “no es una pavada, un simple dibujito”, y pronostica que “vamos hacia un diálogo con emoticones, que en definitiva son imágenes”.

Pioneros. Cambiemos sorprendió al usarlos antes de llegar al poder. El 25 de octubre del 2015, el Instagram de Mauricio Macri posteó el clásico emoji amarillo que guiña un ojo. “Esperando”, escribió el entonces candidato. Ya instalado en la Casa Rosada, presentó a su Gabinete con emojis.

Una de las apuestas más fuertes de la coalición gobernante fue la simbiosis de su marca y el dibujo del brazo que marca los bíceps. Un dibujo asociado a la fuerza que se instaló en las redes con el hashtag #YoVotoCambiemos en la campaña 2017 y que incluyó la compra de un emoji propio en Twitter, una operación que cuesta desde 50.000 dólares en adelante. El bíceps sigue vigente con la frase #NoAflojemos. Desde el massismo le responden también en emojis y con otra consigna: #AflojenConLosAumentos. 

Creados en 1999 por el japonés Shigetaka Kurita, los emojis nacieron para reemplazar unas 200 palabras. En la actualidad son casi 3.000. “Generan atención, un poco de sorpresa y potencian el texto. Pero también rechazo y risas, si su uso es inadecuado”, dice a NOTICIAS Juan Manuel Lucero, consultor de comunicación y marketing. La clave para no quedar en offside, explica el especialista, es no caer en “un gesto visual”, y hacer a los emojis “parte de una estrategia de comunicación más amplia”. Sólo con caritas no alcanza.