Economía / 23 de marzo de 2018

Reunión ministerial en Buenos Aires: La primera vez en el G-20

Por

Foto: Mario De Fina

Desde que el G-20, grupo de potencias desarrolladas y emergentes, revivió con la crisis financiera internacional de 2008, siempre los líderes firmaban comunicados finales de las cumbres en los que condenaban el proteccionismo. No importaba que Estados Unidos, la Unión Europea o Japón mantuvieran sus barreras al comercio agrícola. Incluso Cristina Kirchner rubricaba esas proclamas, pese a las medidas para controlar todas las importaciones.

Aun el año pasado, con Donald Trump como debutante en la presidencia de Estados Unidos, se condenó al proteccionismo en la declaración final de la cumbre de Hamburgo, más recordada por los desmanes callejeros que por el contenido de los debates. Pero en la primera reunión de ministros de Hacienda y presidentes de bancos centrales del G-20 en Buenos Aires, preparatoria del encuentro de presidentes que se celebrará aquí en noviembre próximo, por primera vez el rechazo a la cerrazón comercial quedó ausente en el documento que los funcionarios deben aprobar siempre por unanimidad.

Es que esta vez Trump había anunciado el pasado 1 de marzo barreras a las importaciones de acero y aluminio. Sólo ha exceptuado por ahora a Canadá y México, países con los que ya de por sí discute la renegociación del Área de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, según sus siglas en inglés).

“Las tarifas de Trump serán discutidas en la tierra del proteccionismo: la Argentina”, había titulado un artículo de su página web el canal CNN. Y eso que el presidente Mauricio Macri está haciendo grandes esfuerzos por abrir la economía. Además de desmantelar las barreras aplicadas por Cristina Kirchner, promociona que el Mercosur selle tratados de libre comercio con la Unión Europea, Reino Unido, Canadá y otros países.
El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, dijo en la apertura de la reunión ministerial del G-20, este 19 de marzo, que las negociaciones UE-Mercosur estaban bloqueadas, pero al día siguiente se desdijo. Está claro que Francia es el país más proteccionista agrícola de Europa, pero muchos se esconden detrás de ella, como España. Italia o Alemania. El 20 de marzo, en la conferencia de prensa final, en la que fallaron los micrófonos, el ministro anfitrión, Nicolás Dujovne, se mostró optimista para el próximo cónclave de abril en el que debatirán ambos bloques. Su par español, Román Escolano, también sostuvo la esperanza. Quizás más realista fue su colega brasileño y presidenciable para las elecciones de octubre próximo, Henrique Meirelles: “Todo es cierto, lo que dice Francia y lo que dice España. Existe una decisión de la Unión Europea de hacer el acuerdo, pero el problema está en la agricultura de Francia, que es la más afectada por la competencia del etanol y la carne. Es legítimo”.

Pero lo que más se discutió en Buenos Aires fue sobre los aranceles de Estados Unidos al acero y el aluminio. Tanto el secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, como el nuevo vicecanciller (vicejefe de Gobierno) y ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, quisieron poner paños fríos a la discusión y negaron que el mundo vaya camino de una guerra comercial. Claro que Mnuchin aclaró: “No es nuestro objetivo, pero no le tenemos miedo”. Francia y España (país que no pertenece al G-20 pero es invitado permanente) fueron los que más criticaron abiertamente la última medida de Trump.

No por nada el documento final ni mencionó el proteccionismo. Meirelles lo explicó: “El comunicado tiene que salir por unanimidad. Ninguno se manifestó por el proteccionismo, pero había una restricción norteamericana por este tema. No es que hubo una disputa por condenar el proteccionismo porque se sabía que Estados Unidos estaba en contra de condenarlo. Ellos no se juzgan proteccionistas sino que dicen que quieren aplicar medidas antidumping”.

Negociadores. Brasil, la Argentina, la UE, Corea del Sur y Japón negocian con Washington por quedar excluidos de los nuevos aranceles al aluminio y al acero. Australia ya recibió el guiño de Trump de que será exceptuada. Es que Estados Unidos busca aliados y el gobierno australiano, al mismo tiempo que impulsa tratados de libre comercio, también está aplicando barreras. India siempre ha sido proteccionista, pero su actual primer ministro, Narendra Modi, encarna un giro a la apertura. Le sucede como a la Argentina de Macri. En cambio, los países con conflictos de seguridad con Estados Unidos seguramente sufrirán los aranceles a las manufacturas de metales: China, Rusia y Turquía.

El principal destino de las nuevas barreras de Trump es China. Sin embargo, su representante en la reunión porteña, el viceministro de Finanzas, Zhou Guangyao, esquivó a la prensa. Fue de los tantos protagonistas que sortearon a los periodistas.

El otro anfitrión del encuentro, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, comentó en la rueda de prensa final que dos temas suscitaron diálogo intenso. Uno fue el comercio, aunque sostuvo que fue considerado “bueno para todos los países”. Su comentario suscitó sonrisas entre diplomáticos argentinos que lo escuchaban.

El otro asunto que despertó debate fueron las criptomonedas, como el Bitcoin, según Sturzenegger. El G-20 prefirió rebautizarlas criptoactivas, pues no cumplen la función de monedas. Sturzenegger explicó que algunos países plantearon que deben regularse, gravarse y controlarse por el lavado de dinero, mientras que otros destacaron cómo avanzan sobre los medios de pago tradicionales.

Evasión. Los países también debatieron sobre dónde tributan las grandes compañías tecnológicas y lo poco que contribuyen al fisco en los países en los que se consumen sus servicios, según Meirelles. Todos estaban de acuerdo con que deben tributar más, pero cada uno le pone distinto énfasis, según explicó el ministro brasileño cuando NOTICIAS le preguntó sobre los temas más controvertidos de la cita.

Los ministros y presidentes de bancos centrales dialogaron además sobre cómo prevenir nuevas crisis. “La economía mundial va bien, con crecimiento moderado, no eufórico. Pero cuando aumenta la economía, aumenta la tasa de participación en el mercado laboral y esto eleve el empleo sin bajar el desempleo”, advierte Meirelles. Su comentario sonaba mientras el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informaba que el desempleo argentino bajaba del 7,6% al 7,2% entre el último trimestre de 2016 y 2017. Claro que tanto la consultora Ecolatina como el economista de Unidad Popular Claudio Lozano advertían que lo que más crece es el trabajo informal. “El empleo formal continúa estancado”, observó el consultor Matías Ghidini.