Ciencia / 10 de junio de 2018

Último avance de la ciencia en prevención de migrañas

Acaba de ser aprobado un remedio específico para un dolor de cabeza que afecta a mil millones de personas en el mundo.

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Nueve de cada diez personas en el mundo, incluyendo a niñas y niños, sufren de algún tipo de cefalea. Dicho así suena aterrador y sencillo, pero médicos y científicos han identificado unas 150 modalidades de dolor de cabeza, cada uno de los cuales provoca diferentes grados de sufrimiento, además de tener duraciones y localizaciones específicas. La migraña en particular afecta a quince de cada cien personas, que padeceden episodios recurrentes de un disturbio que puede durar de cuatro a setenta y dos horas de un dolor casi siempre unilateral, en la zona frontal y en el lóbulo temporal. El dolor de cabeza común es bilateral y difuso y, las más de las veces solucionable con un analgésico leve. En el caso de las migrañas, además de dolor, hay náuseas y vómitos e hipersensibilidad a la luz y los ruidos, aún cuando sean muy leves.
Hasta ahora, las migrañas fueron siempre tratadas médicamente de un modo indirecto, con fármacos desarrollados originalmente para otros trastornos (Ver recuadro), como la hipertensión y la depresión, aunque sin mucha eficacia. Hace una semana la agencia que en los Estados Unidos regula los medicamentos, la FDA, aprobó el uso de una nueva molécula indicada para prevenir la migraña. Se llama erenumabe y pertenece a la familia de drogas más modernas de la medicina, los anticuerpos monoclonales.

El medicamento es inyectable y la jeringa, similar a la que se emplea para aplicar insulina en los casos de diabetes, puede ser autoaplicada por la persona en abdomen, brazos o piernas. El remedio está aprobado tanto para la migraña crónica (cuando el dolor persiste al menos durante quince días) y para la episódica, más breve.

La eficacia del Aimovig (nombre comercial del remedio en los EE.UU.) para el tratamiento preventivo de la migraña se evaluó en tres ensayos clínicos. El primer estudio incluyó a 955 participantes con antecedentes de migraña episódica y comparó el Aimovig con un placebo. En el transcurso de seis meses, los pacientes tratados con el Aimovig experimentaron, en promedio, uno o dos días menos de migraña al mes que los que tomaron el placebo. El segundo estudio incluyó a 577 pacientes con antecedentes de migraña episódica y comparó el Aimovig con un placebo. En el transcurso de tres meses, los pacientes tratados con erenumab experimentaron, en promedio, un día menos de migraña al mes que los que recibieron el placebo. El tercer estudio evaluó a 667 pacientes con antecedentes de migraña crónica y comparó el Aimovig con un placebo. En ese estudio, en el transcurso de tres meses, las personas que recibieron la nueva droga experimentaron, en promedio, 2 ½ días menos de migraña al mes que las que recibieron el placebo.Los efectos secundarios más comunes fueron reacciones en el lugar de la inyección y estreñimiento.

Acción y reacción. Lo que ayudó a los científicos a desarrollar el nuevo fármaco fue la recreación sintética en el laboratorio de drogas que mimetizan el funcionamiento de las células de defensa del organismo. El resultado de la aplicación del medicamento: un anticuerpo similar al del sistema inmunobiológico que bloquea la acción de la sustancia química inflamatoria responsable de desencadenar el dolor. El erenumabe es un anticuerpos monoclonales que actúa en la meninge, membrana localizada en la superficie del cerebro. Allí desactiva una sustancia química cerebral denominada CGRP, liberada por el nervio trigémino (estructura que se extiende por casi toda la cabeza). En las personas saludables, participa de funciones vasodilatadoras e inflamatorias, necesarias para el buen funcionamiento del cuerpo. Pero entre quienes padecen de migrañas, el CGRP se presenta en cantidades muy altas, desencadenando la cefalea.

Como los anticuerpos monoclonales van directo a blancos específicos, reducen los efectos colaterales de los remedios. Los estudios muestran que las reacciones a los fármacos actualmente empleados para tratar la migraña (náuseas, sedación, aumento de peso e inclusive confusión mental) hacen que ocho de cada diez personas interrumpan el tratamiento.

Lo que se creía. Hasta la mitad del siglo XX se creyó que la migraña era causada por la dilatación de las venas y arterias cerebrales. El hecho de que los pacientes relataran tener la sensación de vasos pulsando y el acto casi automático de presionar los laterales de la cabeza dieron origen a esa creencia. La idea fue descartada recién en la década de los años ´90, gracias los exámenes de imágenes hechos por medio de resonancia magnética cerebral funcional, que permitieron visualizar al cerebro en plena actividad.

Las mujeres sufren tres veces más de migraña que los hombres. y esto se debe a que el cerebro de los migrañosos es más sensible a las oscilaciones hormonales, al estrógeno particularmente, lo que conduce a un aumento en la sensibilidad de los centros nerviosos relacionados con el dolor.

Un relevamiento hecho a nivel internacional (Carga Global de Enfermedades), clasificó a la migraña como la tercera causa de incapacidad entre las personas que tienen menos de 50 años. Para darse una idea, sólo en Europa los costos por la pérdida de productividad de trabajadores con migraña son de 27 mil millones de euros al año.

Cada monodosis del remedio cuesta en los EE.UU. 575 dólares y cada dosis implica un mes de tratamiento. Los médicos creen hasta ahora que el tratamiento mínimo debería constar de al menos tres meses. Quedará en manos de los sistemas de salud de cada país analizar estrategias que permitan bajar los costos para que más personas puedan acceder al fármaco.

Paliativos

Los medicamentos disponibles hasta ahora tratan la migraña de manera indirecta, estimulando la producción de sustancias que ayudan a reducirla.
– Antidepresivos (amitriptilina y nortriptilina): actúan estimulando la acción de la hormona serotonina, compuesto cerebral asociado a la sensación de bienestar.
– Antihipertensivos (propranolol y atenolol), que inhiben la acción de la adrenalina, hormona que estimula las crisis migrañosas.
– Antiepilépticos (divalproato de sodio y topiramato), que reducen la fabricación de glutamato, compuesto que posee un efecto estimulante en el cerebro y que está asociado al dolor. También impulsan la síntesis de un neurotransmisor, el GABA, que tiene un efecto calmante sobre el cerebro.
– Botox. Aplicado atrás de la cabeza, en la frente, en los temporales y en el cuello cada tres meses, la toxina botulínica bloquea las sustancias inflamatorias, lo que reduce el dolor.