Salud / 27 de mayo de 2018

Arsénico: El veneno invisible

Los niveles de este veneno en el agua en la Argentina superan los máximos tolerados. En Buenos Aires, afecta al 80% de la población.

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Según dos estudios recientes, el arsénico presente en el agua afecta a uno de cada diez argentinos, y a más del 80% de los habitantes de la provincia de Buenos Aires.

La última investigación, se dio a conocer hace pocos días y fue realizado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA): con 400 muestras de agua disponibles desde el año 2011, sumó otras 207 y las volcó en un mapa online que está en el sitio de la ONG NutriRed y que permite, de un vistazo, distinguir dónde hay mayores niveles de arsénico y qué riesgo supone cada uno.

El segundo, el estudio fundacional, se realizó en 2015 (pero se dio a conocer a fines del año pasado) y reunió a expertos de diversas instituciones: el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), el Hospital Italiano de Buenos Aires, el Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Ambos informes demuestran que, en muchos casos, los niveles de arsénico presentes en el medio ambiente local superan el valor guía de 0,01 mg/l fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los niveles de arsénico presentes en algunas zonas del país son 20 veces más altos de lo fijado por la OMS.

Los efectos. Consumido de forma crónica a lo largo de aproximadamente cinco años, el arsénico deriva en Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), que provoca cambios de pigmentación en la piel, lesiones cutáneas y durezas y callosidades en las palmas de las manos y las plantas de los pies (hiperqueratosis), y abre la puerta a otras afecciones. La OMS pone énfasis particular en los problemas relacionados con el desarrollo, la neurotoxicidad, la diabetes y las enfermedades pulmonares y cardiovasculares. Además, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) clasifica al arsénico y sus compuestos como “cancerígenos para los seres humanos”, incluyendo el del agua de bebida.

La clave de la contaminación natural del agua por arsénico se halla en las napas subterráneas. Debido a la porosidad de las capas de sedimentos, el líquido está allí desde hace cientos, miles o millones de años junto a la antigua ceniza volcánica. Así es como disuelve e incorpora elementos químicos que inciden especialmente en las zonas rurales, alejadas de los ríos y dependientes de los pozos, como las del oeste y norte de la provincia de Buenos Aires.

“La población está bajo amenaza”, asegura Marta Litter, doctora en Química del Centro Atómico Constituyentes y coautora del reporte del IECS. “La Argentina es el tercer país a nivel de población expuesta”, enfatiza.

Sin embargo, la discusión acerca del verdadero peligro -y el adecuado nivel de concentración del arsénico en agua- está en debate. Todo gira en torno a los resultados del estudio epidemiológico nacional “Hidroarsenicismo y Saneamiento Básico en la República Argentina”, con términos provistos por la Subsecretaria de Recursos Hídricos del Ministerio de Planificación Federal.

Entre otros males, el exceso de arsénico en el agua provoca lesiones cutáneas.

El informe debe despejar las dudas sobre los casos de HACRE y su relación con otras enfermedades. Hace más de 10 años, la OMS fijó su valor para el arsénico en el agua corriente y la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) otorgó cinco años para que el país se adaptara y realizara el estudio; en 2012 reiteró la prórroga. Aún no hay novedades y Buenos Aires mantiene su propia legislación, como el resto de las provincias.

Casos resonantes. La ciudad de 9 de Julio fue pionera en cuando al reclamo por arsénico y es uno de los más de 91 distritos afectados en Buenos Aires. En un acta de febrero de 2014 que figura en el expediente en la Defensoría del Pueblo, se contabilizan 31 casos de HACRE y 23 en estudio en torno a 86 consultas llevadas a cabo por personal de salud de la provincia. Pero el mismo texto descarta esas estadísticas por partir de “consultas espontáneas”.

La concejal por el Frente para la Victoria Julia Crespo confronta desde hace casi una década a la distribuidora Aguas Bonaerenses S.A. (ABSA). “En Carlos Casares la población comenzó a movilizarse por una planta potabilizadora. Como proveíamos agua a esa localidad, nos dimos cuenta de que algo estaba pasando”, expresa la referente del grupo “9 de Julio Todos por el Agua”.

Luego de las denuncias, 9 de Julio recibió una planta abatidora de arsénico en septiembre del 2015. “Es la única ciudad en la que se hicieron obras. Todavía tenemos al 30% de los vecinos utilizando agua con arsénico, y mucha gente sigue comprando bidones o yendo a buscar a las plantas de ósmosis porque no confían, no saben o no les gusta el sabor. El arsénico da arriba de 0,2mg/l según nuestros análisis”, explica Crespo.

