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Arte / 5 de abril de 2018

Son las nuestras

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El día, el mes, de la mujer tuvo y tiene este año resonancias extraordinarias, por la propia lucha de muchas mujeres, por razones políticas, por la amplificación que brindó Hollywood a las denuncias de acosos y salarios desiguales entre mujeres y hombres. Este es un año reivindicativo; ninguna empresa comercial osó “celebrar” a la mujer con detalles superficiales. Las acciones y exhibiciones se desarrollaron en infinidad de instituciones y galerías comerciales.
Desde hace décadas, muchas artistas y curadoras trabajan en solitarios reclamando por mayor presencia de mujeres en la historia y el arte actual: las artistas están menos representadas en colecciones públicas, obtienen menos premios, tienen escasas oportunidades de exhibir en instituciones consagratorias. Es paradójico, el circuito tiene importante estructura femenina en puestos directivos (galeristas, directoras de fundaciones, museos).
El Museo Nacional de Bellas Artes despliega obras de gran formato –pertenecientes a la colección– en “A la conquista de la luna”, título de un díptico de Raquel Forner, integrante de la muestra junto a Elba Bairon, Graciela Sacco (recordada también en Untref), Liliana Porter, Mónica Millán, Raquel Forner, Noemí Gerstein y Diana Dowek. “Al elegir el gran formato… muchas artistas rompieron con el mandato que las recluía a una pintura intimista, de pequeña escala, y a los géneros estéticos ligados a ese universo: el paisaje y la naturaleza muerta, entre otros”, señala Mariana Marchesi, directora artística de MNBA.
Dowek es singularizada aquí por ser incansable en la búsqueda de igualdad, incluso de género, y por su exploración de nuevos soportes y materiales. Presenta “Argentina 78”, que materializa –con alambres de acero– los alambrados que ya pintaba desde antes de 1978; año del Mundial de Fútbol que muchos argentinos vivaron, cuando transcurría el pico de la represión durante la dictadura (1976-1983). Mallas de alambre abrazan de forma incompleta a la pintura central mostrada en reverso, luego a la derecha se ve otra pintura enjaulada y a la izquierda el puro alambrado: fracturas, cercos, exclusiones. Es autora de la serie “Mujeres queridas”, 15 retratos de sus admiradas, como la luchadora social Clara Zetkin (impulsora del Día Internacional de la Mujer).
Como la pionera Gerstein (MNBA), Luciana Lamothe posee el talento para trasmutar el hierro en esculturas que parecen moverse. En “Ensayos de abertura”, en galería Ruth Benzacar, la artista también –al decir de Marchesi– enfrenta “los patrones de la femineidad en relación con la escultura”. Abre, rasga, cuartea, enrula caños de hiero y les otorga diversas y bellas formas –cortina, corona, puntal, ramillete, y más–; había que verla trabajar en el Centro Munar (La Boca) soplete en mano manipulando, modificando
el material, como si fuera fácil.