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Política / 8 de mayo de 2018

Mauricio Macri: de Cristina a Christine

El Presidente anunció su Plan B: el regreso del FMI al lenguaje cotidiano de los argentinos. Las culpas de los otros y las soluciones ortodoxas desde afuera.

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Mensaje grabado, cortito y al pie. Cara de tengan calma. Las “condiciones mundiales” no nos favorecen. Menos aún el “desastre heredado”. El “compromiso de decir siempre la verdad” consiste en lo siguiente: el problema son los otros, es decir, las decisiones del amigo Donald, los desatinos de la enemiga Cris… El aquí y ahora, en tiempos de la mal llamada post-verdad, pasó a ser una categoría inexistente: vivimos anclados al allí y ayer.

Mauricio Macri, asistido por un equipo económico desarticulado y small (él mismo, para evitar “choques de egos”, desistió de tener un ministro grande y designó un grupo de asistentes pequeños), decidió que la “bomba” de Cristina Kirchner sea desarticulada con ayuda de Christine Lagarde. En términos políticos, de Cristina a Christine se consolida la tendencia híper-pendular que, como ya es costumbre, nos anima en cuanto país empobrecido desde hace décadas. Esto, al borde de una campaña presidencial, significa más grieta. Más griterío. Más “de qué lado estás”… Vos o yo es una opción primitiva. La selva.

Vivimos en lucha permanente contra el pasado inmediato. Menem contra el fantasma de Alfonsín; De la Rúa contra el fantasma de Menem; Duhalde contra los fantasmas de los otros tres; los K contra los fantasmas de Duhalde, De la Rúa, Menem… La culpa siempre es del otro porque vivimos siempre “saliendo” del otro. El futuro nos resulta esquivo porque el presente es una baldosa, una fina cornisa. No sabemos adónde vamos. Apenas creemos saber, confundidos por la emoción violenta de la pelea electoral, de dónde venimos. Adónde no queremos volver (como si fuese posible volver a lo que ya pasó).

El FMI nada tiene de nuevo. Es pasado puro, en siglas. En términos históricos, huele tan a viejo como el orden de la posguerra: un orden del siglo pasado que ya es desorden y está en plena (e imprevisible) reformulación. Es el organismo supranacional más cuestionado de todos los existentes. Eje de un “mercado de capitales interestatales” gobernado por los más fuertes.

El axioma oficial afirma, cual verdad de Perogrullo, que no se puede gastar más de lo que ingresa. Resolver el problema con deuda y más deuda y más deuda, ¿lo resuelve o lo agrava? Vivir endeudados es vivir con lo que no tenemos. Hay que devolverlo. Y el costo ya pasa a ser altamente político: pedirle al Fondo, además de endeudarse, significa “entregar” el control de nuestras cuentas. Menos plata y menos autonomía no suena a más futuro. Esta película ya la vimos, en sus versiones blanco y negro.

Lo que le falta a la Argentina (no a Macri, al país) es un verdadero Plan A consensuado y duradero. Producir, producir y producir. Agregar valor y agregar valor y agregar valor a lo que producimos. Tecnificar, tecnificar y tecnificar. Y lo más básico: educar, educar y educar. De Cristina a Christine, hay más de lo mismo.

Sólo queda rogar que oficialismo y oposición estén a la altura de conducirnos y redireccionarnos al futuro. No a durar hasta mañana a la mañana.

 

*JEFE de Redacción de NOTICIAS.