Sociedad / 25 de marzo de 2018

Muerte en el Cirque du Soleil: psicología de los acróbatas híper extremos

La muerte de uno de ellos conmocionó a sus compañeros y al público mundial. Cómo piensan estos artistas entrenados para todo.

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Parecía que volaban. Los trajes ajustadísimos dejaban ver sus cuerpos entrenados a nivel profesional. La música melódica y los juegos de luces seguían el ritmo de los acróbatas, que parecían haber nacido con el don de andar por el aire. Alrededor del escenario circular, dentro de una icónica carpa circense, los espectadores estaban alucinados. No sabían que esta era la primera vez que se presentaba un dúo de correas en “Volta”, uno de los espectáculos que el Cirque du Soleil tiene en Tampa, Estados Unidos. La puesta en escena era perfecta pero, de un momento para el otro, la magia desapareció. Uno de los dos artistas, Yann Ar-naud, de 38 años, que protagonizaba el número cayó desde una altura de cuatro metros y murió.

La conmoción para sus compañeros fue atroz. A todos se los entrena durante meses no sólo física, sino también psicológicamente, para enfrentar la muerte cada noche. Hacen piruetas extremas y un equipo de psicólogos los asesora para llevar la vida que les exige el Cirque du Soleil. Los acróbatas saben que esto es parte del riesgo, más allá de las medidas de seguridad que se tomen en el show. Pero ésta es su pasión y como Arnaud, veterano en estas lides, viven al límite.

El Cirque du Soleil nació en 1984 en Canadá por un grupo de artistas callejeros que, sin saberlo, iba a revolucionar la industria circense. La compañía se convirtió en un estilo de vida para los 1.500 artistas que tiene empleados alrededor del mundo. Para ellos, el circo es su trabajo, su pasatiempo y su casa. Y, pasar a formar parte de los elencos, significa aceptar una rutina absolutamente subordinada al show: dejar el país de origen, alimentarse a base de planes elaborados por estrictos nutricionistas, someterse a regímenes de entrenamiento y ensayos exhaustivos, y vivir para actuar diez veces a la semana.

Alto rendimiento. Ser parte del staff del Cirque du Soleil no es para cualquiera. Mariano López es psicólogo del Cirque du Monde, uno de los grupos satélites de acción social que tiene el Cirque du Soleil. Para él, aquello que puede ser visto como algo negativo para un espectador común, es un aliciente para estos artistas: “No todos podrían vivir así. Los contratos son de dos años y es un tiempo en el que tenés que estar lejos de tu familia y dedicado exclusivamente a ensayar. El mundo del circo es un mundo itinerante. Los cirqueros viejos están acostumbrados a moverse, a ser nómades y a vivir en grupo. El que se suma, ya llega con particularidades de ese tipo”, contó a NOTICIAS.

La compañía, que recluta a artistas por todos los continentes y que insiste en hacer un especial énfasis en hallar a artistas callejeros de excelencia, sabe que sus empleados tienen que abandonar todo para sumarse a sus filas. Por eso, desde su sitio oficial, hace hincapié en los beneficios que aporta ser un circense de esta talla: desde salarios generosos hasta regímenes flexibles de días libres y vacaciones. La empresa se compromete con sus empleados a pagarles pasajes de ida y vuelta a sus países de origen durante los años que tengan contrato y, también, ofrecen un “Programa de asistencia a Empleados” al que se puede recurrir cuando algún miembro necesita ayuda para resolver problemas de familiares cercanos.
Cada uno de los 18 espectáculos que tiene en este momento el Cirque du Soleil en el mundo (algunos itinerantes y otros permanentes) cuenta con psicólogos propios que ayudan al grupo a orientarse. Es que, además de provenir de diferentes países y disciplinas, estos artistas tienen que aprender a relacionarse en ambientes nuevos con compañeros de diferentes culturas, religiones y expectativas. De hecho, uno de los directores de acrobacia, Boris Verkhovsky, contó en una entrevista publicada en el sitio oficial del circo que “el desarrollo psicoprofesional es un factor clave” y que “el psicólogo del espectáculo ayuda a reestructurar la actitud, a redirigir el enfoque y el compromiso de los artistas”.

Segunda carrera. El staff de artistas del circo puede dividirse en dos: la mitad llega del mundo de las artes (danza, teatro o música) y la otra mitad del deporte. “La mayoría de los gimnastas y acróbatas llegan una vez que fueron deportistas profesionales en sus países pero que ya no son competitivos”, cuenta López.

Para el vicepresidente de la compañía, Bernard Petior, en estos ex deportistas radica “parte de la singularidad del Cirque”. Lograr destrezas más atrevidas y cruzar los límites es, sin dudas, uno de los grandes atractivos pero también el mayor riesgo. No es casual que, tres de las cuatro muertes que se registraron hasta la actualidad, sean de acróbatas (ver afuera).

El día del trágico accidente, unas horas antes de su presentación, Arnaud había señalado todo ese esfuerzo en una publicación de Instagram: “Después de mucho trabajo, entrenamiento y puesta en escena, nuestro dúo de cuerdas va a entrar en el espectáculo por fin esta noche. Ha llegado el momento”, había escrito.