Mundo / 20 de mayo de 2018

Estados unidos potenció el conflicto: Fiesta con funerales

La inauguración de la embajada norteamericana en Jerusalén tuvo como contracara protestas y medio centenar de muertes.

Por

Netanyahu, su esposa Sara, Ivanka y su esposo Jared. Selfie frenta a la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

Bella, sonriente y vestida a la moda, Ivanka Trump descubría una placa imponente con el nombre de su padre, en la puerta de la embajada que se estaba inaugurando. En ese mismo instante y por esa misma razón, miles de palestinos protestaban y soldados israelíes les disparaban, matando a más de medio centenar.

Seguramente, Hamas alentó la marcha hacia la frontera para que se produjera el enfrentamiento y corriera sangre palestina. Los cadáveres de su pueblo son los misiles que Hamas lanza contra la imagen de Israel en la opinión pública mundial. Pero en este caso, lo increíble es la gratuita escusa que implica haber elegido un día inadecuado para hacer algo equivocado.

En el discurso televisado de Trump en el acto inaugural de la embajada norteamericana en Jerusalén, Donald Trump habló como si el traslado de la sede diplomática fuese un acto suyo a favor de los israelíes. No es así.

Guiño a la derecha. Fue un acto a favor de una facción política de Israel. La facción que gobierna y encabeza Benjamín Netanyahu. Pero no fue un acto a favor de Israel. Nunca se puede confundir un gobierno con una Nación. Y tratándose de una democracia, tampoco se puede confundir un gobierno con el Estado.

El traslado de la embajada desde Tel Aviv y su inauguración nada menos que un 14 de mayo, tuvo la intención de ser un acto de propaganda a favor de Netanyahu.

Para el Estado judío y para la Nación israelí fue propaganda negativa. Los noticieros y los diarios de todo el mundo mostraron las manifestaciones, los soldados israelíes disparando sus armas y los cuerpos que caían baleados.

Ante semejante evidencia ¿alguien puede de verdad pensar que el traslado y la inauguración decidida por Trump fueron de verdad positivos para el pueblo israelí?

Cada año, los días 14 de mayo unos lloran y otros festejan. Ese punto de partida explica el laberinto trágico en el que deambula la historia de la relación palestino-israelí.

Hace setenta años, David Ben Gurión anunciaba la creación del Estado judío en un acto realizado en el Museo de Arte de Tel Aviv. Al mismo tiempo, y contra esa fundación decidida en las Naciones Unidas mediante una resolución que imponía también la creación de un Estado palestino, comenzó la guerra que los vecinos árabes lanzaron contra el país recién nacido.

Ese conflicto, que estalló en 1948 y duró más de un año, aunque con intermitencias, implicó para la población palestina la Nakba: catástrofe.

En aquella primera guerra árabe-israelí desatada en 1948, centenares de aldeas palestinas desaparecieron en desplazamientos que alcanzaron al setenta por ciento de la población. En la desventura palestina, agravada por los posteriores conflictos de 1967 y de 1973, tuvieron responsabilidad los regímenes árabes que rechazaron la resolución de 1947 para la creación de dos Estados, lanzando la primera de las guerras. Pero está claro que al cumplirse siete décadas de aquellos acontecimientos con la cuestión palestina aún sin resolver, aunque por esa falta de solución haya culpas en todas las partes del conflicto, inaugurar la embajada de Estados Unidos en Jerusalén resulta una provocación absolutamente innecesaria. Un acto que sólo puede agravar el tránsito por estos días ardientes en los cuales, además, comienza el Ramadán.

El noveno mes del calendario islámico, en el que los musulmanes ayunan desde que amanece hasta el anochecer, se designa con la palabra Ramadán, que hace mención a lo que arde, lo que se quema. En la religión musulmana, lo que se incinera en el mes del Ramadán es el pecado. Pero en el marco de un conflicto sin resolución, arden también banderas y barricadas en la frontera de Gaza, en movilizaciones enervadas por la inauguración de la nueva embajada.
Aliados y enemigos. La decisión de Trump puede resultar vigorizante para el liderazgo de Netanyahu, pero eso no implica que sea bueno para el pueblo israelí. Nada que genere protestas palestinas en las que la represión deja decenas de muertos, puede ser bueno para Israel.

Al contrario, más de medio centenar de muertos entre los miles de gazatíes que marcharon hacia la frontera, sólo es funcional a Hamas y demás grupos extremistas que promueven la desaparición de Israel. Sin dudas, Hamás envía jóvenes y niños precisamente para que mueran baleados. Por eso mismo, no era el día para inaugurar una embajada en Jerusalén. El traslado es, en sí mismo, cuestionable. Y la inauguración en esa fecha fue un acto que no podía aportar nada que no fuese lo que ocurrió: protestas y muertes.

El traslado es cuestionable no sólo porque, sin que Netanyahu haya hecho gestos para reactivar la negociación, contraviene decisiones de la ONU sobre Jerusalén; sino también porque viola compromisos asumidos por el propio Estado israelí, como el acuerdo que en 1993 suscribió el gobierno de Yitzhak Rabin con Yasser Arafat,

estableciendo que el estatus definitivo de la ciudad será resuelto en una etapa más avanzada de la negociación.

Tomando la decisión del traslado, Trump comenzó a mostrar que su política en Medio Oriente es hacer lo que Netanyahu le pida. Lo confirmó al romper el Acuerdo Nuclear con Irán. La principal potencia de Occidente incumplió un compromiso que una teocracia de fanáticos oscurantistas estaba cumpliendo.

A renglón seguido se sumó al incumplimiento del acuerdo de 1993 sacando la embajada de Tel Aviv, como si tal acción pudiera ser beneficiosa en algo para Israel. Ciertamente, el reconocimiento del Estado palestino en la ONU no estuvo en sintonía con el Acuerdo de Oslo. Pero sostener, como hacen los partidarios de Netanyahu dentro y fuera de Israel, que las acciones del presidente norteamericano más cuestionado en Estados Unidos y en el mundo, pueden favorecer a Israel, resulta desopilante. Lo más probable es que sea exactamente al revés.

Hamas es una organización fanática y criminal que tiene de rehén a los gazatíes. Además, los palestinos están divididos en facciones lideradas por dirigentes sectarios y violentos. Pero nada de eso justifica una acción equivalente a echar leña al fuego. Y eso hizo Donald Trump por pedido del hombre que diseña su política en Medio Oriente: Benjamín Netanyahu.