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Opinión, Política / 3 de septiembre de 2018

Crisis: para el Gobierno, la verdad genera problemas

El ministro Dujovne, visiblemente nervioso, culpó al mundo, al clima y a la Justicia por el terremoto económico. Mini autocrítica y “125 mutante”.

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La expectativa es un estado mental que predispone a creer. En alguien, en una solución, en un milagro, en el futuro… El fin de semana, desdibujado en el tufo de una crisis que ya es político-económica, el Gobierno logró instalar la suposición de que se venía un gran cambio de la gestión Cambiemos. Nos gusta el Ave Fénix. El gol agónico. Apelar al banco de suplentes. Al fin y al cabo nos gobierna el presidente de aquel Boca Juniors de Bianchi que fue capaz de convertir en ídolo popular a un tronco como Palermo y ganar todo tantas veces por penales.

No es casual que Macri primero y después su ratificado ministro Dujovne apelaran a “la verdad” como valor de su faena para encabezar sus mensajes matutinos al país: lo más devaluado en el país de hoy es la palabra oficial. Sin embargo, más allá de sus conflictos ineludibles con las endebles verdades propias (mintieron en campaña, no pegaron un solo pronóstico), insistieron en tirar la pelota al córner a la hora de asumir las responsabilidades en el desbarajuste. Culpar al mundo y al clima ya lo habían hecho. Ahora pasó a ser palabra gubernamental que el #CuadernoGate se sumó a las causas inesperadas de la desconfianza y la incertidumbre.

Resulta muy curioso, sino gravemente preocupante, que un Gobierno que pretendió hacer del combate a la corrupción una bandera, considere de golpe que analizarla en su mayor extensión constituya una complicación. ¿Será que el estallido de tamaña bolsa de mugre le salpica la ropa al propio Presidente y al Club de la Obra Pública donde aprendió a gatear? ¿Será que Macri quiere marcarle al asunto una “línea de corte” conveniente a los intereses que lo involucran familiarmente? Tal vez, la reciente foto con Paolo Rocca (Techint) en Vaca Muerta debería leerse en esa sinuosa dirección. Los paladines de la verdad sostienen a los cuatro vientos que, bueno, che, hasta la verdad tiene un límite.

Al macrismo le gustan las verdades light. Los eslóganes fáciles, vacíos, supuestamente post ideológicos que suele redactar el “filósofo new age” Alejandro Rozitchner. Hoy, responder a las expectativas, implicaba exponer rectificaciones simbólicas y reales.

En cuanto a las primeras, expresadas en una esperada modificación del gabinete, Macri no cambió nada. Sólo se replegó en sí mismo como un abanico, superponiendo ministros y ministerios que ahora se subordinarán unos a otros.

En cuanto a las medidas concretas, volvieron las retenciones y se reforzarán, de emergencia (tal vez con lo poco que ahorra el “reciclado” ministerial), los programas sociales. Todo lo demás, por ahora, depende de Christine Lagarde.

Las medidas refuerzan el conflicto del Gobierno con sus propios votantes. El campo ha sido un socio clave hasta hoy. Veremos de acá en más, frente a esta especie de “125 mutante”. Y lo más rancio de la clase media macrista deplora que se la obligue a hacer esfuerzos para subsidiar a los pobres.

De todos modos, para la hora de la verdad falta que llegue, en toda su dimensión, el efecto “churchilliano” que parece inspirar a los muchachos del Mauricio-estadista desde que se desató la “tormenta”: sangre, sudor y lágrimas. Claro que no estamos en la Gran Bretaña de posguerra. Esta es la Argentina que tira miles de personas por la ventana cada vez que el dólar aumenta un peso.

 

* Jefe de redacción de NOTICIAS.