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Política / 25 de abril de 2018

El freak show de Luisito Barrionuevo como interventor del PJ

Casi sin apoyos, el gastronómico resiste en el Partido Justicialista. Insólita conferencia y enojo de Moyano. La tibieza de Urtubey, el silencio de Massa.

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Hugo del Carril jamás imaginó que iba a tener que competir con Carlos Pascual “Tula” en una batalla de canto, pero lo bueno del peronismo es que jamás deja de dar sorpresas. La escena es tragicómica. “Tula”, el histórico hombre del bombo, captura el micrófono que acaba de usar Luis Barrionuevo en su asunción formal como interventor del Partido Justicialista, y entona la marcha a grito pelado. El aparato estaba preparado para la conferencia de prensa en la sede de la calle Matheu y no para el volumen de una canción, y por eso la particular versión del hit que hace el hombre de las mil y una marchas tapa a Del Carril y ensordece a todos los presentes. Si no fuera porque, después del gastronómico y sus asesores Julio Bárbaro y Carlos Campolongo, “Tula” es la persona con más peso político de toda la concurrencia, el show sería tan sólo divertido, pero el inesperado sketch desnuda algo crudo: al día de formalizar su mandato, Barrionuevo está solo, sin la presencia de un sólo intendente, gobernador o algún aliado de fuste. Como si fuera poco, “Tula” se olvidó su instrumento preferido.

El líder de Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos sabe lo endeble del cargo que le otorgó la jueza María Servini de Cubría el 10 de abril. Es consciente de que antes de elegirlo a él la oferta pasó primero por los escritorios de, entre otros, Eduardo Duhalde, Ginés González García y Miguel Pichetto. Sabe también que en la primera quincena de mayo la Cámara Nacional Electoral deberá decidir sobre la legitimidad de su puesto, y que el pronóstico parece adverso. Barrionuevo se ríe. “Hasta entonces soy un funcionario de la Doctora”, le cuenta a quien se lo cruza, en tono jocoso. Es que el sindicalista, a pesar de la tormenta en contra, se siente bien. En su mejor momento. “Se puso lindo esto”, repite.

Shock. Los pocos que estuvieron presentes en la oficina de Servini, en la reunión de los últimos días de marzo, cuentan que Barrionuevo estuvo un rato largo en silencio cuando la jueza, a quien conoce de hace décadas, le propuso ser el interventor. En la conferencia de prensa, el gastronómico contó, divertido, que aceptó la oferta al instante, pero ante sus íntimos confesó que pasó casi un minuto en silencio sopesando la idea, totalmente sorprendido. “No me lo esperaba, a mi edad uno está más para jubilarse que para otra cosa”, deslizó el hombre de 76 años. De la manera que sea, desde que salió del despacho en Tribunales Barrionuevo se propuso disfrutar a fondo sus nuevos quince minutos de fama. “Nadie sabe tanto del peronismo como yo, por eso me eligieron”, se jacta. Y, ante NOTICIAS, provoca: “Antes el partido era un vegetal, estaba muerto. Ahora están las puertas abiertas. Mi máximo sueño es que en el 2019 pueda haber un compañero dentro de la Rosada”.

Pero, más allá de su arrolladora personalidad, el gastronómico necesita aliados para mostrarse fuerte. O para, al menos, exhibir una renovación, idea que es difícil de vislumbrar cuando se sienta al lado del septuagenario Bárbaro. Por ahora no los tiene. Hugo Moyano, con quien había llegado a un entendimiento para avalar a la conducción de la CGT al menos hasta el año que viene, contra el deseo de los más cercanos al Gobierno que pretenden nombrar a Héctor Daer, ya le bajó el pulgar. “¿¡Qué tiene que meterse este con la Justicia!?”, le dijo el camionero en una reunión del gremio de Cerveceros el lunes 16, donde además reveló que Barrionuevo jamás lo llamó para avisarle de su nuevo cargo. En ese entorno, movilizado por la vuelta de Moyano, jamás le perdonaron al nuevo cacique del PJ no asistir a la marcha de febrero que organizó Hugo.

Barrionuevo asegura que tiene algún tipo de entendimiento con el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Desde las tierras norteñas le bajan el tono. “Es muy polémico Luis, pero por lo menos no es kirchnerista. Nuestro único consuelo es que peor que antes no se podía estar”, dicen cerca de Urtubey, resignados. Este apoyo es aún más débil de lo que parece: Rodolfo, senador y hermano de Juan Manuel, estuvo entre los que firmaron el comunicado de Pichetto que se manifestó contra la intervención. Sin embargo, la falta de apoyos de Barrionuevo lo llevó a no ser tajante con la exclusión a la gente de Cristina Fernández de Kirchner. “Si tienen causas deberán ir a la Justicia, pero si no, les abrimos la puerta a todos”. ¿Se sostendrá, si se suman los K, la tenue relación con Urtubey?

La única esperanza del sindicalista es Sergio Massa. “Lo vemos con alguna simpatía. Que Sergio no lo haya criticado es una declaración en sí misma. Ojo: pensar que tuvimos algo que ver por lo de su esposa es un delirio, Graciela tiene vuelo propio”, dice uno de los voceros del Frente Renovador. El sindicalista les contó a los suyos que su mujer, Graciela Camaño, mano derecha de Massa, lo “cagó a puteadas” cuando se enteró de la intervención. “Me dijo que me deje de joder, que no me meta en más quilombos”. Sin embargo, las declaraciones parecen pensadas de antemano para despegarse. “Siempre se movieron juntos, tiran que se pelearon para guardar las formas”, dice un abogado que conoce al matrimonio desde hace décadas. El Gobierno, por ahora, se despega. “Es un tema del peronismo”, a lo que Barrionuevo complementa ante quien lo acusa de ser servicial a Macri: “No hablé con nadie de ellos, nunca voy a ser funcional”.

El porvenir de Barrionuevo parece ser como su conferencia: un show divertido pero con un futuro tan arenoso como la voz de “Tula”.

 

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