Opinión / 26 de abril de 2018

Noche oscura para el Gobierno en la Feria del Libro

Los funcionarios de Cultura soportaron quejas y escraches en la fiesta más importante de la Cultura. Por qué el gobierno no logra conquistar a los intelectuales.

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La tradicional ceremonia de apertura de la Feria del Libro, este año, se transformó en una noche oscura para los funcionarios del gobierno presentes: los titulares de la cartera de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogadro, y de la Nación, Pablo Avelluto.
Alumnos de los profesorados de Buenos Aires en protesta por el proyecto que promueve Cambiemos, de unificar en una universidad toda la formación docente de la capital (UniCaba), impidieron a ambos ministros pronunciar las palabras previstas para esta ceremonia.

Pero no fue la única queja de la noche, aunque si la más ruidosa e irreductible. Minutos antes, el titular de la Fundación El Libro, institución organizadora de la Feria -Martín Gremnelspacher- , se refirió a las dificultades que atraviesa el sector por múltiples causas, algunas, con responsabilidad directa del gobierno: impuestos, tarifas, el descenso en las compras para instituciones educativas públicas (compras que representan un gran volumen de venta para las editoriales) y hasta la ambigua actitud que las autoridades exhiben a la hora de apoyar los reclamos por derechos de autor que hacen escritores y editoriales a los gigantes de internet.

La noche culminó con un encendido discurso de Claudia Piñeiro, escritora invitada para la inauguración, quien se refirió a varios temas en debate: la ley de aborto legal (para la cual ha militado activamente), el lugar de las mujeres en el campo cultural y la necesidad de proteger la industria del libro.

El ámbito de la Cultura, aún cuando ciertos actores parezcan amigos, sigue siendo un terreno resbaladizo para el gobierno que no logra hacer pie o más bien, pararse sobre sus logros.

Un espacio en el que no pueden dar nada por descontado y donde les conviene, más bien, lograr buenas alianzas.

Nada de proyectos improvisados o de última hora que no nazcan de un consenso con todas las partes.