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Política / 19 de abril de 2018

Interna peronista: Renovación a la marchanta

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La calle Matheu está cortada y repleta de militantes del Partido Justicialista que responden al presidente que ha salido a la fuerza, José Luis Gioja. En el número 128, en el edificio peronista, un hombre trabaja en la puerta. Hugo, el histórico cerrajero, hace su labor de siempre: nueva administración, nueva llave.

El periodista Daniel Malnatti se lo cruza y le pregunta por el simbólico acto:

–¿Quién le pidió que haga este trabajo? –interroga.
–El que me lo pide siempre.
–¿Usted trabaja para Luis Barrionuevo?
–Yo soy peronista.

Es la tarde del miércoles 11, y el inicio de una nueva administración decidida por la jueza María Romilda Servini en la Justicia. Adiós a Gioja, hola Barrionuevo.

Pero a los 15 minutos de haberse ido, el cerrajero Hugo vuelve.

–¿Qué pasó? –le preguntan los presentes.
–Me llamaron de nuevo porque no abre desde adentro. Vengo a limar la llave –responde.
–Si se van a encerrar adentro, como lo hizo Gioja, al menos que lo decida Barrionuevo, no la llave de Hugo –dicen risueños desde afuera.

La batalla de Matheu comenzó el martes 10. Tras conocerse la decisión de la Justicia de intervenir el partido, Gioja se encerró en la sede y apenas salió un par de veces, acompañado por militantes, a hablarle a las cámaras apostadas en la entrada. Por la noche se retiró y ya no volvió a Matheu 128. Barrionuevo quedó adentro, aunque nadie en el PJ celebró la decisión. Querían renovación: consiguieron todo menos eso.

Despegue. Cada ciclo, las serpientes mudan su piel. El peronismo suele hacerlo. La estructura es la misma, pero va tomando la forma de un nuevo líder que los representa. Aunque esta vez los problemas son mayores: “Tocamos fondo”, dicen desde todos los sectores. La estructura está oxidada.

Si hasta el mismísimo Eduardo Duhalde le dijo en la cara a Barrionuevo antes de que entrase al edificio del PJ: “Lo que necesitamos es una renovación. Que venga sangre nueva”.
Por los constantes tropezones del presidente Mauricio Macri, el peronismo se debate entre dar el zarpazo, y trabajar para dejar al mandatario sin reelección, o morir en una implosión.

Mientras se ven escenas de peronismo explícito en la sede del PJ, otro grupo lucha por reinventar el partido. Encabezados por el senador Miguel Ángel Pichetto, se ilusionan con darle aire fresco con los sub 50: Sergio Massa y José Manuel Urtubey, dos de los posibles candidatos en el 2019 y con quien el legislador habla por teléfono frecuentemente.

Pero para lograrlo ya comenzaron con el operativo despegue de Cristina Kirchner, que es un salvavidas de plomo: es la que más votos junta, pero por su inigualable imagen negativa tiene la derrota casi asegurada. “Hay que generar nuevos liderazgos, sin Cristina y sin La Cámpora”, enfatizó en su última aparición pública el senador Pichetto.

La ex presidenta no emite opinión. Apenas se sabe del Frente para la Victoria a través de alguno de sus legisladores, como Agustín Rossi, que ante la intervención del partido les dijo a los demás dirigentes: “Es una estrategia del Gobierno para dividir nuestra fuerza política. Y nosotros estamos más unidos que nunca”. No hubo risas, ni reproches: lo dijo en serio.

Renovación. El peronismo que viene es un iceberg. Se ve poco, mientras que debajo del agua se trabaja y se rosquea mucho: preparan lo que, consideran, será el futuro.

Por un lado, Massa cocina una alianza con el ex ministro de Transporte K Florencio Randazzo, sin fotos ni medios. Quieren jugar al misterio. El tigrense no está dispuesto a fallar otra vez, como lo hizo en el 2015, por eso se prepara con su equipo en distintas áreas y va al fonoaudiólogo para terminar con ese pitido en la voz que fue tan característico y que, cree, lo hace ver ridículo.

Por otro lado, Urtubey se entusiasma: sin reelección posible en Salta, le queda ir por la presidencia o conformarse con una senaduría. Va por todo. Ya tuvo tres reuniones con el gurú español Antonio Sola, el que podría transformarse en su Durán Barba. Y a diferencia de Massa, que se guardará hasta después del mundial, el salteño ya comenzó a dar vueltas por los medios, aunque le esquiva a la confirmación de sus intenciones: “Para qué hacerlo. Si lo decís tan pronto es más lo que tenés para perder que para ganar. Todos te van a salir a criticar”, explican en su entorno. Y mientras se mide el traje de candidato, espera que su mujer, la actriz Isabel Macedo, dé a luz al primer hijo de la pareja.

El gobernador salteño sueña con la fórmula Urtubey presidente, Massa gobernador. Del otro lado, el tigrense anhela que el PJ sea al Frente Renovador lo que es el radicalismo a Cambiemos: la estructura de un espacio superador. Ambos, de buena relación, se mantienen comunicados a través de WhatsApp. Son los principales exponentes de la corriente del “peronismo sin prontuario” y buscan un solo objetivo: meterse en un eventual ballottage contra Macri.
Si lo que están construyendo prospera, uno de los dos tendrá que ceder.

PJ Tour. Mientras tanto, el bloque de legisladores justicialistas comenzó una recorrida por el país. La primera parada fue Gualeguaychú. Las siguientes estaciones están en Córdoba el 27 y 28 de abril y en Mendoza en mayo.

Desde el entorno de Pichetto niegan que el jefe de bloque del PJ se haya convertido en el fiscalizador del partido. El que junto al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y una mesa chica serán los encargados de ungir al candidato. Pero es la realidad la que lo puso en ese lugar.

Cada vez más distanciado de la ex presidenta Cristina Kirchner, el senador dice que tiene “todas las energías puestas en la reconstrucción”. Como el resto de los “moderados”, vio desde afuera el escándalo de la intervención del PJ. Apenas un correcto comunicado del bloque y una sensación expresada a los suyos: “No era el camino”.

Del otro lado, para llenarle de piedras el sendero de la reconstrucción, Macri busca conservar su buena sintonía con gobernadores opositores. Por eso, los juntó en Iguazú, “para escucharlos”, según su invitación. El misionero Hugo Passalacqua, el chaqueño Domingo Peppo, el entrerriano Gustavo Bordet y hasta el formoseño Gildo Insfrán fueron de la partida. Divide y reinarás.
Solo algunos de los peronistas históricos quieren relegar a la nueva generación para hacer su último intento: Alberto Rodríguez Saá sueña con unir al FpV con el PJ y el cordobés José Manuel De La Sota también jugará sus fichas: mientras tanto se ocupa de “El Hombre”, aquel eslogan presidencial que se transformó en una tienda de ropa. Ya aparecieron algunas pintadas en la capital cordobesa que intentan forjar una idea: “De La Sota 2019”.

Todavía tienen tiempo para sacar del fondo al peronismo. Lo que no tienen son demasiadas alternativas: lo único que lograron en los últimos años fue darse tiros en los pies.