Menú
Economía, Empresas / 9 de agosto de 2018

Las estaciones de servicio piden aumentar entre 20% y 40% más

En los próximos días volverá a subir el precio de los combustibles, pero no se tratará del último aumento previsto.

Por

Precios liberados, dólar inestable y problemas de abastecimiento son los tres ejes sobre los que giran las incertidumbres en el mercado de combustibles. La salida de Juan José Aranguren y la llegada de Javier Iguacel al Ministerio de Energía y Minería tuvieron como primer impacto la cancelación del acuerdo de congelamiento de precios. En julio pasado, los de las naftas súper debían aumentar un 3%. Sin embargo, subieron un 6%, en el caso de YPF; en un 9%, en el caso de Shell, por mencionar los principales actores del mercado. En tanto, las premium se encarecieron un 9% en YPF y 12% en Shell. En los próximos días volverán a elevarse.

Mariano Gibaut, jefe de prensa de YPF, explica que el pacto original se alteró porque “en el medio, una de las variables (el dólar) creció más que lo esperado por el sector y por el propio Gobierno”. “Se aumentó un poco más, a fin de recomponer un poco los precios. El acuerdo quedó superado por la realidad macroeconómica”, añadió el vocero.

Gibaut explicó que los incrementos de YPF son menores a los de Shell porque si bien la industria refinera, como la de la petrolera angloholandesa, “está comprando el barril a un precio diferencial y no paga el precio internacional, YPF, al ser una compañía integrada, se beneficia con el upstream (exploración y producción del crudo) y el downstream (refinamiento del petróleo), lo cual permite compensar la pérdida”. “De todas formas –aclaró– este aumento tampoco alcanza, pero la premisa es entregar un producto de calidad a un precio razonable”.

Las tres variables principales que definen el precio del combustible son el dólar (moneda en la que cotiza el petróleo), la cotización internacional del barril de crudo y el costo del biodiésel con el que se mezcla. Para Hernán Landgrebe, secretario de la nueva conducción de la Federación de Empresarios de Combustibles (Fecra), es decir los dueños de estaciones de servicio, “las tres variables están muy sensibles y el atraso en el precio ya es del 22%”. “Si se aplica ese porcentaje, complicaría todo el mercado”, advierte. A esto, se le suma un problema de ventas. “El volumen cayó un 20% y creemos que va a cerrar el año con una caída del 15%”, adelanta Landgrebe.

Otro representante de las estaciones, Guillermo Lego, gerente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos (Cecha), entiende que la necesidad de aumento es mayor. “Hay un atraso fuerte, del 30 o 40%, para poner un valor razonable. Para mí, es mucho más”, asegura y analiza: “El panorama es complicado porque las petroleras van al círculo vicioso de aumentos que provocan inflación y viceversa. Lo que puede ocurrir es que el Gobierno trate de negociar y volver a un esquema de un crudo con un precio nacional, de unos 60 dólares el barril (el internacional está en 76). La pregunta es quién pone la diferencia. En la época anterior, la ponía el Estado”. Para Lego, “si no hay intervención del Estado, el productor necesita un valor para que sea redituable y lo va a pasar todo a precios de manera paulatina para recuperar el atraso”.

Iguacel pregonó luego de asumir como ministro que los precios de los combustibles están completamente liberados y que será el mercado el encargado de regular los montos. En teoría, nada impediría nuevos aumentos. Pero se van escalonando.

Una fuente de una de las principales petroleras asegura: “Más allá de que se estabilice el dólar, el sector tiene que recuperar precio. Hay un atraso importante, en torno al 20%. El tema es que no se puede hacer todo junto porque tampoco se puede salir con un precio inaccesible para el consumidor”. Para el informante, “el plan B es que el Gobierno vuelva a convocar a todo el sector para llegar a algún acuerdo que dé previsibilidad. Eso va a depender mucho también de que se logre una estabilidad con el dólar”, objetivo que se logró al menos en julio.

La incertidumbre generada por la inestabilidad tiene al desabastecimiento como síntoma principal. Tanto Fecra como Cecha coinciden. “Desde junio, en algunas provincias hay cierto retaceo en productos comunes. Esto afecta sobre todo a las estaciones blancas (sin marca de las grandes firmas del sector). No hay la cantidad total que se necesita para vender y no es por falta de producción”, apunta Lego. Landgrebe es más contundente: “Hay desabastecimiento en las estaciones blancas. Algunas reclaman que se les está entregando un 30% menos. Es complicado el panorama. El atraso se va a ir acomodando con actualizaciones paulatinas de precio. Si no, el desabastecimiento se va a agravar. La demanda del campo bajó mucho por inundaciones y sequías y por eso no se sintió tanto el desabastecimiento. Esta baja en la entrega es sólo relativa al precio, ya que no hay problemas de producción”.

Dominio. YPF tiene una posición dominante, con el 58% del mercado en sus manos, y se espera que marque el rumbo de los aumentos, que serán paulatinos, mes a mes, hasta recuperar lo que considere atrasado. Cualquiera que no siga el rumbo de YPF quedaría fuera de precio, lo cual impediría que haya subas bruscas. Además, un aumento fuerte profundizaría también otro asunto sin resolver: los pagos con tarjetas de crédito. Landgrebe alerta: “Es un problema grave, ya que un aumento de dos dígitos erosiona la rentabilidad. Las tarjetas pagan a las estaciones a 18 días hábiles. Un aumento chico lo podés ir manejando, pero los aumentos de dos cifras complican mucho la situación”.

Lego agrega otra preocupación: “El estacionero ve que aún subsiste razonablemente. Pero hace unos días, se llegaron a acuerdos salariales del 15%. Si no vendés combustible, ¿cómo hacés? Por un lado, no se sabe cómo se va a mover el mercado y, por el otro, hay que afrontar los aumentos salariales, que son retroactivos a abril”.

Desde la primera liberación de precios –en octubre pasado– hasta estos días, la variación del precio del barril fue casi siempre en alza. En el mismo tramo, el dólar se elevó un 47% con respecto al peso. En octubre último, se necesitaban mil pesos para comprar un barril de crudo (a US$ 57 y el dólar, a $ 18). Hoy, se necesitan dos mil pesos (a US$ 72 y el dólar, a $ 28). Las naftas aumentaron 42% (de $ 19,75 a 28,11 la súper de YPF). El atraso en el precio es claro y, si no interviene el Estado, lo pagará el golpeado bolsillo del consumidor.

En esta nota: , , ,