Personajes / 9 de mayo de 2018

Elisabeth Checa: “Hay mucho macaneo en la gastronomía”

Periodismo, vinos y viajes. Amores, pasiones, seudónimo masculino, amistad con Ravi Shankar y aburrimiento de los restaurantes.

Un día sin vino es un día sin sol”, dice una frase de la Provenza, que Elisabeth Checa hizo suya e incluyó en Los Buenos Vinos Argentinos 2018, su tradicional guía de la vitivinicultura argentina.

“Yo lo disfruto siempre, aunque esté sola, incluso en los aviones, donde el vino es tan malo. No se me ocurre comer sin vino”, asegura Checa, un emblema del periodismo de vinos, gastronomía, viajes y buena vida.

Checa es, además, una mujer interesante. Sus experiencias en distintos países, su curiosidad por conocer, sus amores y su disfrute de la buena vida dan cuenta de un espíritu intenso, apasionado e intrépido.

Noticias: ¿Se acuerda de la primera vez que probó vino?

Elisabeth Checa: De chica no tomaba. Quizás fue en mi luna de miel, en Mar del Plata y Punta del Este, con mi primer marido. Tomábamos vino Norton. Después, ya separada, tendría 21 o 22 años, viajé por primera vez a Europa y me quedé un año. Ahí conocí distintos vinos y traje la costumbre de tomar cotidianamente.

Noticias: Comunicar sobre gastronomía, vinos y viajes parece un trabajo soñado.

Checa: Te lo regalo. Quizás estoy pasada de ir a restaurantes durante tanto tiempo. Hay lugares fantásticos y otros, menos. Además, engordás. Me aburrí. Trato de ponerle onda y de escribir con humor. Me interesa como cultura.

Noticias: ¿Qué la aburrió concretamente?

Checa: Ir a los restaurantes. Me gustaría ir a comer, no a anotar y juzgar.

De adolescente quería ser escritora y admiraba a Simone de Beauvoir. “Me gusta mucho escribir, me iba al altillo de mi casa en Castelar y escribía poemas. Más tarde escribí cuentos para Cuisine & Vins”.

Después cursó la carrera de Filosofía en la UBA. Le encantaba, pero no llegó a terminar, le quedaron cinco o seis materias. A la par trabajaba en un juzgado criminal.

De allí derivó su militancia en la izquierda peronista entre el ’72 y el ’74. Hacía trabajo social en una villa.

En el ’74 empezó en el periodismo. Escribió para Clarín, La Opinión cultural y La Nación, entre otras publicaciones, hasta que se dedicó sólo a vinos, gastronomía y viajes. Lleva más de veinte años desarrollando estos temas en distintos medios nacionales y extranjeros. Tuvo la primera columna de vinos que hubo en un diario, en Ámbito Financiero, y otra columna en LN Revista, que firmaba con el seudónimo de Manuel Lasalle. Fue la creadora de “El Club del Buen Beber” y condujo durante 15 años el programa del mismo nombre en el canal elgourmet.com.

Además, participó como catadora en concursos nacionales e internacionales. En 2008 recibió el premio Eva, en España, y, en 2010, fue condecorada como Cavalheiro del Oporto, entre otros reconocimientos.

Actualmente escribe para Cuisine & Vins, el suplemento “Sólo por gusto”, del diario Perfil, y la revista del Teatro Colón. Se ocupa también del contenido periodístico de la página del canal elgourmet.com y tiene su programa “Checa en la radio”. Además, da catas, charlas y degustaciones sobre vino y gastronomía. En 2017, junto a María de Michelis, publicó “Cartas sobre la mesa”, sobre restaurantes y sus vinos.

Noticias: Miguel Brascó hablaba de “macaneo glorioso”. ¿Hay mucho de eso en la gastronomía?

Checa: Sí, inclusive en el periodismo gastronómico. Hay muchos clichés, lugares comunes, modas.

Noticias: ¿Qué opina de las tendencias?

Checa: Alguien dijo que la tendencia es lo que está por desaparecer. Ahora resulta que todo vino que no sea del Valle de Uco y que no tenga una acidez que te revienta la lengua, ya fue. Y no es así, conviven muchos estilos. Hay una especie de uniformidad vanguardista, con grandes vinos y otros en los que se exagera la acidez. A mí me interesan los vinos de añejo y las catas verticales.

Noticias: ¿Cómo hace sus famosas guías?

Checa: Cato dos veces por semana, unos treinta vinos cada vez. Después de esa cantidad, mi paladar ya no puede diferenciar. Lo hago con uno o dos sommeliers, las últimas guías las hice con Javier Menajovsky y Juan Wasilevsky. Y no cato a ciegas. Tengo que ver la etiqueta, saber quién lo hace, la historia de ese vino, cómo evolucionó, quién es el enólogo. Catar a ciegas es arbitrario, un día algunos te parecen maravillosos y, otro día, estás de mal humor y no te gusta nada. Ya llevo hechas once guías.

Noticias: Y no pone puntajes. ¿Por qué?

