Empresas / 31 de mayo de 2018

Química fuerte, química débil: una industria que capea la coyuntura

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La industria química constituye un conjunto de gran complejidad que se distingue por su gran diversidad de productos, tecnologías, características de sus mercados, requerimientos de capital y de personal. Esa diversidad se traduce en diferentes comportamientos empresariales y sensibilidad a las políticas públicas. Según el ranking de las empresas del sector radicadas en la Argentina que publica anualmente la revista Mercado, los primeros tres lugares son ocupados por la norteamericana Dow, Solvay la brasileña Unipar Indupa y la alemana Basf; seguidos por la estadounidense Dak Americas y la francesa Air Liquide, en cuarto y quinto lugar, respectivamente.

Andrés Monroy, director general de Basf Argentina, cuenta que la química puede contribuir a los grandes desafíos globales, como el crecimiento de la población, su concentración en ciudades, la producción industrial y la alimentación. “Nuestros clientes pertenecen a industrias muy diversas: agro, construcción, automotriz, nutrición y salud o cuidado personal y del hogar.”

En cambio, Dak Americas tiene una producción específica en la Argentina: fabrica pet, que es la resina que se usa para hacer las botellas de plástico. Cuentan con dos líneas de producción: por un lado, a partir de materias primas químicas con un volumen de 200.000 toneladas anuales y, por el otro, con materiales reciclados en el orden de las 12.000 toneladas por año. Abastecen principalmente a industrias alimenticias. Son los únicos productores en el país. Sus competidores no tienen presencia local.

Los proveedores de tubos de oxígeno. Gonzalo Ramón, director general para la Argentina y Uruguay de Air Liquide, explica que con una gama amplia de productos químicos abastece de gases a múltiples sectores industriales como la minería, la química, la siderurgia, el gas, la petroquímica, la refinería de petróleo, el sector automotor y el de alimentos y bebidas. “Atendemos todos los mercados, ofrecemos desde las burbujas de las gaseosas, los gases que se utilizan para mantener el vino, como aquellos que se requieren para la actividad electrónica. Los teléfonos celulares contienen gases que vende Air Liquide”, afirma Rámon.

“Somos una necesidad obligada, me cuesta encontrar una industria que no utilice gases”, agrega el ejecutivo. Se trata de un grupo presente en 80 países que cotiza en la bolsa de París. La filial argentina factura 4.500 millones de pesos anuales.

Según describe su director, Air Liquide separa sus unidades de negocios en cuatro grupos. En primer lugar, el abastecimiento a grandes empresas, donde se localiza una planta en el sitio del cliente y la entrega del producto se hace vía cañería, como en el caso de la siderúrgica Siderar, del grupo Techint. “Estamos por inaugurar la sexta planta ubicada en esta empresa”, agrega Ramón.

En segundo lugar se agrupan las industrias de consumos medianos, “como, por ejemplo, Shell, Coca-Cola y Aluar”, según clasifica Ramón. Explica que en esta unidad la entrega del producto se transporta en camiones en estado líquido.

El tercer grupo es el del suministro en “comprimido”: el producto se entrega en tubos a clientes con un menor consumo de gases. Por último, el gas medicinal tanto hospitalario como a pacientes domiciliarios. El 30% de la actividad de Air Liquide en el país se concentra en el producto medicinal. La empresa abastece a 22.000 pacientes en su domicilio.

Para Air Liquide, la presencia en todos los sectores les da una visión general de cómo va la industria, muy útil a la hora de armar el plan de negocios. “Nos da un panorama de cómo le va a cada sector. Estamos más protegidos de los vaivenes de la industria, que pasa mucho en este país, porque cuando a algún sector está con dificultades, probablemente haya otro que compense esta caída y que le esté yendo muy bien”, explica Ramón. Un aliciente en esta coyuntura económica. La empresa francesa evidencia constancia en su crecimiento. “En los últimos años hemos invertido muchísimo”, resalta Ramón, y cita como ejemplo la planta próxima a inaugurar en la planta de Siderar en San Nicolás, que costó más de 85 millones de dólares.

El ejecutivo agrega que se encuentra en plena ejecución la expansión de una planta de hidrógeno dentro de Axion en Campana, con una inversión de mas de 63 millones de dólares. Ramón visualiza el potencial del ahora en la explotación gasífera, actividad con precios en dólares: “Los principales drivers de la Argentina son gas, siderurgia y minería. Hoy avanzamos más rápido en algunos sectores más que otros”. Las áreas nombradas son las incluidas en el plan estratégico de la empresa. Las inversiones de Air Liquide se dirigen ahí. “La sustentabilidad está dada por abastecer a un espectro muy diverso de mercados. La realidad es que Argentina históricamente es un país de inestabilidad económica pero nosotros nos adaptamos a los contextos cambiantes”, comenta Ramón.

La materia prima de las botellas de plástico. Para Hector Camberos, presidente de Dak Americas, la debilidad de su rubro está dada por el problema de escalas y la poca integración regional. “La planta de la Argentina está preparada para producir 200.000 toneladas, cuando nuestra planta en China produce a una escala cinco veces mayor”, advierte.

Como la Argentina no produce las materias primas necesarias para la fabricación del pet, los insumos importados agregan peso a las desventajas comparativas. “Como nuestro mayor costo reside en la obtención de estas materias primas, adquirimos una planta en Brasil para producirlas. Son mecanismos que se crean para sortear los desafíos.”

Camberos menciona la baja productividad de la Argentina respecto a Brasil y México. Resalta el costo laboral, las dificultades para la importación y el déficit en infraestructura, logística y transporte. En comparación con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, observa que el de Mauricio Macri tiene “voluntad, los canales están abiertos, pero esa voluntad necesita concretarse”. Su empresa exporta el 15% de su producción.

Monroy, de Basf, señala que “la industria química, al igual que muchos otros sectores, se ve favorecida con la estabilidad de las variables macro y las inversiones en distintas áreas”. Para Basf, es clave el trabajo conjunto entre el sector público y el privado. Dentro del plan estratégico consideran relevantes sectores como el automotriz, la construcción y productos de performance, soluciones y materiales funcionales y químicos para el cuidado personal y del hogar. “Con un 2017 favorecido por una mejor estabilidad de las variables macro y las inversiones en distintas áreas de la industria química, nuestro objetivo para este año se centraba en continuar creciendo en la Argentina y la región con nuestro portfolio de productos y con el aporte de soluciones innovadoras y sustentables”, reconoce Monroy. La tormenta financiera de las últimas semanas fuerzan a una revisión de planes en todas las empresas.

BASF espera que al menos la economía global y la producción de productos químicos crezcan en 2018 a un ritmo semejante que en 2017. a partir de la expectativa de un mayor crecimiento en todas las regiones. Sin embargo, Monroy reconoce que observa una mayor volatilidad en el mercado argentino: “El dólar estadounidense está generando un impacto negativo sobre las ventas y las ganancias”.