La concejal asegura que los médicos se ocupan de las afecciones y no de “lo que las genera”, por lo que las estadísticas quedan truncas. Y recuerda: “En 2011, el Ministerio de Salud provincial envió planillas de denuncia obligatoria de casos de HACRE, pero los médicos no les dieron importancia”.

Fueron los vecinos de Muñiz, partido de San Miguel, quienes obtuvieron el reemplazo de ABSA por Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA), tras iniciar sus reclamos en 2012. Nélida Alicia Díaz, docente universitaria con más de 50 años de trayectoria y representante de la comisión de vecinos autoconvocados contra ABSA, comenta: “Somos casi 700 vecinos autoconvocados los que hacemos todo el trabajo, y ahora estamos controlando a la empresa”.
De la totalidad de municipios afectados, casi 60 hablaron en las audiencias públicas de ABSA hasta 2016. En una llevada a cabo en el 2014, Silvia Canusso, de 9 de Julio, había planteado su estado de salud: “Debo seguir con controles por el resto de mi vida. Nos están matando”.

Díaz remarca que el reemplazo del agua de la canilla por bidones está lejos de ser un alivio, ya que muchas embotelladoras llegan a vender agua con los mismos niveles de arsénico. “Nunca hubo controles”, declara.

Otro caso es el de Carlos Casares, donde la investigación llevada adelante por una docente de secundario, Lidia Iluminatti, junto a sus alumnos, dio a conocer en 2004 los altos valores de arsénico que el agua tenía. “Los estudiantes vieron mucha gente con trípode, bastón o lesionada. Pensamos que el denominador común podía ser el agua. Tomamos una muestra y la enviamos a de 9 de Julio para analizar. Cuando llegó el resultado, casi nos morimos. El intendente y ABSA ya sabían todo”, apunta Iluminatti.

Una planta abatidora llegó a Casares. La profesora indica que “nunca funcionó como corresponde”. La localidad solicitó un estudio epidemiológico al Ministerio de Salud, pero jamás se realizó.
Fabián Suárez, cardiólogo y exsecretario de Salud del municipio, asegura: “La contaminación es real. Una chica falleció y se estima que, sin tener HACRE, el consumo de arsénico es una causa posible. Después de que me fui, nunca más le prestaron atención al asunto”.
Aviso nacional. Informes del CONICET, del Ministerio de Salud de la Nación y del tercer Encuentro de Investigadores en Formación en Recursos Hídricos (2016) revelan que hay áreas de las provincias de Córdoba, Chaco, Mendoza, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Santa Fe con más de 0,05 mg/l, llegando a más de 0,1 mg/l en algunas zonas. El Ministerio de Salud presentó un Módulo de Capacitación para Atención Primaria del HACRE en 2011.

El último gran estudio colaborativo multicéntrico data de 2006, desarrollado por el Ministerio de Salud de la Nación en conjunto con su Comisión Nacional de Programas de Investigación Sanitaria (CONAPRIS), la Unidad de Investigación y Desarrollo Ambiental (UnIDA) y la Asociación Toxicológica Argentina. De esas tres entidades, sólo la última sigue en pie y, en el 2007, una resolución del propio Ministerio viró el eje de los estudios hacia áreas como la genética, la bioética y la salud mental.

Una de las provincias más representativas de la situación es Santiago del Estero, cuyas últimas estadísticas, extraídas de la ONG Fundación Mundo sin Fronteras, muestran que un 2% de población sufre de HACRE en siete departamentos, lo que equivale al 0,6% de todo el territorio.

Aun así, los expertos advierten sobre la falta de números más concretos. Juan Susena, geólogo de la Universidad Nacional de La Plata que colaboró en un proyecto de extensión en 9 de Julio, afirma: “El problema existe, pero depende de la concentración de material volcánico que tenga el acuífero, del régimen hidrológico y del consumo. Depende también de la predisposición de cada persona: hay gente que estuvo toda su vida en un lugar y vivió durante mucho tiempo, y otra que no”.

Jorge Mugni, hidrogéologo de 30 años de trayectoria y consultor en 12 provincias y más de 300 localidades del país para el manejo de aguas subterráneas, coincide: “El valor de la OMS es de guía. Los humanos evolucionamos en un ambiente que siempre va a contener arsénico. Las cosas pueden ser malas por exceso o defecto”.