Checa: El vino es más existencial que esencial. Un día estás brutal, comiendo una comida rica, con alguien que te encanta, y a ese vino le ponés 98 puntos. Al día siguiente, estás con un plomazo, el bife está pasado, hace mucho calor, entonces le ponés 86. No se puede ser objetivo. Por eso siempre hablo del vino y sus circunstancias.

Noticias: ¿En qué nivel real está el vino argentino en comparación con los de otros mercados?

Checa: Están muy buenos. El malbec es nuestra bandera, pero hay otras variedades interesantes. Hay muy buenos cabernet franc, pinot noir, una variedad muy difícil y sutil, petit verdot, merlot. Pero ahora se le da más importancia al terroir que a la variedad. Y en cuanto a los enólogos, para mí el mejor es Sebastián Zuccardi, un genio.

Noticias: ¿Y cuáles serían los mejores vinos del mundo en estos momentos?

Checa: Me gustan muchísimo los de la Borgoña, especialmente el pinot noir y el chardonnay. Son extraordinarios, no hay con qué darles. También hay algunos grandes vinos de Bordeaux. Y me encantan todos los de la zona de Jerez.

Noticias: ¿Qué le gusta tomar y en qué situación?

Checa: Vino blanco o espumante antes de comer. El blanco va con todo, hasta con un chorizo o una morcilla. En cambio, el tinto no. Comete una ostra con un cabernet sauvignon y la aplastás. Y me encantan los blend, petit verdot sobre un fondo de malbec más una pincelada de cabernet sauvignon. Está bárbaro. También cabernet franc y merlot.

Noticias: ¿Cuánto hay de cierto en el maridaje?

Checa: No uso esa palabra, me parece espantosa. Es una palabreja que sacaron los españoles en su época de euforia almodovariana, en los ochenta. Yo prefiero hablar de acuerdos, complicidades, acompañamientos. Por ejemplo, el jamón de Parma queda maravilloso con un pinot grigio. La regla básica es que el vino no tape al plato y viceversa. Después, hacés lo que se te cante y el mejor vino es el que más te gusta.

Noticias: Comparte su pasión por la gastronomía y los viajes con sus hijos, Ernesto y Federico Oldenburg. ¿No?

Checa: Sí, son periodistas gastronómicos. Ernesto también es pintor, hizo la ilustración de tapa de mi última guía, y además es cocinero. Vive en Lobos y tiene un restaurante a puertas cerradas. Federico escribe sobre vinos, tiene libros publicados y uno muy divertido de vinos para niños. Vive en Madrid.

Noticias: ¿Cómo le fue en el amor?

Checa: A los 19 me casé con Diego Vila, juez y pianista extraordinario. Inteligente, muy feo y muy loco. Se fue con otra mina. Al mes conocí al sueco Ben Oldenburg, con el que estuve veinte años, con algún impase, y tuve a mis hijos. Ben es periodista, estudió sociología del arte en La Sorbona y era amigo de Cortázar y de mucha gente en París. Lo quiero muchísimo, hace poco lo visité en Barcelona. Tiene 91 años. Y también tuve una larga relación con vaivenes con un argelino, Amet, que conocí en Argelia. Fue un flechazo. Un tipo muy orgulloso, había pertenecido al Ejército de Liberación Nacional. Nos vimos durante veinte años. Venía a Buenos Aires una o dos veces al año, se quedaba varios meses y nos divertíamos mucho. También nos encontrábamos en Europa. Acaba de fallecer y estoy impactada por la noticia.

Noticias: Los viajes han sido esenciales en su vida. De hecho, se reconoce una viajera “recalcitrante”.

Checa: Sí, me encanta. Empecé a viajar a lo bohemio a los 21 cuando conocí a Ben, que estaba de paso por Buenos Aires. Me contó que en un mes se iba a Europa y me preguntó si quería ir. “Bueno”, le contesté. Yo no tenía plata, entonces vendí la Limoges que me regaló mi abuela cuando me casé con Diego Vila. Con eso me pagué el pasaje en barco. Fuimos unos días a Barcelona y después a París, donde estuvimos cuatro o cinco meses. No teníamos un mango, vivíamos de lo que podíamos, en un hotel re croto, y mi ex marido me mandaba un cheque todos los meses. Ben en un momento se puso de marinero. Fue una época muy bohemia.

Noticias: ¿Y dónde más vivió?

Checa: En Finlandia cuatro meses y luego estuvimos de paso por Alemania y Las Canarias. Ahí yo no podía más, lo dejé a Ben y me volví a Buenos Aires y al poco tiempo él también volvió. Más tarde vivimos en Lima y estuvimos casi un año viajando por la India, donde nos hicimos amigos de Ravi Shankar. También vivimos en Argelia, cuando recién se había independizado. Y de todos esos lugares tengo recuerdos gastronómicos. Las trillas con vino rosado de un bolichito del puerto de Argel, los restaurantes baratos y lindos de París, los aranques o la anguila ahumada en Finlandia, por nombrar sólo algunos.

Cecilia Escola