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Política / 3 de abril de 2018

Alerta Judicial: El vía crucis de Carrió

Lilita aprovecha los cortocircuitos entre Macri y la Corte Suprema para ganar lugar: avanza la guerra contra Lorenzetti. Su Semana Santa.

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La conmemoración de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo son eventos que no pasan desapercibidos para cualquier fiel a las enseñanzas de Jesús y de su padre. Elisa Carrió, ferviente religiosa, está en ese grupo. Su dedicación a la vida cristiana es tal que, en medio de una guerra santa contra Ricardo Lorenzetti y parte de los supremos, a la que se le sumó un aliado inesperado, un enojado Mauricio Macri, se retiró una semana entera a su hogar en Exaltación de la Cruz. Incluso recibe ahí las continuas visitas de su cura de confianza, que la acompaña y asesora en estos momentos de calma antes del tornado. Afuera del coqueto chalet de la localidad bonaerense parecería que nadie respeta los tiempos de silenciosa reflexión: el Gobierno hierve de bronca ante la decisión de la Corte Suprema de trabar su proyecto de reforma de Comodoro Py, y, mientras el Presidente mastica la rabia, cuentan los goles en contra que recibieron de parte de la cofradía judicial desde que el fraudulento Cristóbal López recuperó la libertad, a la que le siguió la de Carlos Zannini y Luis D’Elía. Ni siquiera la novedad de que la candidata oficial para la Procuradoría de la Nación está al borde de ocupar el sillón que dejó Alejandra Gils Carbó lima las penas. Están dados todos los condimentos para que se forme la perfecta tormenta para que Carrió desate su furia divina.

“Se creen dioses. Un día encierran a los que se les canta y al otro los sacan. No avisan, no preguntan, te marcan la agenda, y el Gobierno queda mal porque parece que avala la impunidad. Los jueces federales son terribles, y encima ahora, por miedo a que los caminen a todos, hicieron una alianza táctica con Lorenzetti y la Corte Suprema”, asegura un operador judicial del oficialismo, en sintonía con el pensamiento de Carrió. La bronca del Gobierno nace por la acordada que soltaron tres de los cinco supremos –además del presidente Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti– para trabar el proyecto del oficialismo que buscaba, en un futuro, ampliar la cantidad de magistrados federales de Comodoro Py de doce a veinticuatro. En los hechos esto sería doblegar, exactamente a la mitad, el poder que tienen los caciques de Py que se mueven con una brújula propia, muchas veces motivada más por vendettas personales que por razones judiciales o políticas, y que siempre descolocan a este gobierno.

La Corte, temerosa de que las designaciones de los nuevos miembros no fueran debatidas dentro del Senado, donde tienen llegada con el peronismo, empantanó la idea. Esa decisión significó un antes y un después. “La relación con Lorenzetti nunca estuvo tan mal”, dicen cerca del Presidente, quien hace dos años se dedica a contener, como un experimentado domador de fieras, a Carrió. Ahora, con la furia calabresa desatada, llegó la hora de Lilita. Todos contra la pared.

Pascuas. “La religión es sagrada para ella, se va a tomar unos días. Podría aparecer en el medio de comunicación que quisiera, en cualquier canal de televisión, o hacer llegar su palabra a los diputados, pero maneja sus tiempos: recién volverá a la actividad cuando pase la semana de la festividad cristiana”, aseguran cerca de la legisladora. Sus colaboradores son tajantes, y dicen que no hay forma de convencerla de que en estos días se dedique a algo que no sea su fervor religioso. A ese éxtasis católico se le suman las satisfacciones que generan las profecías cumplidas: de igual manera que hizo Cristo, que en el martes santo les anticipó a sus íntimos la inminente traición de Judas, la diputada venía advirtiéndole del peligro Lorenzetti a Macri desde que este asumió. Hasta la acordada de la Corte, esas premoniciones de Carrió, que había llegado incluso a pedir el juicio político del supremo número uno –“tiene un aparato de inteligencia que le responde”, llegó a decir la diputada–, venían cayendo en oídos sordos.

Sin embargo, Dios premia la paciencia de los buenos, y ahora Carrió se relame pensando en que, finalmente, la mira del Presidente cayó sobre su enemigo predilecto y, sobre todo, personal. “La guerra contra Lorenzetti es eterna”, aseguran los “lilitos”. Si el oficialismo coquetea con la idea de la guerra contra “la corpo judicial”, Carrió ya tiene el casco puesto y los espera en la trinchera.

