Música / 5 de abril de 2018

Contra todo pronóstico

Phill Collins. Estadio lleno, clásicos, los mismos músicos de siempre y un cantante de lujo en una noche mágica.

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★★★★★ Que decidiera comenzar sus conciertos argentinos con una balada, “Against All Odds” (“Contra todo pronóstico”), en Córdoba y Buenos Aires –como en otros puntos de la gira–, fue todo un símbolo. Phil David Charles Collins, este inglés de 67 años que pasó con la misma solvencia por el rock sinfónico y por el pop, que se hizo cantante siendo un gran baterista y que atravesó a varias generaciones con su música, está de vuelta de muchísimas cosas. De sus adicciones, que ha terminado sorteando. Y de sus enfermedades, que le impiden hace tiempo darles a los platos y los parches y que lo tienen tan a mal traer que lo obligan a entrar al escenario apoyándose en un bastón y a cantar sentado. Por eso se da el lujo de bautizar su gira “Not Dead Yet” (“No muerto aún”), casi como una humorada; o arrancar con un “lento”, cuando todas las lógicas del negocio sugerirían lo contrario.
Podría suponerse entonces que lo que ocurrió después fue sólo un concierto nostálgico y hasta con un dejo de melancolía y respeto por un pasado glorioso. Claro que eso estuvo y la emoción y hasta las lágrimas se mostraron en los rostros de muchos inclusive antes de que terminara la primera canción. Pero como si nada hubiera pasado y estuviera en su mejor forma, Collins mostró en la muy fría noche de final de verano porteño del Campo Argentino de Polo, un show tan contundente y redondo que no admitiría la más mínima consideración piadosa.
Lo que ocurrió fue una catarata de hits que arrancaron en los “tempi” más tranquilos y fueron aumentando su intensidad a medida que transcurría la noche. Explotó a su muy buena cuerda de metales en piezas como “I Missed Again” o “Hang in Long Enough”. Tuvo sus momentos Genesis con “Throwing It All Away”, “Follow You Follow Me” e “Invisible Touch”. Volvió sobre “Covers” de Stephen Bishop (“Separate Lives”, a dúo con su corista Bridgette Bryant), The Supremes (“You Can’t Hurry Love”) y Philip Bailey (“Easy Lover”). Aprovechó el talento de su viejo compañero, el guitarrista Daryl Stuermer (otro que pasó por Genesis), en un gran solo para “Something Happened on the Way to Heaven”. Hizo rendir al máximo a una banda numerosa en la que sobresalen las voces del coro, los vientos, su hijo Nicholas de 16 años en la batería, el citado Stuermer y el bajista Leland Sklar. En la lista de piezas amadas por sus fans estuvieron además “Who Said I Would”, “In the Air Tonight”, “Dance into the Light” o “Sussudio” –alguno se quejó de que faltara “One More Night”–. Y como si fuera poco, cerró su show con un bis: “Take Me Home”. Maravilloso.

 

Phil Collins pasó por nuestro país con su gira “Not Dead Yet”. En Buenos Aires hizo emocionar y bailar a 55.000 fans.