Mundo / 8 de mayo de 2018

Tiempos de Tregua: Mitin en Corea del centro

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La imagen del líder de Corea del Norte Kim Jong-un en la mañana del viernes 27 de abril, trasponiendo de la mano del presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, la línea de demarcación entre ambas naciones en Panmunjom, en la zona desmilitarizada, pasará a la historia.

Las tensiones que tuvieron su punto culminante en la guerra retórica entre el presidente Donald Trump y el líder de Corea del Norte en los últimos meses del 2017, en paralelo con las evidencias de que Corea del Norte había avanzado lo suficiente en sus programas nuclear y misilístico como para disponer de una bomba de hidrógeno que pudiera alcanzar el territorio continental de los Estados Unidos, alimentaron la posibilidad de que las palabras ofensivas dieran lugar a una escalada que todas las partes tuvieran que lamentar. Y sin embargo, a meses, el conflicto parece desactivado.

Inicios. La guerra de Corea iniciada en 1950, técnicamente aún no ha terminado: en 1953 se firmó un Armisticio pero nunca pudo transformarse en tratado de paz. Esta circunstancia, unida a las alianzas geopolíticas que tejieron ambas naciones, a uno y otro lado del paralelo 38, Corea del Norte con China y la Unión Soviética (luego Rusia ), y Corea del Sur con los Estados Unidos y Japón, convirtieron a la península en la región más militarizada del mundo.

A expensas del bienestar de su gente y con esfuerzo, Corea del Norte logró desarrollar armas nucleares incluyendo bombas de hidrógeno. También logró miniaturizarlas lo suficiente como para montarlas en misiles intercontinentales, que superaron pruebas con razonable éxito. Y Pyongyang cuenta con armas químicas y biológicas, y una artillería convencional de miles de piezas con suficiente alcance para abatir Seúl, la capital de Corea del Sur, ubicada a sólo 47 kilómetros de la frontera. Por otra parte, además de sus propios recursos militares, Corea del Sur cuenta con el compromiso por parte de Estados Unidos de uso de sus armas convencionales y armas nucleares si estuviera en juego la seguridad de su aliado. O sea Seúl forma parte de los aliados estratégicos del sistema de disuasión nuclear extendida de Washington. Tal protección incluye la presencia de 25 mil efectivos estacionados en el país y la realización de periódicos ejercicios militares combinados entre ambos países.

Armisticio. En este estado de cosas los líderes del norte y del sur, con esta Cumbre, parecen estar dando una oportunidad a la paz y así lo hacen saber en la Declaración de Panmunjom. La reunión bilateral es consecuencia de un proceso de construcción de confianza que se inició en febrero con la participación de Corea del Norte en los Juegos Olímpicos de invierno en PyeongChang.

El presidente Moon fue en gran medida artífice de todos estos logros, que fijarán el marco de referencia para reunión entre Kim y Trump, hacia fines de mayo.

En la Declaración de Panmunjom, ambos líderes anunciaron la cesación de actos hostiles, incluyendo la emisión de propaganda audible del otro lado de la frontera, y la intención de llevar a cabo conversaciones que incluyan a Estados Unidos y China para la firma del demorado Tratado de paz. El texto habla de “reconciliación” y fija algunos hitos en un cronograma.Sin embargo el punto central de la relación estratégica entre todos los actores relevantes en la península de Corea, la llamada “desnuclearización” es abordada de una manera “light” en el documento. En ese sentido la Declaración confirma el “objetivo común” de lograr una península de Corea libre de armas nucleares y acuerdan llevar adelante sus respectivos roles al respecto y buscar cooperación de la comunidad internacional. Sin embargo no se avanza con un cronograma.

Nuclear. Lo que sí aparece como referencia indirecta es el paso de Corea del Norte de suspender sus ensayos nucleares y misilísticos, y de cerrar el sitio de Punge-ri en el norte del país donde fueron realizados tales pruebas entre 2006 y 2017 (Pyongyang habría completado satisfactoriamente su etapa de testeo de armas nucleares y ya no necesitaría realizar nuevos). Una forma indudable de confirmar esta intención positiva sería que Corea del Norte se convierta en estado parte del Tratado sobre la Prohibición Total de Ensayos nucleares (CTBT), lo cual aún está por verse.

Aquí el punto es si verdaderamente existe alguna propuesta que pueda resultar suficientemente atractiva como motivar al joven líder a dar el paso de un desarme nuclear completo, irreversible y verificable.

En vista de una larga historia de marchas y contra marchas existen muchas dudas al respecto. Aún así el mundo celebra los enormes avances que estas negociaciones representan, en un contexto internacional que se torna cada vez más complejo.Pero después de 65 años de desencuentros el objetivo de lograr estabilidad y seguridad para la península.

Se trata de un problema complejo y multidimensional, en el que se tejen los intereses de subsistencia del gobierno de Kim, aspectos asociados al profundo deterioro económico en el país debido tanto a las propias políticas del régimen, que destina más del 20% del PBI a gastos militares como a las múltiples sanciones por su programa nuclear y misilístico.