El relax católico de la mujer, sin embargo, tuvo unas pequeñas interrupciones. Primero porque ya palpita, para el final de la semana santa, el rol protagónico que va a asumir en el debate por la despenalización del aborto, del que ya se pronunció en contra y que promete un nuevo round dentro de su batalla personal contra Jaime Durán Barba, el cerebro del PRO. Cerca del gurú ecuatoriano que, como buen ajedrecista, planea cada movimiento con anterioridad –incluso, como adelantó NOTICIAS, midió la aprobación que tendría el aborto y le presentó los números, que eran favorables, al Presidente–, imaginan alguna embestida de “Lilita”. No es lo único que desvela a Carrió en la Semana Santa. La dirigente de Cambiemos, a pedido del Consejo de la Magistratura, tuvo que salir de su zona de confort y ampliar su denuncia contra los jueces Jorge Ballestero y Eduardo Farah.

La jugada que armaron los camaristas, que en una sospechosa movida aprobaron la liberación de Cristóbal López, es uno de los elementos que sacudió el tablero judicial que manejaba el Gobierno y del que Carrió se colgó para salir del extraño ostracismo en el que había pasado la mayor parte de este año. “Nos sorprendió que no dijera nada del caso de Triaca o de la cuenta de Vicente Díaz Gilligan”, aseguran desde el oficialismo. Sin embargo, la excarcelación de López no iba a pasar desapercibida. El mismo viernes 16 en que el empresario y su socio Fabián De Sousa recuperaron la libertad, Diego Villanueva, el vocero de Lilita, sabía que iba a tronar el escarmiento. Dicho y hecho: apenas la vio, ambos se sentaron a redactar la denuncia ante el Consejo que, al cierre de esta edición, ese organismo le exigió ampliar.

Tanto en el círculo de Carrió como en el Gobierno están convencidos de que hay un movimiento espurio detrás de la jugada de los camaristas. Dentro de los pasillos del Ministerio de Justicia que conduce Germán Garavano, esa sospecha se materializó en un número: tres millones de dólares, de parte del círculo del empresario K, para cada camarista. Un escándalo mayúsculo. No sólo fue polémica la decisión de liberar a Cristóbal, que además vino con el cambio de carátula, de fraude a evasión que le bajó el tenor a su frente judicial, sino que fue más insólita la forma en la que se convocó a Eduardo Farah a desempatar entre Ballesteros y Leopoldo Bruglia, el otro integrante de la Sala I de la Cámara Federal. Ante las pardas –a esa sala le falta el tercer miembro, Eduardo Freiler, destituido a fines del año pasado–, Ballesteros emitió una nota diciendo que, como Farah, de la Sala II, había intervenido en una causa conexa previamente, debía intervenir. Es decir: no hubo sorteo, como debe ocurrir en estos casos. Farah, de manera todavía más extraña, se apuró a dar una entrevista, días después del fallo, para aclarar que “no había cobrado un peso” para liberar a López. Raro. ¿Qué juez explica que una decisión suya no fue motivada por un soborno? “En Comodoro Py la interpretación de la ley es muy flexible, a punto tal de sembrar incertidumbre en todo el edificio. Los jueces, a menudo, se alejan de las reglas de la sana crítica”, explica el penalista Hugo López Carribero, director del Instituto de Derecho Penal.

Furia. El laberinto de intrigas y movidas políticas no terminó ahí. La Corte Suprema, después de enfurecer al macrismo con la acordada sobre la reforma de Py y con el poder de tener la palabra final sobre la reforma previsional, sobre la que todavía no se expidieron, tomó una decisión todavía más imprevista. Por primera vez en la historia le solicitó al Consejo de la Magistratura que investigue la participación de Farah en toda esta historia. “Están sobreactuando cordialidad”, dicen las voces más críticas del Gobierno. Cerca de Garavano son un poco más optimistas: “La maniobra es tan rara que les llamó la atención, nada más”.

Toda esta jabonosa espiral es, sin embargo, transparente para la cabeza de Carrió. “Es una conspiración de la corpo judicial para liberar a Julio De Vido”, les dijo, con bronca, a sus colaboradores. La decisión del juez Luis Rodríguez de apartar al fiscal Carlos Stornelli en la causa Río Turbio, donde se investigan presuntos desvíos por casi 30.000 millones de pesos por parte del antiguo ministro de Planificación Federal, fue, para la diputada, una prueba más de este presunto operativo. “Se dedicó más a mirar los puntos y comas de mis escritos que a investigar la causa”, le devolvió el fiscal Stornelli a Rodríguez.

En la clarividencia mística de la que muchas veces Carrió hace gala sobresale una seguridad: la sintonía con Macri atraviesa un gran momento, aunque Lilita va a intentar que el Presidente no ceda un centímetro en el reciente conflicto con Lorenzetti. “Hablan muchísimo, sobre todo de la Justicia”, dicen desde el riñón de la líder de la Coalición Cívica. Aunque la mujer es impredecible, parecería que la alianza entre ella y el Presidente continúa a salvo.