Menú
Editorial / 12 de mayo de 2018

Editor de Noticias sobre el ataque a Nicolás Wiñazki

No es el primer ataque sufrido en la carrera del periodista, nos duele especialmente porque lo consideramos de la familia Perfil, ya que se formó en NOTICIAS.

Iba a ser una semana caliente. El Gobierno rezaba para que la magia dudosa de su equipo económico aplacara la corrida cambiaria. Cuando se cansó de rezar infructuosamente sus salmos agnósticos, se entregó al diablo de la economía globalizada: el FMI, tristemente célebre en la Argentina y en otros tantos rincones del planeta. Mientras el oficialismo transitaba su primer gran Via Crucis, la oposición se ponía eufórica con la señal salvadora de que acaso exista el 2019, después de tanto morder el polvo de la derrota. Por eso, puso en marcha toda su artillería en la sesión parlamentaria para discutir el tarifazo PRO, sacando músculo dentro y fuera del recinto. El peronismo olió sangre, y el kirchnerismo en particular olió libertad, eso que tanto teme perder si la ola PRO se vuelve demasiado prolongada en el tiempo.

La política es así de mezquina y cruel, y no hay que asustarse, siempre y cuando la agresividad no se desmadre. Lamentablemente, eso sucedió esta semana, con un episodio que debería servirnos de alerta para no volver a la irracionalidad más dañina para la convivencia democrática. Y la víctima de ese desborde fue, cuándo no, un periodista: el mensajero al que siempre la mala política argentina busca castigar.

Cuatro supuestos militantes –o fuerza de choque temporaria y lumpen- identificados con el cristinismo atacaron al periodista de TN y Clarín Nicolás Wiñazki cuando salía del Congreso de la Nación, lo siguieron hasta el estacionamiento donde tenía su auto, lo golpearon, intentaron robarle el celular y le gritaron “traidor” y “mentiroso”. Como demencial despedida, le prometieron: “Cuando volvamos te vamos a matar”. El hecho, que no es el primero en la carrera de Wiñazki, nos duele especialmente porque consideramos a Nico de la familia Perfil, ya que se formó en NOTICIAS. Pero más allá de ese lazo, alarma que el lenguaje de la intimidación física en nombre de una puja partidaria siga vigente en la Argentina, a metros del Congreso de todos y todas.